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Colección SADE

"Bajo el bronce", novela de Carlos Gallo

Por Hilda Angélica García

29 de abril de 2026 - 00:45

Hemos elegido la novela «Bajo el bronce», del catamarqueño Carlos Gallo, por la originalidad del tema, su prosa despojada y ágil y la destreza en su construcción.

Desde el título, «Bajo el bronce», se sugiere la ambientación de la obra, pues el bronce es materia de monumentos, estatuas, placas de homenajes, referencia a grandes acontecimientos históricos.

El texto ambientado en la ciudad de Catamarca, muestra dos acontecimientos que movilizaron a esta sociedad provinciana: la instauración de una pirámide en la plaza en 1830 y la instalación del monumento al General San Martín en 1915. La novela expone diversas tragedias como la muerte, el abuso, las privaciones, la vergüenza pública, el sometimiento de las mujeres, la violencia de género e incluso el remordimiento de un asesino.

Se abre el libro con el delineado del contexto histórico que dará marco a la obra. Dice: “El fin de la efigie conmemorativa erigida en 1830 durante la gobernación de Miguel Díaz de la Peña, y el paso de la figura solemne, indiscutida de San Martín como el Padre de la Patria, marcaron una revolución en los corazones de aquellos catamarqueños ávidos de independencia y autonomía”.

Enmarcada en su historicidad entre 1830 y 1915, comienza la primera parte de «Bajo el bronce» integrada por trece capítulos, donde alternan los tiempos y las personas que relatan los hechos. Es así porque la narración se hace en primera persona, pero incluye lo que cuenta el personaje de la abuela en relatos enmarcados.

La estructura narrativa se consolida en la congruencia de dos planos de lectura y de escritura que reflejan un mismo ambiente social. El juego de los niveles cronológicos obliga a situarnos en un espacio que son las calles del centro y plaza de Catamarca y nos invita a incorporarnos en un todo a una historia que registra dos formas de memoración: la de los mayores y, fundamentalmente la del narrador que en primera persona refiere los acontecimientos.

El suspenso se instala desde las primeras páginas cuando las mujeres asumen el protagonismo confabuladas para resguardar sus bienes de los ataques de los malones que arrasaban las pertenencias y posesiones de los habitantes de Catamarca por el año 1830. Alrededor de ese núcleo narrativo se expande una visión de la provincia en diversos aspectos. Dice: “Corrían los agitados días de 1830. Con la provincia aprendiendo a gobernarse por sí misma, las mujeres sintieron la necesidad de hacer algo. Quedaban heridas y maltrechas cada vez que llegaban los malones. Se sentían despojadas (…) Aquella situación persistió hasta que las damas de las familias que más habían sufrido la última invasión de los bárbaros de Facundo Quiroga comenzaron a visitarse. Charla que te charla, pronto hallaron coincidencias en las penurias”.

Éste es el punto de partida para desarrollar una historia tramada en dos tiempos cronológicos, configuración que se hace posible por la presencia de una voluntad constructiva para fundir dos formas diversas de acontecer. Estas dos instancias narrativas están unidas por el tema central: un secreto generado por mujeres, que mantiene la intriga hasta el final.

En cuanto al lenguaje, la obra mantiene un relato no discursivo sino coloquial que fluye acorde a la voz de los hablantes y sus características provincianas. Desfilan personajes diversos como el cura, las mujeres, políticos, variados habitantes de una comunidad de profundos sentimientos religiosos. Una ciudad tranquila, de la que el autor registra en su relato gestos, acciones motivadas, el flujo del vivir en una sociedad aferrada a sus tradiciones, dinamitada por pequeñas historias cotidianas, donde los sucesos amenizan la lectura.

Situaciones y personajes inverosímiles dan color y movimiento a la historia. Tal el caso del vetero Caldomalo contratado para ubicar el tesoro. Dice: “Habrá oído historias de los veteros que haciendo gala de ciertas técnicas adivinatorias, solían marcar con relativa precisión el sitio donde debía excavarse para dar con los metales preciosos (…) se ayudaban con horquetas cortadas de ramas verdes de olivo (…) según creencias (…) estas horquetas comenzaban a temblar ante la presencia de objetos metálicos”.

En la segunda parte de «Bajo el bronce» —compuesta por cuatro capítulos— en una sucesión de episodios se desanudan los motivos temáticos y los enigmas que giran en torno de los personajes. Cada episodio es un nudo que se desata resolviendo situaciones planteadas en la primera parte. Allí los elementos están organizados en función de la trama y ensamblados en función de la intriga que se sostiene a lo largo de la obra.

El autor ha organizado un relato en dos tiempos históricos que ha ficcionalizado y conducido en paralelo manteniendo el suspenso del tema central: el secreto escondido bajo la estatua de San Martín, alrededor del cual se mueve la vida de una comunidad.

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