“No es posible pensar en la cultura solamente como un bien de cambio”
Luis Alberto Maubecin, es un arquitecto y artista plástico nacido en Catamarca hace 59 años. Empezó su formación académica en la Universidad Nacional de Córdoba y la culminó en Europa. También vivió en Japón y México. Luego de haber pasado más de la mitad de su vida en el extranjero, regresó a nuestra provincia a fines del año pasado movido por sus afectos personales. Hoy es el director de Cultura de la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca, espacio en el que aspira a volcar su vasta experiencia internacional.
- ¿En que ciudades vivió en Europa?
- Completé mi carrera de arquitecto en la Universidad Politécnica de Madrid y me especialicé en la Universidad de la Sorbona. Y estuve en Florencia, en Grecia...
Sí, claro. Tuve también un tiempo de residencia en Mikonos, la isla de los pintores, cuando era muy joven.
- ¿Su pasión por el arte ya estaba vigente y allí se potenció, o nació en este recorrido?
- No, es anterior. Yo estudié artes plásticas al mismo tiempo que Arquitectura. Y seguí toda mi vida con las dos pasiones, las que mantengo, por supuesto.
-¿Cómo fue su experiencia en este periplo europeo?
- Fue muy intensa porque las vivencias como joven, como estudiante, como persona, están marcadas por los cambios. Yo llegué a España cuando apenas terminaba el franquismo. Había todo un renacimiento del espíritu democrático y un reposicionamiento de la arquitectura. España pasaba de una arquitectura monumentalista como la de los grandes imperios, a una arquitectura que cobraba un nuevo interés social y un nuevo interés plástico. Yo tuve la oportunidad de estar colaborando en el estudio del arquitecto (Ricardo) Bofill, en Barcelona, incursionando en nuevas técnicas, en nuevos lenguajes formales.
- ¿En qué período estuvo en Europa?
- Entre 1975 y 1981
- ¿Qué se sabía, en ese período tan trágico de nuestra historia nacional, respecto de lo que acontecía en nuestro país.
- Se sabía de compañeros que desaparecían, de compañeros que se iban del país, de compañeros que seguían. En fin, es una etapa que no podemos olvidar, que no podemos negar, pero que ya superamos afortunadamente.
- De Europa volvió a la Argentina…
- Si, volví a Córdoba un par de años por cuestiones académicas. Y luego recién me voy a México, invitado para diseñar las líneas de metro. En ese momento la tecnología de los vagones era francesa, y buscaban gente con formación europea, por eso me contactaron.
- Y se quedó…
Me quedé, formé mi propio estudio de diseño, incursionando en planeamiento, diseño grafico, diseño industrial y planificación urbana a partir de la obra pública. Y en México empiezo formalmente con la pintura, que hasta ese momento practicaba, pero no como medio de vida.
- ¿Dentro de la plástica qué escuelas le interesaron?
- La escuela hiperrealista al comienzo. Pero una técnica determina una temática, una temática hace cambiar una técnica. Entonces la temática floral lleva a la temática de caballos, o de paisajes, o de cuerpos humanos. Entonces del hiperrealismo paso al realismo, al conceptualismo y termino en el estilo abstracto. El camino de la plástica me hace representar a México en explosiones internacionales, en distintas ciudades del mundo. La galería Praxis, entonces, me incluye en la carpeta de maestros latinoamericanos de la pintura. Luego me voy diversificando y empiezo con escultura, con relieves murales. Voy buscando nuevos técnicas y caigo en el papel como soporte artístico y como material para relieves y esculturas. Eso hace que me traslade a Japón. En Japón me reciben lo que llaman los maestros vivientes. Son maestros que paga el gobierno japonés y que mantienen las tradiciones artísticas de Japón y evitan que esa cultura se pierda. Así que me fui por una temporada a vivir a las montañas con un maestro que me enseño a fabricar papel como soporte artístico. Y luego fui la parte de sumi-e, que es la pintura tradicional japonesa.
- ¿Cuál es la diferencia entre al arte latinoamericano, con mayor presencia social, y un arte milenario como el japonés?
- En América Latina hay una mayor presencia social, se puede hablar de que hay una influencia de la vivencia cotidiana en la temática plástica. En Japón es más difícil. Hay excepciones como (Akira) Kurosawa en el cine, que se ha dedicado a promover la conciencia social. Y hay excepciones también en la pintura, pero le dan más importancia a lo estético.
- Usted residió hasta noviembre en México, un país, como todos los latinoamericanos, envueltos permanentemente en una vorágine de acontecimientos políticos y sociales. ¿Cómo vivió la experiencia de estar en una sociedad que ha evolucionado hacia situaciones de mucha violencia?
- La violencia es una realidad innegable y cotidiana, pero yo tuve la fortuna de vivir en una especie de paraíso, que es San Miguel Allende, en el estado de Guanajuato, una ciudad dedicada solamente al turismo y a la cultura, declarada patrimonio de la humanidad, de estilo colonial, donde hay más oferta cultural de la que uno pueda consumir. Es una isla. Pero como esa, hay muchas otras islas.
- ¿Qué es lo que lo decide a usted a volver a la Argentina y a Catamarca en particular?
- Vengo movido por los afectos familiares. Básicamente por mis padres, que gracias a Dios viven y están saludables. Creo que es una etapa en la que yo tenía que regresar a acompañarlos.
- ¿Cómo encuentra a Catamarca después de tanto tiempo?
- La encuentro muy cambiada, pero también con muchas cosas para hacer. Por eso es que me halaga mucho la invitación que me han formulado para ocupar la Dirección de Cultura de la Municipalidad. Primero fui convocado para ser un asesor externo a los efectos de alojar la pinacoteca municipal, pero luego me piden que presente un proyecto de gestión cultural. Creo que la Dirección de Cultura es una responsabilidad muy grande, porque abarca todos los aspectos culturales de la ciudad, y engloba a casi toda la actividad cultural de la provincia, a pesar de que existe una Secretaria de Cultura a nivel provincial.
- ¿Cuáles serán los ejes principales de su gestión?
- Mi propuesta es convertir al patrimonio histórico y natural de la ciudad en motor del desarrollo económico. Por ejemplo, no podemos promover el truismo si no tenemos una imagen de la ciudad, y cómo vamos a tener una imagen de la ciudad si no promovemos cultura, si no recuperamos nuestro patrimonio histórico y natural, y lo promovemos y lo organizamos. Ese es el eje de mi propuesta. A partir también de la actividad museística, es decir, desacralizar el museo, que la gente le pierda el temor, y que el museo salga a la calle. Una propuesta es crear el eje cultural comenzando en la plaza de la estación y terminando en la manzana franciscana, incorporando a todos los edificios emblemáticos a este eje cultural. Incorporando, además, la calle al museo y el museo a la calle.
Los museos se convirtieron en espacios dinámicos y multifuncionales
Luis Maubecín sostiene que no es posible pensar en la cultura solamente como un bien de cambio. Cultura es un hecho emergente. Cultura es la ciudad y su gente, cultura es la provincia y su gente, el país y su gente. La cultura no se puede generar desde el ámbito de una gestión gubernamental. A la gestión gubernamental le corresponde organizar y proporcionar los tiempos, los recursos y los espacios para recoger, participar y ofrecer esas manifestaciones emergentes.
Sobre los museos, opina que hoy en día se convirtieron en espacios dinámicos y multifuncionales, que albergan muchas actividades que tiene un alto impacto a nivel urbano, generando polos de actividades y corredores que acompañan la vida domestica, comercial e institucional cotidiana de los núcleos humanos, enriqueciendo los aspectos morfológicos y plásticos. Y no solo nos referimos a la actividad plástica, también incluye todas las otras actividades del quehacer intelectual, como cine, literatura, video, música y tantas más.
La museografía agrega- colabora en todo esto organizando espacios, actividades y básicamente diferentes formas de mostrar el hecho y el objeto cultural. Aun pensando en piezas antropológicas y arqueológicas, se aplican nuevos lenguajes de exhibición para acercar las piezas a la gente, y que el patrimonio acumulado sea accesible y comprensible y de utilidad para todos, no solo para el estudioso especifico.