Los futbolistas que llegaron a Policial están para trabajar de jugadores de fútbol y no para andar haciendo declaraciones..., no son estrellas. Esta frase fue pronunciada por el presidente del Club Atlético Policial, Fernando Rivera, cuando ayer intentó explicar por radio Valle Viejo su absurda y personal disposición de que los integrantes del plantel auriazul no hablen con el periodismo.
Luego se despachó, sin pudor, en contra de algunos periodistas a los que descalificó groseramente sin individualizarlos y justificó su proceder en las distorsiones de los medios, escudándose nuevamente en la cobardía de la generalización. Por esa razón me siento aludido, como seguramente la mayoría de nuestros colegas, ya que la orden de Rivera es que no hablen con la prensa.
No sé qué le habrá pasado al Arq. Rivera, quien parece haber olvidado sus tiempos de candidato a intendente, o las páginas enteras que publicó (ahora dudo de que las haya escrito) aludiendo a sus posicionamientos políticos, siempre enmarcados en los designios de la democracia, que es el sistema de gobierno que más se sustenta en las libertades públicas. Libertades entre cuyos pilares está el derecho y el deber de la información, que a los argentinos nos viene desde 1810, en los albores del Bicentenario que por estos días evocamos, cuando en aquel 25 de Mayo el pueblo quería saber de qué se trataba....
De eso se trata Rivera; poder informar, comentar o analizar, simplemente, lo que es el mundo Policial, que desde hace siete años es la máxima ilusión del fútbol catamarqueño en el orden nacional. Y la manera más adecuada de poder hacerlo es recurriendo a los protagonistas que son los jugadores o el cuerpo técnico, aunque no sean estrellas.
Por otra parte, Rivera, ningún jugador se va a hacer estrella hablando por una radio o para un diario. El esplendor de un crack se adquiere en la cancha y se disfruta con el aplauso o la ovación de una tribuna.
En otro orden, los mundiales de fútbol deben ser las competencias más sofisticadas, más puntillosamente organizadas y más atadas a los protocolos de todo el planeta; sin embargo, los jugadores de las distintas selecciones y sus directores técnicos están obligados, por el reglamento del certamen y de la FIFA, a hablar con la prensa. Los futbolistas durante la semana y los entrenadores veinticuatro horas antes de cada partido.
Ni a Kim Jong-Il, que ostenta los máximos poderes en la totalitaria, comunista y unipartidista República de Corea (del Norte), y que -como tal- hasta digita a su selección de fútbol, se le ocurriría ordenar que sus jugadores no hablen. Y eso que es casi imposible obtener información sobre la situación interior de aquel país, dado que su gobierno ha llevado la paranoia y la represión a niveles inusitados, por ello es conocido como el reino ermitaño, según se describe en Wilkipedia.
De todos modos no es oportuno meterme a maestro ciruela, ni a dar consejos, aunque sí deba lamentar -como el resto de los periodistas catamarqueños- no poder informar sobre Policial, más allá de lo que nos permita el Sr. Rivera.