6 de febrero de 2012 - 00:00
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Juan Alfonso Carrizo y el rescate de la cultura popular del Noroeste
Buena parte del registro escrito de la tradición folklórica de Catamarca, en particular, y del Noroeste argentino, en general, se lo debemos Juan Alfonso Carrizo, de cuyo natalicio se cumplieron, el 15 de febrero, 117 años.
Juan Alfonso Carrizo, en definitiva, fue quien creo la más grande colección de cantos populares que existe en idioma español.
Fue fundamental en su formación la relación que mantuvo con el Padre Antonio Larrouy, un religioso francés que se radicó en Catamarca y que a su vez había sido influenciado por Samuel Lafone Quevedo. Carrizo aprendió de Larrouy el estudio metódico de la historia.
Fue director del Instituto Nacional de la Tradición, miembro de la Academia Argentina de Letras y Comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio, y director del Instituto de la Tradición de la Provincia de Buenos Aires.
Falleció en San Isidro, provincia de Buenos Aires, el 18 de diciembre de 1957.
La obra
• Antiguos cantos populares argentinos. Cancionero de Catamarca (1926)
• Cancionero Popular de La Rioja (1926)
• Cancionero popular de Salta (1933)
• Cancionero popular de Jujuy (1935)
• Cancionero popular de Tucumán (1937)
• Cantares históricos del norte argentino (1939)
• Cantares tradicionales del norte. Antología breve (1939)
• Cantares tradicionales del Tucumán (Antología) (1939)
• Prólogo y notas del Cancionero popular de Santiago del Estero (1940)
• Antología folklórica argentina (para las escuelas primarias) (1940)
• Antología folklórica argentina (para las escuelas de adultos) (1940)
• Año Nuevo Pacari; transcripción e historia del cantar (1941)
• Cancionero popular de La Rioja (1942)
• Antecedentes Hispano-Medievales de la Poesía Tradicional Argentina, (1945)
• Cuaderno de villancicos de Navidad tradicionales en nuestro país. (1945)
• Cancionero tradicional argentino. Selección para niños (1945)
• Historia del folklore argentino (1953)
Hay, además, más de quince ediciones póstumas de su obra, como una Selección del cancionero de Catamarca, de 1987.
El Museo Folklórico de nuestra provincia, inaugurado en 1976, lleva su nombre como un justo homenaje a su figura y a su trascendente aporte cultural.
En clave personal
No han trascendido demasiados detalles de su vida privada. No obstante, en su ensayo histórico Juan Alfonso Carrizo, descubridor de la América Poética, Olga Fernández Latour de Botas señala: En lo personal (Juan Alfonso Carrizo) no careció de golpes de infortunio como, por ejemplo, casi en luna de miel, debió sufrir la pérdida de su primera esposa, doña Alicia Aurora Mónico, joven descendiente de una distinguida familia salteña. Más tarde se casó en segundas nupcias con doña Petrona del Carmen Cáceres, la inolvidable doña Pichu.
Dice también Latour de Botas sobre Carrizo: Si alguna sensación prima tras la lectura de la extensa producción dejada por Carrizo investigaciones, ensayos, recopilaciones anotadas, contribuciones a la historia de la ciencia, aportaciones pedagógicas, folklorísticas, filológicas y toponímicas- ella es la de que toda esa obra ha sido realizada en cumplimiento de una misión. Aceptado este aserto resulta más sencillo comprender cómo un maestro catamarqueño, sin bienes personales de fortuna ni otros ingresos que los de dos cargos de docente nacional, pudo recorrer personalmente, palmo a palmo, cinco provincias, recolectar cerca de treinta mil cantares y publicarlos anotados con la mayor erudición.
Coplas del Noroeste recuperadas por Juan Alfonso Carrizo
Caramba, que me hallo pobre.
De pobre me andoy muriendo.
Ya no encuentro quién me quiera.
Yo sólo me andoy queriendo.
La vida tiene sus güellas
con caminos bien marcados:
unos nacen con estrella,
otros nacen estrellados.
Si hablan de los desgraciados
pueden empezar por mí:
los ciegos me ven con rabia,
los mudos hablan de mí.
Quisiera yo a tus ojitos
echarles llave
que me matas con ellos
cuando los abres.
De día sueño despierto,
de noche sueño dormido.
Y así paso yo mi vida:
siempre soñando contigo.
Desde que tú te fuiste,
no brotan flores,
los pájaros no cantan
ni el agua corre.
Para pasear de noche
no quiero luna
Quiero el cielo estrellado
de tu hermosura.
Piedrecita de la calle,
niña, yo quisiera ser,
para que tú me pisaras
y yo besarte los pies.
Si se le llama ladrón
al que roba corazones
por el tuyo yo estaría
toda la vida en prisiones.
A la Virgen le pedía
que ampare nuestro cariño.
Ahora le pido llorando
que me conceda el olvido.
Bien haiga, mi corazón
no es alegre como el tuyo;
lo entristece cualquier golpe,
lo adormece cualquier yuyo.
Procura no despertarme
cuando me veas dormir;
no sea que esté soñando
y sueñe que soy feliz.
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