miércoles 1 de abril de 2026
CARA Y CRUZ

Cambios necesarios

La intención de ampliar la Comisión Evaluadora encargada de conformar las ternas de candidatos a puestos en el Poder Judicial pasó inadvertida en el mensaje del gobernador Raúl Jalil a la Asamblea Legislativa. El mandatario no avanzó en detalles sobre la implementación de esta idea, pero es extraño que nadie se haya detenido en este punto del discurso, cuando la Justicia atraviesa momentos tan críticos y la propia Comisión es objeto de cuestionamientos por parte de la oposición desde que quedó desierto el concurso para cubrir el Juzgado Electoral y de Minas.

La Comisión Evaluadora se instituyó por decreto en julio de 2020, en medio de las controversias por la eliminación del Consejo de la Magistratura a través de una sorpresiva operación relámpago que el oficialismo desplegó en la Cámara de Diputados.

Quedó compuesta por cuatro miembros: uno de “la academia”, propuesto por la Universidad Nacional de Catamarca; otro de la Asociación de Magistrados, un tercero del Colegio de Abogados y otro de los abogados del Estado. El objetivo explícito era despojar de influencias facciosas el proceso de selección de jueces y fiscales con el apartamiento de los legisladores, que integraban el Consejo de la Magistratura. Jalil reiteró el domingo que “la Comisión Evaluadora ha logrado sacar a la política de la elección de magistrados”.

“A esta comisión queremos agregarle más representación civil con nuevas organizaciones que puedan sumarse”, dijo.

Lo ocurrido con el concurso para el Juzgado de Electoral y de Minas marcó la necesidad de hacer ajustes en el sistema que reemplazó al Consejo de la Magistratura. El diseño de la Comisión Evaluadora no estableció un procedimiento para el caso de que los concursos quedaran desiertos, de modo que ahora la decisión quedó directamente a criterio del Gobernador.

Esto disparó especulaciones sobre maniobras dirigidas a obtener precisamente la desertificación para permitir la cobertura arbitraria de puesto tan clave. Tales conjeturas, sin embargo, se tornan inverosímiles en cuanto se advierte que el enjuague debería haber contado con la complicidad de las tres miembros del tribunal evaluador, Estela Sacristán, Alejandra Lázzaro y María Alejandra Pericola, convocadas por la UNCA y de impecables antecedentes. Y aún si el trío se hubiera prestado a la matufia, es notorio que ninguno de los concursantes impugnó la evaluación, desierta porque nadie alcanzó el puntaje mínimo requerido.

Un papelón en definitiva. Es de suponer que nadie que aspire nada más y nada menos que a ser juez se dejaría pizarrear el examen sin quejas, por una mera cuestión de amor propio.

El incidente es muy menor, sin embargo, frente a la defección del sistema judicial que dejó en evidencia el caso de las estafas perpetradas por financieras, que no se limita al pobre rol cumplido hasta ahora por el fuero federal.

La Justicia provincial contempló cómo se escalaba el fraude sin hacer nada por impedirlo, siquiera advertir los riesgos que se incubaban en la entrega de dinero a cambio de tasas desmesuradas e insostenibles a través de la Asociación de Magistrados. Cualquiera sea el pretexto que se esgrima para justificar esta pasividad se frustrará ante el resultado incontrastable: la sociedad quedó a expensas de los estafadores.

El hecho de que la presunta participación de Edgar Adhemar Bacchiani en el brutal asesinato de Celia Molina de Martínez nunca fuera investigada a pesar de que un tribunal lo ordenó expresamente se suma a la cadena de las inoperancias. Es inaudito que nadie en el ecosistema judicial recordara al personaje y el negro episodio en el que estuvo involucrado.

La lamentable imagen de la Justicia provinciana quedará inmortalizada en las imágenes de varios de sus más caracterizados miembros participando de un torneo de fútbol en representación del Colegio de Abogados con las camisetas esponsoreadas por Bacchiani.

La Secretaría de Sumarios de la Corte de Justicia dio curso a la denuncia presentada por el arquitecto Fernando Rivera al respecto. Habrá que ver si es capaz de sustraerse a la presión corporativa para comenzar a revertir el desprestigio.n

Seguí leyendo

Te Puede Interesar