viernes 25 de noviembre de 2022

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Editorial

Antes víctima que victimaria

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En la reconstrucción del hecho que se realizó durante el juicio oral y público contra una mujer oriunda de Ushuaia, acusada de matar a su pareja, quedó en evidencia que ella era víctima de violencia de género, abusos, amenazas, restricciones de la libertad y malos tratos por parte del hombre que vivía con ella. A esa conclusión se debería haber llegado si se hubiesen atendido los testimonios de la acusada pero también de testigos. Sin embargo, al momento de la sentencia, los jueces no consideraron ese contexto y la condenaron a la pena de prisión perpetua. Además de la ausencia total de perspectiva de género en el fallo judicial, otro hecho llamativo es que los tres jueces varones fueron muchos más duros que el fiscal, que había pedido ocho años de prisión, el mínimo contemplado para el caso de homicidio. Pareció más un ensañamiento que una sentencia basada en el hecho concreto que se debía juzgar.

La justicia con perspectiva de género, como ya se ha dicho en reiteradas oportunidades en esta misma columna, no es una justicia especial, conformada para casos especiales y con normas especiales y de aplicación específica. La justicia con perspectiva de género es aquella que puede actuar y decidir sin ajustarse a estereotipos ni prejuicios basados en rasgos culturales fuertemente arraigados en sociedades patriarcales. Contempla el contexto en el que se desarrollan los hechos que se someten a investigación, determinando causas o atenuantes en función de las condiciones de vulnerabilidad de la persona a la que se acusa.

En el caso de la mujer condenada en Ushuaia, Gina Eliana Cárdenas, los hechos narrados la colocan en un lugar de víctima permanente de su pareja, Alejandro Báez. El hombre la controlaba, la celaba en exceso, le impedía comunicarse con otras personas, la golpeaba, le impedía el contacto con su hija pequeña, que vivía con la abuela, y le retenía el dinero, entre otros comportamientos abusivos. El día en que Gina lo mató, Báez intentó obligarla a que bebiera alcohol y luego empezó a acosarla porque sonó un mensaje en su celular. Cansada de los malos tratos, la mujer, que estaba embarazada, intentó irse de la casa, pero el hombre se lo impidió por la fuerza, tomándola del cuello. En ese momento ella tomó un cuchillo para defenderse y lo apuñaló, provocándole heridas que le causaron la muerte. La versión fue acreditada por los vecinos, quienes confirmaron que ella le pedía a su agresor que se fuera y él se negaba a abrirle la puerta.

El fallo será apelado y es muy probable que se revise. Hubo ya algunos antecedentes en el país de esta índole. Pero más allá de que finalmente la mujer no sea condenada concluyéndose que fue en defensa propia, o al menos se rebaje la condena porque la violencia que sufrió funcione como atenuante, lo que se espera de la Justicia es que aplique la perspectiva de género, no como una concesión a la presión social, sino con la convicción de que, de ese modo, los fallos son más justos porque se coloca a la victimaria también en el lugar que ocupó primero: el de víctima.

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