sábado 10 de octubre de 2026

El coraje de una mujer deportista

He descubierto que existe cierto placer en el dar. Y cuando ese dar es recibido y apreciado, el placer es mucho mayor. Si solamente has desarrollado la capacidad de ponerte feliz cuando recibes algo, es tiempo de que pruebes hacer las cosas a la inversa. Desarrolla la capacidad de gozar en el dar. Y no necesariamente hablo de cuestiones materiales, ésas cualquiera las puede obsequiar, me refiero a las cosas que trascienden. Unas palabras de elogio, una caricia, notas de cariño, tus conocimientos, etc.. (Patricia G. Wenzel - El coraje de ser positivo- Antes de pensar en recibir, mejor dar. Editorial San Pablo. Pág. 61.Bs. As., Argentina. Año 2001).

Sabemos que la mujer siempre cumplió un rol preponderante en la actividad deportiva que eligió practicar en nuestro medio. Ello es así toda vez que comprobamos resultados positivos logrados por estas atletas a través de pruebas de competencias o recreativas. Así surgieron verdaderas figuras que fueron y son ejemplos a imitar, enalteciendo el prestigio conseguido por nuestros mayores.

En diversas especialidades deportivas podemos encontrar a mujeres que cumplieron importantes trayectorias en atletismo, ciclismo, voley, básquetbol y otras, tuvieron en su oportunidad el pertinente reconocimiento periodístico. Sin embargo, en nuestra provincia de Catamarca también hubo una especial disciplina donde se destacaron muchos jóvenes de ambos sexos que nos emocionaron sobremanera con la valentía y coraje puestos en sus saltos en la práctica del paracaidismo deportivo hasta llegar a obtener un preciado galardón a nivel nacional, que más adelante aludiré. En ese contexto, quiero expresar, en esta oportunidad, mi reconocimiento hacia una entusiasta mujer que optó por la práctica de un deporte que impone mucho sacrificio y entrega personal, esa especialidad se llama Paracaidismo Deportivo en la cual se destacara -además de otras- María Josefa Cárdenes, cariñosamente llamada con el mote de Pepita por sus amigas.

Hace pocos días mantuvimos una alegre entrevista -grabador mediante- narrándonos diversas experiencias vividas con el paracaídas; éstos son sus testimonios: Comencé a practicar paracaidismo en la década del 60, cuando las fuerzas armadas gobernaba nuestro país. En ese entonces, la división aerotransportada ejercía el poder de decisión en Catamarca. En aquel tiempo se había fundado el Club de Paracaidistas que tenía su sede social en la esquina de avenida Colón y calle Gral. Roca (B° Villa Cubas). Yo vivía a una distancia de cien metros de ésta; me interesó la propuesta de la nueva institución deportiva y me afilié como socia, junto a otras compañeras/ Conversando con unas chicas del club, me dijeron si me interesaba la práctica de la nueva disciplina deportiva, acepté la invitación y comencé a cumplir con todas las exigencias que el caso requería. Las prácticas las hacíamos bajo la dirección técnica de gente capacitada provenientes de Córdoba (ex soldados), más la intervención de jóvenes paracaidistas locales con mucha experiencia, los ejercicios y entrenamientos se llevaban a cabo en las instalaciones y predio que la unidad militar tenía, y que en otros tiempos estaba bajo la tutela del ex Regimiento de Infantería 17/ La gimnasia era muy rigurosa para hacer el fortalecimiento, hasta en lo concerniente a los saltos, los hacíamos conjuntamente con los soldados ya experimentados/ Teníamos como directores técnicos -amén de otros- al recordado Pucho Argerich ( brillante paracaidista campeón argentino de salto de precisión de 1.500 metros) y Ramón Pajarito Rodríguez (ex piloto y paracaidista de gran trayectoria). A continuación manifestó: Siempre hice saltos automáticos -no comandados- primeramente desde 500 metros, después fueron desde 700 metros. Nos enseñaron la técnica de la disciplina deportiva (lo teórico y práctico del paracaídas, su manejo, su plegado y su ubicación en la bolsa (mochila). Además teníamos la indumentaria necesaria, hasta cascos y botines/ Éramos tres mujeres que compartíamos juntas la hermosa aventura de dialogar en las alturas: María Aparicio, María Cruz y yo/ Los compañeros nos bautizaron ‘Las Tres Marías , quizá para relacionarnos con las estrellas.../ Los saltos los efectuamos sobre el terreno del Aero Club (en Choya), otras veces en la zona de Agua Colorada y sobre el Río del Valle (cerca del cementerio). Había un importante factor climático que nos preocupaba sobremanera: el viento, que a veces soplaba con mucha intensidad y nos alteraba el descenso hacia el blanco prefijado. Sin embargo, nunca sufrimos inconvenientes de consideración, porque siempre tuvimos presente la máxima reflexión de aquel piloto y paracaidista italiano Vicente Bomvisutto, que reza: Con el cuerpo confiado en la tela, puesta el alma en las manos de Dios.

Luego agregó: Primeramente los saltos se efectuaban desde el avión Douglas -de los militares- donde observábamos a los soldados como realizaban los movimientos previos al salto para después llevarlos a cabo cuando subíamos a los aviones Pipper, Ranquel o Cessna que había en el Aero Club Catamarca y que eran cedidos gentilmente a nuestra institución hasta que se pudiera adquirir un avión Ranquel. En esta instancia, es necesario y justo reconocer la gran colaboración desinteresada brindada por esos grandes pilotos que condujeron los aviones en los cuales a nosotros, (todo el plantel), nos llevaban para realizar los saltos: Tito de la Colina, Francisco Aparicio, Raúl Bertero y Ramón Pajarito Rodríguez. Vaya para ellos mi respetuoso homenaje.

Finalizando la cordial entrevista, Pepita Cárdenes destacó: Mamá tenía miedo de que me pasara algo malo, yo le dije: pero nunca ocurrieron hechos lamentables, por suerte. Allí, en ese ambiente conocí la verdadera amistad y el compañerismo sincero que reinaba en esa institución, de la cual tengo los mejores recuerdos y gratas emociones.

Amigo lector, éstas son algunas apreciaciones vertidas por una humilde mujer, enamorada del paracaidismo, hoy madre de seis hermosos hijos que Dios le dio, docente por convicción (maestra y profesora de artes plásticas) que un día decidió transitar con su querido paracaídas, con coraje y firme decisión, volar por las rutas del firmamento... José Pepe Bustos
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