sábado 21 de marzo de 2026
Tres hechos en el interior catamarqueño

Abuso sexual en la infancia: padres-abuelos abusadores condenados

Fueron penados a más de 15 años de prisión. Sus hijas, con quienes tuvieron hijos, sufrieron graves secuelas físicas y psicológicas, entre ellas el abandono familiar.

Tres historias y cuatro víctimas marcadas por la violencia sexual. Sus agresores, sus propios padres, debían protegerlas pero se aprovecharon de la situación y las sometieron. Los ultrajes se repitieron durante años. Las víctimas concibieron embarazos, consecuencia de los abusos. Denunciar no fue fácil y, en ocasiones, debieron hacer frente a la indiferencia familiar.

Los abusadores se valieron de su rol de padre para someter, ultrajar y causar daños. Aprovecharon su poder y lo inhóspito de su lugar de residencia, en el interior profundo, donde las posibilidades para denunciar se menguan a cada kilómetro. También se valieron de la indiferencia y de la complicidad de terceros para asegurarse la impunidad y continuar perpetuando los abusos.

Ya en el banquillo de los acusados, tal vez con la idea de mermar algo la condena, confesaron. Admitieron su responsabilidad y pidieron perdón “a la familia y a la sociedad”.

“Eva”

En marzo de 2014, la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación, condenó a un hombre de 69 años, por entonces, a la pena de 16 años.

Había abusado durante años de una de sus hijas, desde que ella era adolescente. En agosto de 2011 pudo romper el silencio y denunciar a su propio padre. Como consecuencia de los reiterados ultrajes, tuvo siete hijos. Desde los 14 años hasta los 27, transitó por un camino de crueldad y de dolor. Nada fue fácil para ella. La denuncia contra su propio padre no fue bien vista por el resto de su familia.

“No tengo casa, no tengo trabajo, no tengo nada. Yo estuve para que él les dé de comer a mis hijos, él maneja mi salario. Si hoy puedo seguir viviendo es por mis hijos”, había expresado “Eva”, luego de conocerse el veredicto.

Al momento de la condena, la joven madre vivía de la asignación universal por hijo y trabajaba por horas, limpiando en casas de familia. Dado lo precario de su situación, dejaba a sus hijos más pequeños en Casa Cuna mientras trabajaba.

“Ana” y “Clara”

En noviembre de 2015, quizá “Ana” y “Clara” pudieron encontrar algo de alivio. La Cámara de Sentencia en lo Criminal de Tercera Nominación condenó al padre de ambas a 24 años de prisión, tras haber sido declarado culpable por abusos continuados. Debieron pasar 20 años para que haya un freno a tanta violencia. Cuando fueron adultas pudieron denunciar.

En 1995, “Ana” tenía siete años cuando su papá comenzó a abusar de ella. Él era violento y la amenazaba con matar a su madre. En 2002 quedó embarazada. Los maltratos fueron peores, presuntamente con la idea de provocarle un aborto. El parto se adelanta y su padre la golpea aún más para acelerar el parto. El bebé nació pero falleció a los pocos días.

El tiempo transcurría como los ultrajes. El abusador logró la amistad de un agente sanitario, quien lo proveía con medicamentos abortivos y antibióticos. “Ana” fue sometida a seis abortos. Hubo un séptimo aborto terriblemente cruel. Hubo dos embarazos más que llegaron a término pero solo uno de ellos llegó con vida. Nació en 2008.

En 2004, “Clara” era una niña de 11 años. Mientras “Ana” estaba internada tras uno de los embarazos generados por los abusos, su padre ultrajó a “Clara”. Los abusos contra ella los cometía entre tres y cuatro veces por semana. La niña callaba porque su padre le decía que era "cómplice” de lo que le pasó a su hermana y que le pasaría lo mismo que “Ana”. “Clara” tuvo dos hijos pero solamente uno sobrevivió al parto. En 2009, la madre de las jóvenes, quien también era víctima de violencia, supo la verdad. Se fue con sus dos hijas y sus nietos lejos del paraje. Recién en 2014 pudieron radicar la denuncia. Las pruebas de ADN fueron contundentes.

“Soledad”

El pasado 16 de junio, el juez Miguel Lozano Gilyam condenó a un padre a 17 años de prisión. Era sólo una niña cuando fue abusada por primera vez. Luego, los ultrajes continuaron. Durante la mayor parte de su vida sufrió abusos. Debieron pasar casi 25 años para que pudiera romper el silencio y denunciar, para poner un freno a su sufrimiento. “Soledad” tenía 11 años cuando fue abusada por primera vez por su padre. Junto con su familia, vivía en el interior profundo, en un paraje, con algunas casas; en esos lugares donde todos se conocen.

“En este caso, el imputado, valiéndose de su condición de padre de la víctima y aprovechando su situación de vulnerabilidad, entre 1997 y 2016, de manera continuada, la accedió contra su voluntad y mediando violencia”, indicó el magistrado. A la vez, indicó cómo era el lugar donde sucedieron los ultrajes: en el interior profundo, en una zona inhóspita. Estas circunstancias, “facilitaron la concreción de los abusos, como así también, favorecieron al imputado para mantenerse ‘impune’ durante tanto tiempo. Fue sometida desde la niñez a violencia y a amenazas de muerte. Tampoco contó con apoyo o contención familiar de parte de su madre y hermana, generando sentimientos de inseguridad emocional que la ubica en una situación de mayor vulnerabilidad”, precisó.

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