viernes 12 de julio de 2024
Cara y Cruz

A la deriva y contaminado por la política

Las derivaciones políticas de los casos policiales y judiciales más resonantes parecen ser inevitables, sobre todo en las provincias, donde “nos conocemos todos”. No solamente por la afectación lógica del tejido social que causan, sino también porque en algunos casos suelen caracterizarse por gruesos errores en la investigación o por actuaciones intencionadas para desviar la investigación que comprometen al Poder Judicial pero también al Poder Ejecutivo, si es que son cometidas por las fuerzas policiales. Y luego están las propias intervenciones de los actores políticos más relevantes que terminan de contaminar el caso. La reflexión encaja a la perfección en el denominado caso Loan, el niño que desapareció hace 18 días en una pequeña localidad correntina.

La mala instrucción de la causa impactó de lleno en la Justicia correntina y la torpeza o complicidad policial, en el Ejecutivo provincial. Pero en general la falta de precisiones respecto de lo que efectivamente le pasó al pequeño empezó a convertirse, con el correr de los días, en un factor de desgaste del gobierno correntino.

Tal vez por esa razón es que el primer mandatario, Gustavo Valdés, salió el sábado rápidamente a otorgarle credibilidad a la declaración de la tía Laudelina y pareja de uno de los principales imputados y detenidos, que sostuvo que al chico lo atropellaron con una camioneta en la que se hallaban María Victoria Caillava y Carlos Pérez, otros dos detenidos. Que el niño había muerto y su cuerpo desechado en el monte. Valdés inmediatamente publicó en su cuenta de X: "Se ha dado un gran paso en la resolución del caso Loan”. Lo mismo sostuvo en una entrevista dada a un canal de noticias de la ciudad de Buenos Aires. Las palabras del gobernador parecían expresar cierto alivio, pese a que, de ser cierto, significa el peor final para el niño. La hipótesis del accidente descomprime la tensión política, pero es una pésima noticia.

En un sentido parecido actuó Patricia Bullrich, que había recibido críticas por su escasa intervención en el caso hasta pasados los primeros diez días. La ministra de Seguridad opinó, a poco de conocerse la noticia de la declaración de Laudelina, que era un testimonio “fuerte y creíble”.

Con el correr de las horas la “confesión” de la tía, que por otra parte fue realizada ante la Justicia provincial pese a que la causa está en la Justicia Federal, añadiendo más sospechas al asunto, fue perdiendo fortaleza y credibilidad. Al parecer, los funcionarios judiciales federales descreen de ella y los abogados que intervienen en la causa, tanto el que defiende a Caillava y Pérez como el que acompaña a los padres de Loan, Fernando Burlando, la desecharon por completo.

Todo parece indicar, aunque la hipótesis del accidente se sigue investigando y puede ser cierta, que tanto Valdés como Bullrich se apresuraron al convalidar la versión. Y produjeron un efecto contrario al buscado, en particular el primer mandatario provincial, que está siendo muy cuestionado en cada pedido de justicia y arrinconado políticamente por la oposición provincial del peronismo y por fuego “amigo”, proveniente de la facción del exgobernador, también radical, Ricardo Colombi, con el que mantiene fuertes disputas internas.

Ayer Bullrich desplegó en terreno un operativo imponente, fiel a su estilo, y cuando todo parecía indicar que se habían producido avances importantes en la investigación, ofreció una conferencia de prensa en la que admitió que no había ninguna pista nueva. Y, de paso, señaló que el gobernador Valdés estaba “desesperado” porque el tema se resuelva, en lo que sonó a un pase de factura por las interferencias entre provincia y nación en la pesquisa de un caso que, lejos de resolverse, parece cada vez más inmerso en un mar de incertidumbre. Una investigación a la deriva.

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