Casi 9 millones de electores que votaron por Patricia Bullrich, Juan Schiaretti o Myriam Bregman en la primera vuelta del 22 de octubre tendrán que redireccionar su voto hoy hacia Sergio Massa o Javier Milei. Imposiciones del sistema de balotaje instituido en la reforma de 1994 en lugar del Colegio Electoral: el próximo presidente llegará con el rechazo en primera vuelta del 63% del electorado, en el caso de Massa, o el 70, en el de Milei.
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9 millones sin candidato
Es interesante comparar estas cifras con las del balotaje de 2015, que Mauricio Macri le ganó a Daniel Scioli. En la primera vuelta, la totalidad de los votos contrarios a Macri había sido del 58%, mientras que contra Scioli se había pronunciado el 55,4.
La diferencia entre ambas contiendas estuvo en el desempeño y la consistencia de la opción que quedó afuera: Unidos por una Nueva Alternativa (UNA) obtuvo el 21,3%. Su candidato a la Presidencia era Massa.
El resultado de UNA en la primera vuelta 2015 fue muy parecido al que ahora alcanzó Patricia Bullrich, pero este dato debe matizarse con la competencia para orientar a su electorado que demostró tener Massa, quien se había impuesto sobre el cordobés José Manuel De la Sota en unas PASO muy amables y apoyó a Macri para el balotaje.
Cambiemos había sacado 8,6 millones de votos en la primera vuelta y pasó casi 13 en el round definitorio: 4,4 millones de votos más. Massa había obtenido 5,3 millones. Su respaldo fue determinante para el triunfo de Macri. Consiguió arrastrar casi todo su caudal electoral en sintonía con su decisión política. Fue entonces que se afianzó como líder y referente nacional autónomo.
En cambio Bullrich, que llegó a candidata tras ganarle una interna muy agresiva a Horacio Rodríguez Larreta, continúa siendo insumo de la estrategia de Macri, basada en un antikirchnerismo cerril.
El expresidente selló la alianza con Milei al costo de dinamitar Juntos por el Cambio.
¿Cómo se repartirán los 6,3 millones de votos que sacó Bullrich en octubre?
Schiaretti obtuvo 1,8 millones, el 6,7%; Bregman 700 mil, 2,7%. En el final de bandera verde, la importancia de cada sufragio se multiplica.
El nivel de incertidumbre es mayor por la insumisión a las directivas de sus presuntos jefes de un electorado misterioso y volátil.
No está claro si Macri podrá, como Massa en 2015, volcar las preferencias de Juntos para el Cambio hacia su decisión, sobre todo porque Milei se encargó de dificultarle la tarea de seducción denigrando brutalmente a todos los actores políticos menos a él. Esas ofensas se proyectan como obstáculos para la gobernabilidad de la eventual gestión milei-macrista.
Más números
El contraste entre los dos balotajes marca también la magnitud del fracaso del Frente de Todos pergeñado por Cristina Kirchner en 2019.
Para reunir el antimacrismo, Kirchner absolvió a Alberto Fernández, colocándolo como candidato a Presidente, y a Massa, que presidió la Cámara de Diputados antes de agarrar el Ministerio de Economía. Acertadísima: la fórmula Fernández-Kirchner ganó en primera vuelta.
En la primera vuelta de 2015, el peronismo y Cambiemos habían reunido el 71% de los votos y Massa se quedó con el 21,6.
En 2019, la primera vuelta le dio al Frente de Todos y a Cambiemos el 88% de los votos, 17 puntos más que cuatro años antes. Y Consenso Federal, la tercera fuerza, de la que Massa desertó para unirse a Alberto y Cristina, apenas llegó al 6,4%.
Vale decir que la fragmentación de 2015 se revirtió en 2019, otra vez bajo el formato de la fractura kirchnerismo/macrismo que Consenso Federal pretendía romper.
Retornó en la primera vuelta de octubre con la virulencia del “out-sider” Milei, inorgánica y estimulada por la frustración colectiva, para utilizar nuevamente al antikirchnerismo como tegumento reordenador de la oposición.
Massa en la fractura
En esta secuencia, uno de los componentes que pueden enriquecer la lectura de los ocho años que van de Macri a Alberto Fernández es la reticencia de los máximos referentes de la grieta a abrirle juego a Massa.
Su candidatura por Unión por la Patria se impuso contra las pretensiones de Cristina y Alberto, que enzarzados en sus internas promovían respectivamente a Eduardo “Wado” de Pedro y Daniel Scioli.
Macri rompió la alianza que había sellado con él para el balotaje de 2015 a poco de iniciar la Presidencia.
Milei es sin dudas un fenómeno. Pero no puede dejar de llamar la atención que Massa haya conseguido sostenerse competitivo pese al empeño puesto por liquidarle las aspiraciones presidenciales nada menos que de Macri y Cristina Kirchner, mucho más si se tienen en cuenta los menesterosos resultados de la implosionada gestión de la que forma parte.
El desafío
El volumen del rechazo electoral hacia los dos candidatos que quedaron en pie para el balotaje es, en promedio, más de 10 puntos superior al de 2015: 66,5% contra 56,7.
Es un condicionante para quien asuma la Presidencia. Marca el deterioro del sistema de representación y la necesidad de restaurar su legitimidad para acometer el durísimo desafío de intentar revertir la profunda crisis económica y social de la Argentina.
Para Milei y Macri, esto requiere indefectiblemente la destrucción previa del kirchnerismo. Reverdecen y proponen extender la vigencia de la grieta que signó la vida institucional y política del país en los últimos 15 años.
Massa, cuya sinuosa carrera es acorde a las características de los tiempos en los que le tocó transitarla, propone por su parte formular un orden distinto, establecer otras coordenadas de discusión.
9 millones de argentinos se quedaron sin su candidato a la Presidencia el 22 de octubre. Hoy la opción en el cuarto oscuro es de hierro, bajó de cinco a solo dos.
¿Cuál de las alternativas sobrevivientes ofrece mayores posibilidades de recuperación colectiva? ¿Cuál está en mejores condiciones para reconstruir el ecosistema político? ¿Cuál reduce la incertidumbre? ¿Cuál encarna el cambio?
Conviene controlar las pasiones y razonar.
Sepa el pueblo votar.