La canción iberoamericana llora la partida de Chavela Vargas
Recién debutó en la Argentina en 1999, a los 80 años y cuando ya contaba con cuatro décadas de trayectoria,
Chavela Vargas, una de las más grandes intérpretes de la canción iberoamericana, falleció ayer a los 93 años en México, su patria por adopción, a causa de una insuficiencia cardíaca y una falla renal y crónica, dolencias por las que también venía de pasar un tiempo internada en España.
Dueña de un estilo personalísimo para abordar un repertorio dominado por rancheras y boleros, se ufanaba de descomponer las canciones para llevarlas a su sugerente universo estético.
Decidora aguda capaz de hallarle los signos y los silencios a cada poética escogida e inmediatamente calzada a medida en su intrépida alma, Vargas fue capaz de abrir la boca y con ello conmover a los distraídos, desatar tormentas y hacer llorar a las piedras.
El pelo cortísimo y un poncho -casi siempre- rojo enmarcaban una fragilidad solo aparente sobre la que levantaba un modo
arrollador para narrar penas y exorcizarlas.
Sus creaciones sobre piezas como Vámonos, Macorina, Ponme la mano aquí,El último trago, Que te vaya bonito,
Noche de bohemia, La llorona, Paloma negra, o Volver, volver, deben integrar una antología imprescindible de la canción popular en español que atravesó dos siglos.
Podría pensarse que Chavela murió en paz después de haberse dado el gusto grande de publicar un ansiado tributo al poeta
español Federico García Lorca, titulado La luna grande que coronó un magnífico tránsito artístico.
En el álbum, la vocalista nacida como Isabel Vargas Lizano en San Joaquín de Flores, Costa Rica, el 17 de abril de 1919, combinó las palabras de García Lorca con las músicas que pueblan su propio repertorio musical en una apuesta que entregó la confluencia -a veces armónica, otras veces tensa- que dio lugar a otro territorio expresivo altamente emocionante.
Además de recorrer algunos textos esenciales del granadino, se animó a escribir Angel que no vela y ¿Qué hicieron con tu muerte? donde interpeló con trazo lírico el asesinato de García Lorca a manos del franquismo que lo fusiló en tiempos de la Guerra Civil Española por su adhesión a la Segunda República y por su condición de homosexual.