viernes 3 de abril de 2026

Juan Alfonso Carrizo y el rescate de la cultura popular del Noroeste

Buena parte del registro escrito de la tradición folklórica de Catamarca, en particular, y del Noroeste argentino, en general, se lo debemos Juan Alfonso Carrizo, de cuyo natalicio se cumplieron, el 15 de febrero, 117 años.

Juan Alfonso Carrizo, nacido en San Antonio, en el departamento Fray Mamerto Esquiú de Catamarca, era el sexto de once hijos y cursó estudios en la Escuela Normal, antes de trasladarse a Buenos Aires, donde ejerció su oficio de maestro.



Fue un investigador del folklore regional que durante toda su vida recorrió pueblos la mayoría de las veces en caballos, mulas y carretas- interactuando con los habitantes de cada lugar. En ese recorrido, en el que supo armonizar su erudición con la investigación con el trabajo de campo, recogió y clasificó no sólo las formas poéticas y la música autóctona, sino también el habla, juegos y danzas, muchas de las cuales, de no haber sido por su esfuerzo, se hubiesen olvidado y perdido indefectiblemente.



En esa tarea encontró, en las coplas y formas poéticas de nuestro país, vestigios incontaminados del cancionero popular español del Siglo de Oro.



El suyo fue un trabajo en principio artesanal, porque copiaba en cuadernos con su propio puño y letra el material que recogía de la gente común de cada pueblo de las provincias del noroeste argentino y que luego ordenaría metódicamente.



La información recogida y sistematizada según criterios técnicos propios de su erudición, fueron volcados en libros que han quedado en la historia del folklore y la cultura popular argentina. El Cancionero de Catamarca contiene 156 romances y canciones (la mayor parte décimas) y 1477 coplas, además de rimas infantiles.



Juan Alfonso Carrizo, en definitiva, fue quien creo la más grande colección de cantos populares que existe en idioma español.



Fue fundamental en su formación la relación que mantuvo con el Padre Antonio Larrouy, un religioso francés que se radicó en Catamarca y que a su vez había sido influenciado por Samuel Lafone Quevedo. Carrizo aprendió de Larrouy el estudio metódico de la historia.



Fue director del Instituto Nacional de la Tradición, miembro de la Academia Argentina de Letras y Comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio, y director del Instituto de la Tradición de la Provincia de Buenos Aires.



Falleció en San Isidro, provincia de Buenos Aires, el 18 de diciembre de 1957.



La obra



• Antiguos cantos populares argentinos. Cancionero de Catamarca (1926)



• Cancionero Popular de La Rioja (1926)



• Cancionero popular de Salta (1933)



• Cancionero popular de Jujuy (1935)



• Cancionero popular de Tucumán (1937)



• Cantares históricos del norte argentino (1939)



• Cantares tradicionales del norte. Antología breve (1939)



• Cantares tradicionales del Tucumán (Antología) (1939)



• Prólogo y notas del Cancionero popular de Santiago del Estero (1940)



• Antología folklórica argentina (para las escuelas primarias) (1940)



• Antología folklórica argentina (para las escuelas de adultos) (1940)



• Año Nuevo Pacari; transcripción e historia del cantar (1941)



• Cancionero popular de La Rioja (1942)



• Antecedentes Hispano-Medievales de la Poesía Tradicional Argentina, (1945)



• Cuaderno de villancicos de Navidad tradicionales en nuestro país. (1945)



• Cancionero tradicional argentino. Selección para niños (1945)



• Historia del folklore argentino (1953)

Hay, además, más de quince ediciones póstumas de su obra, como una Selección del cancionero de Catamarca, de 1987.



El Museo Folklórico de nuestra provincia, inaugurado en 1976, lleva su nombre como un justo homenaje a su figura y a su trascendente aporte cultural.



En clave personal



No han trascendido demasiados detalles de su vida privada. No obstante, en su ensayo histórico Juan Alfonso Carrizo, descubridor de la América Poética, Olga Fernández Latour de Botas señala: En lo personal (Juan Alfonso Carrizo) no careció de golpes de infortunio como, por ejemplo, casi en luna de miel, debió sufrir la pérdida de su primera esposa, doña Alicia Aurora Mónico, joven descendiente de una distinguida familia salteña. Más tarde se casó en segundas nupcias con doña Petrona del Carmen Cáceres, la inolvidable doña Pichu.



Dice también Latour de Botas sobre Carrizo: Si alguna sensación prima tras la lectura de la extensa producción dejada por Carrizo investigaciones, ensayos, recopilaciones anotadas, contribuciones a la historia de la ciencia, aportaciones pedagógicas, folklorísticas, filológicas y toponímicas- ella es la de que toda esa obra ha sido realizada en cumplimiento de una misión. Aceptado este aserto resulta más sencillo comprender cómo un maestro catamarqueño, sin bienes personales de fortuna ni otros ingresos que los de dos cargos de docente nacional, pudo recorrer personalmente, palmo a palmo, cinco provincias, recolectar cerca de treinta mil cantares y publicarlos anotados con la mayor erudición.



Coplas del Noroeste recuperadas por Juan Alfonso Carrizo



Caramba, que me hallo pobre.



De pobre me andoy muriendo.



Ya no encuentro quién me quiera.



Yo sólo me andoy queriendo.



La vida tiene sus güellas



con caminos bien marcados:



unos nacen con estrella,



otros nacen estrellados.



Si hablan de los desgraciados



pueden empezar por mí:



los ciegos me ven con rabia,



los mudos hablan de mí.



Quisiera yo a tus ojitos



echarles llave



que me matas con ellos



cuando los abres.



De día sueño despierto,



de noche sueño dormido.



Y así paso yo mi vida:



siempre soñando contigo.



Desde que tú te fuiste,



no brotan flores,



los pájaros no cantan



ni el agua corre.



Para pasear de noche



no quiero luna



Quiero el cielo estrellado



de tu hermosura.



Piedrecita de la calle,



niña, yo quisiera ser,



para que tú me pisaras



y yo besarte los pies.



Si se le llama ladrón



al que roba corazones



por el tuyo yo estaría



toda la vida en prisiones.



A la Virgen le pedía



que ampare nuestro cariño.



Ahora le pido llorando



que me conceda el olvido.



Bien haiga, mi corazón



no es alegre como el tuyo;



lo entristece cualquier golpe,



lo adormece cualquier yuyo.



Procura no despertarme



cuando me veas dormir;



no sea que esté soñando



y sueñe que soy feliz.



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