Afianzado. La reforma laboral y la baja de la edad de imputabilidad fortalecen el liderazgo de Milei.
Con la media sanción de la reforma laboral y la baja de la edad de imputabilidad, Javier Milei empieza a despejar las dudas sobre las condiciones para la gobernabilidad que era capaz de edificar en el terreno donde con mayor fuerza se habían manifestado hasta las elecciones del año pasado.
Si hasta octubre la imagen que proyectaba la Argentina era la de un Gobierno asediado en el Congreso por un conglomerado opositor en condiciones de ponerlo al borde del abismo pese a su fragmentación, los éxitos parlamentarios obtenidos por el oficialismo en menos de tres meses operan en el sentido inverso, como una demostración de musculatura y pericia para gestionar la política y desplegar su programa a pesar de su inferioridad numérica.
Que la narrativa libertaria, tan afecta a la grandilocuencia y el tremendismo, todavía no le haya asignado a las sesiones del miércoles y el jueves pasado un carácter épico se explica porque será seguramente Milei, profeta exclusivo y excluyente del credo, quien categorice el período cuando abra las sesiones ordinarias el 1º de marzo.
La intención es completar el trámite de ambas leyes y lograr un triunfo perfecto sobre el “nido de ratas” antes de esa fecha, pero de cualquier forma el avance es notorio. La anemia legislativa congénita se atenuó con los resultados del medio término y ahora deja de ser una amenaza, tras el traumático y agitado 2025 abierto con el Caso LIBRA.
El kirchnerismo languidece y está cada vez más aislado, embarbascado en las rencillas entre La Campora y Axel Kicillof en la Provincia de Buenos Aires. Las posibilidades de que se articule una alternativa opositora competitiva para 2027 parecen muy remotas, pero ya se sabe: no es conveniente contar los cabritos antes de la parición. Aparte, la estabilidad macroeconómica supone severos inconvenientes en la micro y eso nunca es inocuo.
Tras un 2025 traumático, Milei obtuvo dos triunfos rotundos en el espacio que mayores dudas alimentaba sobre la gobernabilidad. Tras un 2025 traumático, Milei obtuvo dos triunfos rotundos en el espacio que mayores dudas alimentaba sobre la gobernabilidad.
Milei quiere aprovechar el impulso de la reforma laboral y la baja de la edad de imputabilidad, a las que se suma la aprobación del acuerdo Mercosur-Unión Europea, para seguir afianzando la domesticación legislativa saturando la agenda. Las elecciones le permitieron recuperar la iniciativa política frente a un arco de antagonistas diezmado y su prioridad es no volver a perderla.
El paso siguiente es el tratamiento y aprobación de la reforma de la ley de Glaciares, que extenderá prerrogativas de los gobernadores en materia ambiental, pero el naipe más audaz es un nuevo proyecto de Financiamiento Universitario que el secretario de Educación, Carlos Torrendell, y el subsecretario de Política Universitaria, Alejandro Álvarez, ya están tratando de consensuar con rectores del Consejo Universitario.
Es una arremetida con sabor a revancha para Milei. El rechazo en el Congreso de su veto a la Ley de Financiamiento Universitario fue uno de los golpes más duros que recibió el año pasado. Las tribus opositoras consiguieron una mayoría transversal que lo dejó expuesto y sin capacidad de reacción, forzándolo a una negociación defensiva que desgastó su imagen de intransigencia fiscal. La ley está vigente, pero no se aplica con pretextos presupuestarios. Una nueva norma despejaría ese frente.
La administración libertaria también tiene en carpeta, aunque con menos urgencia, un proyecto de reforma electoral. Además de la eliminación de las PASO, buscaría facilitar el voto hacia una misma escudería electoral de todas las categorías, incluidas las provinciales y municipales en caso de elecciones conjuntas. Es para que el candidato presidencial traccione a todos. O los sepulte, depende del candidato.
El caso es que el Gobierno ha pasado de maniobrar para que el Congreso no le voltee los DNU o rechace sus vetos a imponer la agenda. Con adaptaciones como las concesiones a sindicalistas y gobernadores en la reforma laboral si es preciso, pero domina la escena.