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GARAMOND 11

¿Alguien escucha?

Por Juan Francisco Uriarte

14 de marzo de 2025 - 00:00

¿Hola, hola? ¿Alguien escucha? La serie de artículos que comienza con este texto será mi anteúltima transmisión desde el planeta de los monstruos. De aquí en adelante intentaré no volver a sumergirme nunca más en el mar de mierda de la literatura. En adelante escribiré poemas con humildad y trabajaré para no morirme de hambre, regresar a India y no intentaré publicar.

Siento que escribo hablándole a una habitación pequeñita (paredes de madera y poca luz) en la que tres o cuatro personas sostienen sus pantallas e intentan seguir el hilo de este texto entre llamados del cerebro hacia estímulos distintos.

Aguanten, cerebras, esta vez perseguiré lo breve.

Ahora que leen aquí quisiera hablarles (a lo largo de esta serie de artículos) de leer fuera de aquí. Ahí, fuera de esta pantalla. A través de los ojos, sí, pero lejos de toda iridiscencia, en ese otro dispositivo tecnológico conocido como libro, ese gadget offline que funciona sin que se le acaben la batería ni los datos.

¿Importa si el presente apabulla y el futuro solo asusta como distracción constante?

Importa, en todo caso, que de los buenos hábitos que ya están quedando viejitos (vetustos) rescatemos algunos, y la invitación a lectura de nuevos y antiguos libros será el gran pilar/idea que acompañará cada uno de estos textos que intentaré para esta columna.

Entre las personas que abrimos, guardamos, copiamos y movimos miles de archivos de Word por nuestras diversas tareas alrededor de la escritura, solemos tener una preferencia tipográfica más o menos fija que intentamos usar cada vez que trabajamos mucho tiempo con textos en la computadora. En mi caso, la Garamond tamaño 11 (la “Garamond 11”) es la tipografía que elegí en los primeros dos miles, cuando en una vieja redacción de diario (de papel) me dediqué a imprimir incontables artículos, entrevistas, cuentos, poemarios y novelas enteras, y la particular condición de legibilidad en tamaño pequeño de esas letras creadas por el francés Claude Garamond hace más de cuatro siglos era sencillamente la mejor que encontré en ese programa que aún (actualizado) uso para escribir esto antes de mandarlo vía mail al editor que lo publicará después de acomodarlo (esperemos que) concienzudamente.

Esto, por el momento, podría ser el primer paso para intentar reencontrarnos con ese universo presente en cada libro impreso, en ese testimonio de un saber ancestral que se está transformando vertiginosamente por estas horas, y que podría ayudarnos a atravesar mejor la creciente confusión con que el planeta está deviniendo.

Para leer les escribiré entonces, muy pronto de nuevo. La siguiente vez será sobre una escritora argentina que ya descolló con un libro de cuentos fantásticos, y que luego de escribir en otros registros este año volvió al género nodriza de nuestro país con un volumen 208 páginas que se anuncia como “imperdible”. Veremos si el adjetivo le cabe.

Esto fue Garamond 11. Hasta la próxima, lectores.

Por comentarios, críticas o sugerencias de lecturas venideras:

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