miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

Acoso con tremendo desenlace

Lógica conmoción ha causado la decisión de dos gemelas argentinas de arrojarse...

Lógica conmoción ha causado la decisión de dos gemelas argentinas de arrojarse de un tercer piso de un edificio en Sallent, en las afueras de Barcelona. Una de ellas murió y la otra se encuentra en grave estado. De las cartas que dejaron antes de arrojarse se desprende, según lo admitieron los propios investigadores del caso, que uno de los motivos fue el acoso que sufrían ambas por ser argentinas y una de ellas por su identidad de género. Es decir, sufrían de bullying por motivos de xenofobia o transfobia.

Fueron víctimas de la intolerancia y la discriminación en forma de burlas reiteradas en la escuela a la que concurrían. La tremenda gravedad del desenlace corrobora que el bullying escolar no debe subestimarse, o considerarse “cosas de chicos”.

Europa está inmersa en una ola de xenofobia muy peligrosa. Y no solamente se manifiesta en la persecución a inmigrantes ilegales, sino también en el desprecio a personas que provienen de otros países aunque tengan todos los papeles en regla. Es un contrasentido esta postura, considerando que millones de europeos fueron acogidos en países de otros continentes cuando huyeron del hambre o de las guerras en el siglo XX.

Respecto de la transfobia, los discursos de odio suelen enfocarse en personas que han decidido asumir el género con el cual se perciben, que no coincide con el biológico. Sucede en muchos países y también en España, que casualmente acaba de sancionar su propia Ley de Identidad de Género (en Argentina está vigente desde 2012). La norma aprobada este mes en ese país europeo fue impulsada por el Ministerio de Igualdad y contempla la despatologización de las personas trans al permitir el cambio de género (del biológico al autopercibido) en el Registro Civil a partir de los 16 años solo con la voluntad libremente expresada, sin necesidad de la hormonación u operación ni de un informe médico y psicológico que acrediten disforia de género. Los menores de entre 16 y 14 años podrán hacerlo también, pero siempre y cuando estén acompañados por sus representantes legales. Los menores de entre 12 y 14 años necesitan autorización judicial. La ley contempla también otros derechos de las minorías sexuales.

A pesar de la vigencia de esta ley, la conciencia social no siempre acompaña estas virtuosas ampliaciones de derechos. Lo prueba el acoso que sufrió una de las gemelas, según el contenido de las cartas y la versión de familiares difundidas en los últimos días. Del mismo modo, la conciencia sobre la necesidad de tratar amablemente al extranjero, respetándolo en su dignidad humana, a veces parece muy frágil, deteriorando el tejido social y la convivencia democrática.

Ambos tipos de discriminaciones ocurren en España pero también en Argentina. Y ha llegado la hora de que dejen de ocurrir. Tal vez la tragedia de las gemelas argentinas en Barcelona sea un disparador para reflexionar sobre el tema.

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