Ayer se puso en marcha, en una etapa preliminar al funcionamiento pleno, que se producirá el 9 de julio, el gasoducto que saldrá desde el yacimiento de Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén, hasta la provincia de Buenos Aires, permitiendo ampliar en los próximos dos años en alrededor de un 25% el abastecimiento local de gas natural.
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Bandera irrenunciable
Se trata de una mega obra, realizada en tiempo récord –menos de un año-, que tendrá un positivo impacto económico para la Argentina. Según las estimaciones, le permitirá al país ahorrar este año 2 mil millones de dólares y un estimado de 4.200 millones de dólares en 2024, pues implicará reducir fuertemente la importación de gas licuado.
El gas es un componente esencial en la configuración de la matriz energética nacional, al punto que representa más del 60 por ciento de la producción y del consumo. Por esta razón es que el año pasado, con el incremento del precio a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania, Argentina sufrió una formidable sangría de divisas que disminuirá sensiblemente este año y mucho más en los posteriores.
La construcción del gasoducto se complementa con la implementación del Plan Gas.Ar, que es un programa de promoción de la producción de gas natural con una fuerte inversión estatal, imprescindible para que tenga el impulso necesario para producir resultados en el corto y mediano plazo. Hasta el año 2028 el plan podría permitir un ahorro de divisas del orden de 19.500 millones de dólares.
El gasoducto que empezará a funcionar es la primera parte del proyecto de extensión de la red de provisión de gas natural. En etapas posteriores, con el aumento progresivo de gas natural y el transporte a través de nuevos gasoductos, se podrá abastecer desde Vaca Muerta al Norte Grande Argentino (NOA y NEA), beneficiándose Catamarca, entre otras provincias.
La iniciativa pretende ir reduciendo gradualmente la importación de gas, sobre todo el que se le compra a Bolivia, a través de contratos que finalizan en 2026, hasta lograr el autoabastecimiento y luego iniciar la exportación hacia otros países, entre ellos fundamentalmente Brasil, que tiene pocas reservas y una inmensa población para abastecer.
La implementación del Plan Gas.Ar es iniciativa del actual gobierno nacional, lo mismo que la construcción del gasoducto Néstor Kirchner. Pero esta última obra se empezó a planificar durante el gobierno de Cambiemos. Por eso, la reconfiguración de la matriz energética de la Argentina, sumando también en un rol central a las energías limpias, debe ser, definitivamente, una política de Estado. Es decir, estratégica y que se mantenga invariable aun cuando vayan cambiando los gobiernos y los signos políticos. El desarrollo nacional y la soberanía energética no pueden quedar atrapados en los enfrentamientos internos que caracterizan a la política argentina, sino que deben trascenderlos y enarbolarse como bandera irrenunciable.