viernes 12 de abril de 2024
Cara y Cruz

Biden o Milei

Primero como tragedia, después como farsa. Si en las elecciones de 1946 Juan Domingo Perón aprovechó el respaldo del exembajador norteamericano en la Argentina Spruille Braden a la Unión Democrática para polarizar bajo la consigna “Braden o Perón”, la disertación de Javier Milei en la Conferencia de la Acción Política Conservadora apoyando a su ídolo Donald Trump presta estribo a los democrátas para tratar de generar entusiasmo en la reelección del presidente Joe Biden con la antinomia “Biden o Milei”.

Casi ochenta años después de las intromisiones estadounidenses en la política interna argentina, llega la hora de la revancha nacional, de la mano de Milei.

El país se ha acostumbrado tanto a los despropósitos que a nadie parece llamarle la atención que el Presidente tome partido y comprometa al país en litigio ajenos con tanta liviandad.

¿Qué razón de Estado justifica que la Argentina se enfile con Trump en las elecciones de los Estados Unidos?

La única explicación plausible es la fascinación de colegiala que subyuga a Milei ante figuras como la del expresidente norteamericano, que es objeto de investigaciones judiciales por su participación en la toma del Capitolio de enero de 2021.

Total normalidad. Tampoco inquieta demasiado que Milei hostigue al presidente de Brasil Luis “Lula” da Silva y trate de favorecer a su competidor Jair Bolsonaro, otro de sus estadistas dilectos, también investigado por conspirar para un golpe de Estado e instigar el asalto a la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia en enero de 2023 para tratar de anular la derrota electoral que Lula le había inferido.

La temeridad de complicar a la Argentina en el peligroso conflicto palestino-israelí es otro caso notorio de innecesarias fantochadas, aunque haya quedado casi sepultada en el olvido por los aluviones de desmesuras que la sucedieron, como una más de las excentricidades del personaje.

Milei se complace en difundir por su cuenta de X (ex Twitter) las repercusiones de sus andanzas internacionales con el agregado “fenómeno barrial”, en alusión a quienes lo subestimaban antes de acceder a la Presidencia. Es una concesión hasta simpática a su autoestima, que al parecer requiere para mantenerse a flote de las permanentes reafirmaciones elogiosas que le proporcionan las legiones de fanáticos que lo siguen por las redes.

Se trata de una veleidad inofensiva si se la compara con otras barbaridades que suele postear y repostear, como la del gobernador chubutense Ignacio Torres personificado como un niño y sometido a violación por un grupo de periodistas, celebrada y multiplicada hasta el infinito por sus hordas virtuales.

Que mantener en alto la egolatría del señor Presidente demande este tipo de salvajadas de sus alcahuetes es tan inquietante como la llamativa la indiferencia con que el sistema institucional las consiente.

Esta distorsión se proyecta al plano internacional, donde las predilecciones personales de Milei priman sobre las razones de Estado.

La emoción adolescente del Jefe de Estado al ser reconocido y elogiado por Trump es para la gestión libertaria motivo suficiente para incurrir en un agravio diplomático como el de hacer campaña por un candidato en elecciones de un país extranjero.

Lo mismo pasa con Brasil y lo mismo pasó con la decisión de trasladar la embajada argentina en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, siguiendo la línea trazada por Trump.

La condición de “celebrity” internacional es asumida por Milei como licencia para dictar cátedra. Siente que su liderazgo cobra magnitudes ecuménicas.

Mientras disfruta de esta fugaz fama, el país que gobierna es un aquelarre que él fogonea con sus desvaríos y se degrada en la miseria a la espera de que se cumplan sus pronósticos de prosperidad.

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