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Celebración

10 de noviembre: la Tradición frente a los “Códigos” del presente

Por Rodolfo Schweizer- Especial para El Ancasti
10 de noviembre de 2017 - 08:02 Por Redacción El Ancasti

Creo no sorprender a nadie si recuerdo que este 10 de noviembre se celebra el Día de la Tradición, una palabra que da para mucho hablar en estos tiempos modernos en que la urgencia por asimilarnos a las últimas tendencias, sobre todo tecnológicas, va destruyendo las referencias o bases culturales sobre las cuales nos asentamos como sociedad. 

Hoy una de las víctimas de ese salto al vacío es el lenguaje, plano dentro del cual se tergiversa o mal adaptan palabras normales en otras áreas, especialmente la tecnológica, para ponerla al servicio de otras equivocadamente. Una de ellas es justamente el vocablo “código”, una vieja palabra que fue revitalizada con la aparición del lenguaje computacional, pero que ahora fue readaptada para el uso de las más horripilantes estupideces humanas. En efecto, pareciera que algunos han decidido, desde su ignorancia, cargarse al hombro conceptos que tienen una proyección social, para suplantarlos con sus propias y limitadas opiniones “de café”.

Así, en estos días ha aparecido alguien  quejándose de que la visión de un grupo de personas tomando mate le dañaba su “código visual”. Imaginamos que no estamos muy lejos de encontrar a alguien que diga que el humo del asado le daña sus “códigos olfativos” o que una chacarera que no le gusta le afecta sus “códigos auditivos”. 

A este respecto creemos no equivocarnos si afirmamos que no existen códigos personales, sino sociales o institucionales. Ellos se crearon para facilitarnos el poder navegar personalmente a través de las relaciones sociales o los laberintos burocráticos. Nuestros valores se adaptan a ellos y no al revés, porque vienen de la práctica social a lo largo del tiempo y las circunstancias históricas que cada pueblo vivió. Va de suyo, entonces, que una sociedad no podría funcionar si cada uno tuviera el derecho de crear y aplicar sus propios “códigos”. 

La pregunta es qué tiene que ver esto con el Día de la Tradición. Mucho, porque este proceso se extiende a otros planos más allá del lenguaje, marginando de paso los valores que nacieron de la experiencia de vida de nuestros antepasados y sus logros, que pasan a habitar un espacio desvalorizado. Quienes caen o justifican este vaciamiento en nombre del progreso creen que la historia empieza con ellos, pasando por alto que ellos mismos y sus visiones no son otra cosa que el producto de una evolución  que, a su vez, los transformará en fantasmas el día de mañana, si las generaciones futuras optaran por defenestrarlos injustamente de la historia. 

Lo dicho tiene que ver con lo que conmemoramos en este 10 de noviembre, la fecha del nacimiento de José Hernández, autor del poema ya épico que nos define como pueblo, el Martín Fierro. Queremos recordarlo aquí porque creemos que en los consejos que da a sus hijos podemos encontrar la belleza de esos valores morales que definen las bases de nuestra cultura, hoy malversada en nombre de una modernidad vacía y hueca, encajonada en las dimensiones mezquinas de un celular. Porque es en ellos donde podemos encontrar los valores humanos que siempre definieron la base de nuestra cultura popular, hoy marginados por un “todo vale” que estamos pagando caro en nuestro devenir histórico. 

En efecto, cuántos males nos habríamos ahorrado como sociedad si esos consejos se hubieran machacado en caliente a nuestra sociedad recordándole que el mejor amigo del hombre es una vida honrada; que “debe trabajar el hombre / para ganarse su pan”; de que “a ningún hombre amenacen / porque naides se acobarda…Que hay un peligro presente / y otro peligro se aguarda”.

Acaso no fue sabio Martín Fierro cuando les advirtió a sus hijos allá por 1870 que en el hombre la astucia “se vuelve en unos prudencia / y en otros picardía” y que “es bueno que lo recuerden / si la vergüenza se pierde / jamás se vuelve a encontrar”. Si a estas normas de vida elementales  las hubieran adoptado como norma de conducta personal muchos de nuestros políticos de turno, hoy no estaríamos observando la vergüenza que domina la visión de muchos de ellos caminando hacia los tribunales de justicia.

Los consejos de Martín Fierro son muchos y nos hablan a la conciencia. Es obligación de cada argentino leerlos, porque en ellos descubrirá que hay algo más profundo espiritualmente que el vacío del presente; que hay un proyecto inconcluso de país, que solamente podrá realizarse si recuperamos los valores elementales de que nos habla el viejo gaucho que,como personaje literario, nos creó y legó don José Hernández. 

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