En el frente político de la discusión por las estafas financieras, la oposición avanza sobre la inconsistencia del oficialismo.
En el frente político de la discusión por las estafas financieras, la oposición avanza sobre la inconsistencia del oficialismo.
La respuesta de la Mesa Provincial de Juntos por el Cambio a las críticas que el gobernador Raúl Jalil les había hecho por respaldar las maniobras especulativas exhiben esta asimetría. Monolítico, el golpe opositor no generó reacciones de características similares, a pesar de que el mandatario había salido personalmente a aventar sospechas sobre presuntas inversiones en las pirámides fraudulentas realizadas con fondos públicos por los intendentes peronistas, plantadas horas antes por diputados del radicalismo a través de un pedido de informes.
El mandatario aparece aislado en la vanguardia de la disputa dialéctica, mientras Juntos por el Cambio encapsula y abriga a quienes prestaron respaldo explícito a la especulación financiera y muy particularmente a Edgar Adhemar Bacchiani.
Los controles y la imposición de Ingresos Brutos a las utilidades obtenidas con criptoactivos fueron cuestionados en agosto pasado por el presidente del congreso de la Coalición Cívica-ARI, Mariano Manzi, para quien la intromisión era producto de “una mirada corta y cerrada en la materia, pensando solo en recaudar, generando regulaciones excesivas que terminan por ahogar a los emprendedores e innovadores”.
Un mes después, ya candidato a diputado provincial, cuando Jalil y su par de La Rioja, Ricardo Quintela, pidieron al Banco Central y a la Comisión Nacional de Valores que fiscalicen la especulación con criptoactivos, opinó: “Ocúpense de sacar del pozo de la pobreza, la falta de oportunidades y de horizontes a nuestras provincias. Parece ser que las actividades que no controlan o monopolizan les quitan el sueño”.
En enero, cuando se informó sobre el pedido del BCRA a la PROCELAC para que investigue a la empresa de Bacchiani por una posible estafa piramidal, el mismo Manzi lo atribuyó a operaciones de Jalil “vaya uno a saber con qué interés, para entorpecer algunas actividades comerciales en la ciudad”.
Ninguna de estas manifestaciones fue desacreditada nunca por la Coalición Cívica-ARI que preside el diputado nacional Rubén Manzi, padre de Mariano, lo cual no impide que el partido suscriba ahora un documento tendiente a responsabilizar al Gobierno de las hazañas del “Trader God” que antes encarnaba a los “emprendedores e innovadores” asfixiados por la angurria fiscal, y dirigir hacia allí la rabia de los estafados.
También adscribe al pronunciamiento el PRO, que presidía el diputado Enrique Cesarini y ahora el ex diputado Carlos Molina, a pesar de que dos representantes de ese partido, Natalia Saseta y Diego Martín Figueroa, presentaron en noviembre del año pasado un proyecto para que la Cámara de Diputados condecore a Bacchiani. Mienten ellos y quienes dicen que en realidad la iniciativa buscaba promover la “educación financiera”. Su artículo 2 reza textualmente: “Otórguese al Sr. Edgar Adhemar Bacchiani un diploma de reconocimiento y una copia del presente instrumento. Alentando a seguir propiciando el conocimiento de este incipiente mundo de las finanzas digitales y descentralizadas”.
Estos precedentes marcan la principal virtud de la estrategia discursiva de la Mesa de Juntos por el Cambio, que es la audacia: no temen que les enrostren sus contradicciones. No deja de ser reconfortante, pues saca el debate del ámbito clandestino en la que venía dándose, a través de videos, audios, capturas de pantalla y memes de coraje directamente proporcional al anonimato desde el que se disparan. Ayer, para no ir tan lejos, circuló uno muy interesante en el que un encumbrado y locuaz diputado radical daba cuenta de sus relaciones con una financiera bajo investigación y sus esperanzas de “tener suerte” en las reestructuraciones de deuda.
Dadas las extensas y enmarañadas ramificaciones de la estafa, es probable que la reticencia oficialista a dar pelea obedezca a que tiene más gente de la que le convendría comprometida en la trama. Sin embargo, al margen de responsabilidades personales, no hay un solo registro de apoyo institucional a las matufias como los del “Lilito” Manzi hijo o los macristas Saseta y Figueroa, consentidos por sus partidos y por la propia UCR.n