lunes 27 de junio de 2022

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Editorial

Acoso y abuso en la política

El caso Alperovich ha logrado devolver a la superficie del debate público el tema del acoso sexual...

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
23 de abril de 2022 - 01:10

El caso Alperovich ha logrado devolver a la superficie del debate público el tema del acoso sexual en ámbitos políticos, que suele escamotearse tal vez por la importancia y el poder que suelen tener los presuntos victimarios. José Alperovich, exgobernador de Tucumán y exsenador nacional por esa provincia, está acusado de abusar de su sobrina, que trabajaba con él como asesora.

Más allá de la resonancia de este caso, los hechos de acoso en política, e incluso de abuso, han sido históricamente muy frecuentes. Lo que ha cambiado es que antes las víctimas no se animaban a denunciar este tipo de situaciones, no solamente por las escasísimas posibilidades de que algún sumario interno o investigación judicial pudiese prosperar, sino también, y fundamentalmente, porque las pocas mujeres que lo hacían eran sometidas al escarnio público.

Durante mucho tiempo se ha juzgado a mujeres que accedían a cargos en el Estado porque presuntamente lo hacían por aceptar relaciones íntimas con algún funcionario o dirigente, pero rara vez las criticas recaían en quienes acosaban, abusándose de su poder, a sus empleadas.

El avance en la conciencia social en la materia en otros ámbitos -un me too generalizado que ha logrado que el acoso y el abuso deje de estar invisibilizado- permite que las víctimas se atrevan a relatar el infierno que viven.

Un estudio realizado en la Argentina ha logrado cuantificar la magnitud de esta práctica. Según la segunda encuesta nacional Argentina sobre violencia machista y desigualdades de género en el ámbito de la política y el sindicalismo, una de cada tres mujeres, lesbianas, trans y travestis estuvo expuesta a contacto físico no deseado por un colega o jefe. El trabajo fue realizado por el Observatorio Julieta Lanteri, la Fundación Friedrich Ebert y Fundeco, y se basa en 970 testimonios reunidos en distintos puntos del país.

La investigación corrobora que al menos una de cada cinco mujeres con actuación en política fue “chantajeada sexualmente para conseguir un recurso, un ascenso, una candidatura, un cargo u otro puesto similar, y una de cada cuatro sintió miedo de ser abusada sexualmente, al menos una vez en su carrera”. Un número que asusta es que el 6 por ciento de las mujeres abusadas dijo haber sufrido violación.

El informe señala que la violencia machista en la política "es un fenómeno persistente y transversal a todos los espacios" y que constituye "una barrera para la plena participación en igualdad de condiciones. Como muestran los datos de nuestra investigación, las diferentes manifestaciones de violencia machista son una cristalización de la cultura patriarcal en el ámbito de la política”.

El lento, pero persistente cambio cultural que se va gestando en el país y que se manifiesta en la no tolerancia de este tipo de actitudes, que antes se evaluaban livianamente y castigando casi siempre a las víctimas, debe incluir también el castigo de los que incurren en prácticas de acoso, y mucho más de abuso. Y deberán ser las propias organizaciones políticas o gremiales las responsables de que esas penalidades se cumplan efectivamente, como una manera de evitar, además, que se repitan.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar