En el discurso que dirigió a la Asamblea Legislativa el domingo, Javier Milei se jactó de que durante su gestión “no aumentó el desempleo”. El dato, como muchos otros vertidos esa noche, es inexacto. Pero además su falsedad es fácil de corroborar, porque las propias estadísticas oficiales – a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza trimestralmente el INDEC- registran un aumento de la tasa de desocupación en el tercer trimestre del año pasado (6,6%) respecto del mismo período de 2023 (5,7%). En Catamarca las últimas estadísticas arrojan un desempleo del 4.6%, contra el 3,9% de 2023. Son datos duros que no admiten discusión y que derriban rápidamente la narrativa oficial en relación con presuntas mejoras en el mercado laboral argentino.
Pero si las estadísticas disponibles se analizan con mayor detenimiento, por ejemplo evaluando la calidad del empleo, es posible concluir que el empeoramiento de la situación es más acentuado. Un indicador desarrollado por el Instituto Argentina Grande (IAG), el desempleo encubierto, es útil para constatar cómo gravita la precarización laboral en el escenario laboral argentino.
El desempleo encubierto es un índice ampliado que logra identificar, salvando omisiones de la tasa de desocupación, a quienes buscan más trabajo para sumar ingresos, a quienes han trabajado muy pocas horas la última semana y a quienes trabajaron en una actividad desprotegida y de alta precariedad. A partir de esta metodología de medición, el índice de desempleo ampliado llega al 14%, graficando un fenómeno que es característico de la actual etapa, en la que se han perdido casi 300.000 empleos formales. Muchos de los expulsados del mercado laboral formal se han reconvertido como trabajadores informales o precarizados, por ejemplo en aplicaciones de delivery (Rappi, Pedidos Ya) o de transporte (Uber). Los trabajadores de estas aplicaciones se encuentran en una situación de mucha mayor vulnerabilidad y menos derechos que los empleados formales, con una inserción laboral frágil, inestable y de ingresos insuficientes.
El índice de desempleo ampliado llega al 14%, graficando un fenómeno que es característico de la actual etapa, en la que se han perdido casi 300.000 empleos formales. El índice de desempleo ampliado llega al 14%, graficando un fenómeno que es característico de la actual etapa, en la que se han perdido casi 300.000 empleos formales.
Este índice recientemente construido tiene la virtud de reflejar de un modo más realista el escenario laboral argentino de los últimos años. Las estadísticas oficiales miden desocupación y subocupación, pero no alcanzan a captar la envergadura creciente del fenómeno que representan los trabajadores que buscan más de un empleo por la insuficiencia de sus ingresos o que, trabajando 8 o más horas de trabajo por día, acceden a empleos precarios.
El desempleo ampliado que mide el IAG se nutre en una proporción importante de un segmento de la población que se encuentra en edad avanzada: son mayores de 65 años cuyos paupérrimos haberes previsionales los empujan a buscar empleos de baja calidad que les permitan sumar ingresos.
El combo explosivo de aumento del desempleo y de la precarización laboral solo puede desactivarse a partir de una recuperación económica que propicie el crecimiento de sectores generadores de puestos de trabajo, actualmente deprimidos por una economía a punto de caer en la recesión.