susto

El festejo y la lesión de Ezequiel Lavezzi

Pocho celebró su gol como Diego ante Grecia, en el Mundial 1994; una fractura en el codo izquierdo lo marginará de la final.
miércoles, 22 de junio de 2016 · 07:23

 

Las maldiciones no duran toda la vida si se comienza a desconfiar de ellas, si se las mira de frente, sin miedo. Es cierto, aquí, en este país, el 21 de junio de 1994, Diego Maradona convirtió ante Grecia su último gol en la selección.

Los ojos desorbitados ante la cámara con la camiseta azul quedaron grabados en el recuerdo de un país que vio cómo aquel año, el del Mundial y el doping, fue el primero de los eternos 23 sin títulos. El homenaje lo hizo 22 años después Ezequiel Lavezzi. Con el mismo color de camiseta, los ojos fuera de sí frente a la cámara y sus compañeros atrás, abrazándolo, el Pocho se encargó de dejar en claro que los fantasmas no existen. Y que la Argentina volvió a Estados Unidos para, de una vez por todas, romper el hechizo y festejar.

Un pase con el sello de Maradona, pero ejecutado por Messi, y el cabezazo de Lavezzi, que hizo fácil lo difícil, abrió el partido a los 3 minutos, un tiempo récord en una semifinal para la selección. Luego llegó ese grito del alma con los abrazos de Marcos Rojo, a la izquierda, y Ramiro Funes Mori, a la derecha, que hizo temblar a los nostálgicos que lo vieron por la TV. Porque fue 4-0 con los griegos y el mismo resultado frente a los estadounidenses; porque después de aquella goleada de 1994, ya tras el partido con Nigeria, la imagen de la enfermera llevándose a Maradona al doping quebró el encanto, porque ahora el accidente de Lavezzi con el cartel de publicidad, que le provocó una aparatosa caída y una fractura en el codo izquierdo, dibuja una mueca de fastidio.

El gol sirvió, también, para darle un impulso de confianza a Lavezzi. La citación del Pocho, que juega en el fútbol de China, una liga emergente, de competitividad discutida pero con generosos contratos, había generado un revuelo que el delantero logró apaciguar con su gran partido ante Bolivia y la destacada actuación de anoche. Es cierto, en China jugó sólo diez partidos en los últimos seis meses y no tuvo mucho roce, pero antes había jugado más de 20 encuentros en Paris Saint Germain, del que se marchó como un ídolo.

"Lo cité al Pocho porque él me lo pidió", respondió con ironía Gerardo Martino en una conferencia de prensa, en Buenos Aires, harto de las suspicacias que generaba la presencia del atacante en el plantel, donde muchos consideraban que tenía un lugar por su rol en el grupo y no por su mérito deportivo.

 

Pero Lavezzi, que ayer jugó por la sanción a Nicolás Gaitán y la lesión de Di María, no escucha y sigue. Desde el banco de suplentes con una sonrisa, o desde adentro con el festejo desencajado, le aporta un plus a una selección que, como él, nunca baja los brazos y quiere creer que las maldiciones no duran toda la vida.