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Veredicto por "Homicidio"

Absuelta: "Siento paz y alivio porque sé que mi hija va a descansar en paz"

El Tribunal absolvió a la madre de la beba fallecida y condenó a prisión perpetua a Juan Antonio Olivera, el padre.

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20 de mayo de 2022 - 01:05

“Por unanimidad, el Tribunal resuelve absolver a la acusada como coautora del delito de homicidio agravado por el vínculo por el que venía incriminada”, informó Carlos Robledo, mientras leía el veredicto emitido por la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Tercera Nominación. La mujer debía responder por el delito de “homicidio agravado por el vínculo”. Distinta suerte tuvo el coimputado Juan Antonio Olivera, quien fue hallado culpable. A la vez, se ordenó la inmediata detención y traslado al Servicio Penitenciario Provincial, en Miraflores.

Momentos previos, ambos acusados tuvieron la oportunidad de expresar una última palabra. “Desde hace tres años y un mes estoy privada de la libertad injustamente. Nunca actué en contra de mi hija ni tampoco soy capaz. Tampoco me di cuenta de que vivía con un asesino. No solo corría riesgo mi hija en la casa, también (corría riesgo) mi otro hijo. Jamás podría actuar en contra de nadie ni de mí misma”, expresó la mujer. “Pido justicia por mi hija. Yo no la maté”, dijo Olivera a su turno.

Luego, el Tribunal, conformado por los jueces Jorge Palacios, Marcelo Soria y Patricia Olmi, pasó a un cuarto intermedio para deliberar. Alrededor de las 11.20 se hizo lectura del veredicto. Olivera, condenado y la madre de la beba, absuelta.

“Esperaba este veredicto. Siento paz y alivio porque sé que mi hija va a descansar en paz, después de tres años y que estoy viviendo algo injusto. Me mantuve tranquila porque siempre estuve consciente de que nunca actué en contra de mi propia hija. Ahora puedo tener paz y sé que mi hija y mi familia también”, comentó.

La mujer había estado privada de la libertad desde el fallecimiento de la beba en abril de 2019 en La Rioja. Hace dos semanas, por resolución de la Corte de Justicia de Catamarca, ella y el imputado Olivera habían recuperado la libertad, al vencerse los plazos de prisión preventiva. “Me dieron la prisión domiciliaria pero para mí era muy difícil hacer entender a mi hijo que no podía acompañarlo a ningún lado. Ahora seguiremos con asistencia psicológica para él porque me sigue preguntando por su hermana. Por fin se termina esta tortura”, manifestó.

El debate por la muerte de la niña se inició la semana pasada. El Tribunal estuvo integrado por los jueces Jorge Palacios, Marcelo Soria y Patricia Olmi. El Ministerio Público Fiscal fue representado por el fiscal Miguel Mauvecín. La mujer fue asistida por el abogado particular Julián Quintar y Olivera fue asesorado por la defensora penal oficial de Segunda Nominación Florencia González Pinto.

Declaraciones

En la primera audiencia, la madre había declarado. “Estoy dispuesta a ayudar para que se sepa la verdad”, aseveró. Sobre el fatídico acontecimiento, recordó que el 22 de abril de 2019 había salido de su casa con su hermana y un perro la mordió en una pierna. Ante esta situación, fue al Hospital San Juan Bautista de Tinogasta. Allí le hicieron las curaciones pertinentes, le dieron una inyección y le indicaron antibióticos. Al regresar a su casa, Olivera, su pareja, le dijo que la beba se había ahogado con la leche. Ella la tomó en brazos. “Estaba desvanecida y muy fría”, dijo con voz quebrada.

Pidió a su hermana que la llevara con su bebé al Hospital. “No reaccionaba. Un médico me dijo que sacó un líquido verde. Olivera dijo que la leche se pudo mezclar con yerba”, contó, sin entender bien la explicación que su pareja le había dado. Luego, la beba fue derivada y en La Rioja Capital fue asistida en el Hospital de la Madre y el Niño.

“Me explicaban en términos médicos; no entendía. La bebé falleció el 25 de abril y le hacen la autopsia. Una psicóloga me dijo ‘tu hija no se ahogó; te la mataron a golpes’”, recordó la madre acusada.

“Él tomaba y decía que la bebé no era hija de él. Me amenazaba con que me iba a matar a mí, a mi hijo –que no es hijo de Olivera-, a la bebé y que se iba a matar. Me decía que se iba a llevar a su hija y que no la iba a ver más. No entendía hasta que pasó lo que pasó. En el penal entendí que me iba matando a mi hija. Su familia decía que no era su hija. Todo el tiempo creía que mi hija se había ahogado con la leche”, relató.

El fiscal de Cámara había mantenido la imputación para ambos acusados. A la vez, advirtió que para este delito la pena es absoluta, por lo que se puede merituar un tope. Como consecuencia, pidió la única pena prevista, prisión perpetua, el máximo castigo.

A su turno, el defensor Quintar se opuso al planteo del fiscal de Cámara. “La madre no estaba en la casa. La niña estaba al cuidado del padre. No estaba (la madre) al momento de la agresión, del terrible acto violento. La niña venía siendo golpeada y no se daba cuenta. Su concubino la estafó y le mató a su hija. Terrible golpiza le dio Olivera”, destacó.

Antecedente judicial: el recuerdo de “Panchito”

La próxima semana se cumplen cinco años de un terrible infanticidio ocurrido en Saujil, Pomán. “Panchito”, un niño de tres años, fue brutalmente asesinado. Por este hecho, Wilson Alexis “Huevito” García fue condenado por la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Tercera Nominación a la pena de 18 años de prisión, luego de haberlo encontrado culpable por el delito de “homicidio simple”.

El 27 de mayo de 2017, “Panchito”, hijo de su pareja, había quedado al cuidado de “Huevito” García. La mamá de “Panchito” había salido a hacer las compras. Cerca del mediodía, el padrastro llegó al Hospital Zonal con el niño en brazos. El pequeño estaba desnudo, envuelto en un toallón mojado. “Huevito” dijo, en una versión, que se había ahogado con mate cocido con pan. “Panchito” había llegado sin vida.

Tras la terrible noticia, se comenzó con la investigación. García, el primer sospechoso, permaneció prófugo por unas horas. Al día siguiente fue encontrado en El Pajonal, una pequeña localidad ubicada a 25 kilómetros de Saujil. La autopsia y el testimonio de vecinos y familiares advirtieron que “Panchito” vivió en un entorno marcado por la violencia.

Según las pericias médicas, el padrastro le dio al niño un golpe o realizó un movimiento brusco que lo sacudió. Luego lo introdujo en un recipiente con agua fría y “Panchito” gritó “chuy, chuy, chuy”. “Momentos después le ocasiona la muerte por shock hipovolémico”, precisaron.

Última palabra

“No sé por qué estoy acá; soy inocente. No tengo nada que ver en todo esto. Lo llevé al hospital. La madre no cuidaba a los chicos; tenía denuncias. Salía a los bailes y dejaba a los chicos encerrados”, expresó “Huevito” García en su última palabra, momentos previos a que los jueces deliberaran la condena. Fue condenado a 18 años de prisión.

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