martes 29 de noviembre de 2022

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Editorial

Brecha que crece

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La demanda de inmuebles para alquiler, muy superior a la oferta, denota el problema del déficit habitacional en la Argentina. Esta brecha evidente entre demanda y oferta, que crece con el tiempo y que se da en algunos centros urbanos más que en otros pero de todos modos es un problema generalizado, es la que hace trepar artificialmente el precio de los alquileres, dificultando el acceso a la población de menores ingresos, que no tiene ahorros para comprar o construir su propia vivienda y tampoco los recursos para rentar.

La brecha se hace inmensa en la ciudad de Buenos Aires, donde la asociación Inquilinos Agrupados calcula, sin embargo, que hay un número formidable de viviendas vacías: aproximadamente 340.000, que, si se sumaran al mercado de inmuebles para alquilar podrían solucionar el déficit existente. Es una cifra impactante: casi una de cada diez viviendas está sin habitar. En la Ciudad de Buenos Aires, según el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC), se consideran viviendas vacías “aquellos inmuebles de tipo residencial que registran un consumo eléctrico anual inferior al mínimo indispensable considerado para su uso permanente”.

Por esta razón es que la mencionada organización presentó en la Legislatura porteña un proyecto que, si bien de aprobarse sería de aplicación solo en esa ciudad, podría generar un antecedente interesante para otras jurisdicciones. La iniciativa, que ha generado por el momento muchas adhesiones pero también grandes resistencias, propone que las viviendas de la Ciudad de Buenos Aires que permanezcan vacías por más de 90 días consecutivos ingresen “de forma obligatoria” a un sistema de alquiler protegido.

Este sistema, según consta en el proyecto, deberá ser administrado por el Instituto de Vivienda de la Ciudad, que además deberá fijar un precio de renta equivalente al 1% del valor fiscal de la propiedad.

No es el primer intento de intentar dar una solución al problema, aunque ninguno tan extremo como éste. En marzo de este año, desde el gobierno nacional se anunció que se estudiaría la aplicación de un impuesto a la vivienda ociosa. Pero hasta el momento la idea no prosperó.

En Catamarca hay, también, una gran cantidad de viviendas vacías. El fenómeno es muy notable en el casco céntrico y manzanas adyacentes. Y también hay en nuestra provincia una demanda creciente y una oferta insuficiente.

El tema es delicado y no admite decisiones apresuradas. Se requieren ámbitos de debate para adoptar medidas que, si no son del agrado generalizado, al menos tengan un consenso mayoritario. A nivel nacional funciona la mesa de alquileres, que no ha avanzado todavía en medidas de fondo. No hay en Catamarca instancias de diálogo similar, quizás porque el problema no tiene la magnitud que sí adquiere en centros urbanos más grandes. Pero debería la Municipalidad y el Concejo Deliberante pensar en iniciativas que tiendan en reducir la existencia de viviendas abandonadas, ya sea castigando esta práctica o brindando incentivos para su ocupación.

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