domingo 16 de enero de 2022

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Cara y Cruz

Barros quiere ser juez

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4 de diciembre de 2021 - 01:10

La entrega de los diplomas a los electos en noviembre fue el último acto institucional del juez Electoral y de Minas, Guillermo Cerda, quien presentó la renuncia para acogerse a la jubilación en septiembre pero se allanó a continuar en ejercicio hasta la conclusión de los comicios.

Cerda lleva más de cuatro décadas en el Poder Judicial e intervino en 10 elecciones generales como juez Electoral entre 1997 y 2011. Luego, las elecciones locales volvieron a hacerse junto con las nacionales y el Juzgado Federal tuvo mayor injerencia en el diseño y fiscalización de los operativos, aunque el Juzgado de Cerda continuó colaborando hasta el proceso de inscripción de los precandidatos para cargos provinciales.

En esa trayectoria, se cruzó permanentemente con quien viene desplegando intensas gestiones políticas para reemplazarlo: el diputado provincial Augusto Barros, apoderado o procurador perpetuo del Justicialismo local en las contiendas electorales.

Barros es presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja y participó el año pasado del acelerado y polémico procedimiento que amplió a siete el número de miembros de la Corte de Justicia y eliminó el Consejo de la Magistratura como dispositivo para la elaboración de las ternas de candidatos a la magistratura de las que el Poder Ejecutivo selecciona para proponer al acuerdo del Senado.

De tal modo, no puede ignorar que el Consejo de la Magistratura fue suplantado en el circuito por una Comisión Evaluadora de la que fue excluido específicamente el Poder Legislativo, con el propósito teórico de purgar la conformación de la Justicia de elementos facciosos. Este instituto incorporó al sistema de designación de jueces y fiscales a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Catamarca y nunca se escuchó que Barros objetara su desempeño.

Llaman la atención los trámites que el legislador lleva adelante a nivel político, cuando la vía para ser Juez Electoral y de Minas está clara tanto para él como para cualquier profesional del derecho con vocaciones similares: someterse al examen de la Comisión Evaluadora y lograr allí resultados que le permitan integrar la terna que ésta elevará en su momento al criterio del Poder Ejecutivo.

Las tratativas alternativas que intenta, con mucha insistencia, son heterodoxias inconvenientes para cualquiera que pretenda ser juez: su precedente más inmediato serían las maniobras tendientes a eludir o condicionar el proceso de selección establecido y consentido por él mismo como legislador y ciudadano. Es decir: quien aspira a hacer respetar la ley, empieza tratando de torcerla para satisfacer su capricho. Un perfil más bien inquietante.

Para convencer a sus eventuales padrinos en la escalada, Barros esgrime los conocimientos adquiridos en materia electoral en todos los años que ofició como apoderado del PJ. Otra forma de decirlo es que requiere que se le reconozcan los servicios prestados a la causa con un puesto judicial de primera magnitud.

Lo que Barros no considera son los costos políticos que debería pagar el oficialismo para darle con el gusto, no solo tratando de manipular el diseño establecido por el propio Gobierno para designar magistrados en lugar del Consejo de la Magistratura, cuya institucionalización ya le significó onerosas erogaciones en ese sentido, sino también, y sobre todo, por las características de quien se beneficiaría con la maniobra: un sujeto con nulos precedentes en la administración de Justicia, pero sobreabundantes episodios en su historial que lo identifican como militante peronista.

Si se lo pone al frente del Juzgado Electoral, lo más probable es que sea objeto de permanentes planteos de inhibición por parte de las facciones no peronistas, con los consecuentes desgastes sistemáticos.

¿Qué tipo de imparcialidad está en condiciones de garantizar en el terreno electoral?

Lo que alega como mérito para que lo premien es precisamente lo que lo inhabilita. El horno no está para bollos, y sería muy irritante que se lo encumbre. Parece que no quiere entender.n

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