Hace unos años escribí una nota premonitoria: Antofagasta y la maldición del litio (diario El Ancasti del 29.08.19), que recomiendo leer.
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ANTOFAGASTA Y LA MALDICIÓN DEL LITIO
Negro Aroca
Artivista catamarcano
Pasaron 7 años y todo se cumplió -por desgracia- puntillosamente al pie de la letra. Lo grave de esta cuestión es que nuestros dirigentes (comandante en jefe, ministros, cenadores, disputados, etc.) tenían conocimiento cabal de lo que fue, de lo que es y de lo que vendrá.
Esta historia continúa sin prisa, pero sin pausa. En 50 años no aprendimos absolutamente nada; seguimos tropezando con la misma piedra y me hace recordar de una reflexión elemental pero certera de mi agüelo: la minería m´hijo, es un negocio de piratas… Sabiduría popular de la gente del campo y así está ocurriendo.
La megaminería armó su cabecera de playa en nuestra puna, luego creó bunkers en otros departamentos y de nuevo su base principal está en nuestra puna, buscando las sales que después se transformen en litio, el que es vendido en el mercado internacional a muy buenos precios sin ver los daños ambientales producidos -pasivos que se dejan para las generaciones venideras- y dejando “un vueltito” en concepto de regalías.
Todo ello detrás de una escenografía que se traduce en entrega de dádivas (algunas vergonzosas, como material de descarte de las explotaciones), compra de conciencias, unas computadoras, el arreglo de un hospital, promesas de desarrollo, trabajo (temporal of course) y la mar en coche. Versos entusiastamente recitados, como dije antes, desde hace unos 50 añitos.
Resulta ser que ahora se suma una nueva explotación: Kachi, operado por la empresa australiana Lake Resources a través de su subsidiaria local, Morena del Valle Minerals S.A.(¡eso es marketing estratégico!) una megaminera que estima sacar unas 50.000 t anuales de carbonato de litio con una pureza de un 99,5% y una vida útil de más de 25 años. La propiedad concedida para la explotación comprende unos 700 km2 de arrendamientos y solicitudes de arrendamiento sobre una cuenca de salmuera de 20 km de largo, 15 km de ancho y de 400 a 800 m de profundidad en el centro del yacimiento. Está ubicada en los alrededores del volcán Carachipampa (3.500 m s.n.m.), a unos 15 km de El Peñón, a 8 km de la RP 43 y a los pies del Campo de Piedra Pómez. A nadie le importó que se trate de un Área Natural Protegida, frágil, con escasa capacidad de carga y uno de los atractivos naturales, geológicos y turísticos mundiales más imponentes de nuestra provincia.
Se escucharon anuncios atroces de varias autoridades, como el Ceo del Ministerio de Minería, cuando dijo que el objetivo es dinamizar la economía, ¡fomentar el control del ambiente y generar espacios de turismo minero!
Algún día entenderá que el turismo es incompatible con este tipo de minería.
Autoridades provinciales y CEOs (Chief Executive Officer, pa’ que entiendan los catamarcanos) de la empresa minera llevaron a cabo reuniones y asambleas públicas con los pobladores de Antofagasta de la Sierra (“dueños del área”), informando sobre los beneficios de dar luz verde al proyecto Kachi o Cachi (significa sal en una de nuestras lenguas madres).
Un buen día apareció en la asamblea (como peludo de regalo, diría mi agüelo, viejo sabio) la cenadora del Belén de Catamarca, Soledad Blas (Unión por la Patria/Frente de Todos) pidiendo participación y reclamando que los “beneficios” que recibirán los antofagasteños sean también repartidos al N de Belén (Laguna Blanca y Villavil).
Ante la sorpresa del lord mayor de Antofagasta, don Cusipuma (voz quechua compuesta que traducida al catamarcano básico quiere decir puma alegre o feliz), desplegó los argumentos que fundamentan su petición en el sentido que Laguna Blanca y Villavil comparten con Antofagasta la ecología, flora, fauna, cordones montañosos, etc. Lo cual es cierto, pues todas esas localidades, geográfica y ecológicamente pertenecen a la región Puna, lo mismo la RP 43 y están muy cerca… Hasta que dijo lo que no tenía que decir: que el movimiento de la empresa puede producir alteraciones y descontrol de los ecosistemas, especialmente a la Laguna Blanca, zona declarada patrimonio de la humanidad y reserva ecológica. En otras palabras, hablaba del impacto ambiental negativo que esa explotación minera producirá en la zona de influencia directa o zona de impacto directo.
Se le escapó la tortuga y, siguiendo con la fauna, al mejor cazador se le escapa la liebre, lo que significa que cualquiera puede cometer un error o un descuido.
El Puma feliz en pie de guerra.
Y empezó nomas la guerra entre antofagasteños y belichos.
La maldición del litio sigue vigente.