Siempre hubo pocos dirigentes, y al ubicarnos desde los principios de la década del ‘70, Ángel Leopoldo Cuello -Polo como lo llamaban los amigos- realizó distintas tareas en nuestro club (Defensores del Norte). Desde 1985 a 1995, en forma especial se ocupó de guiar a los chicos del Barrio Norte, para que se coloquen la banda verde.
Con su particular modo de trabajar, con defectos y muchas virtudes, era la persona que juntaba a la changadita que observaba jugando la pelota en la calle, para llevarla a practicar fútbol en el Defe, teniendo como único pago la satisfacción de ver flamear la albiverde en el pecho de muchos niños.
Polo era la contención de chicos muy humildes, de zapatillas dedos afuera, de rodillas color tierra; muchos de ellos disimulando el almuerzo con un mate cocido, que seguían con sus ojos brillosos la figura de su conductor montado en su vieja bicicleta negra, que les inculcaba, por sobre todo, que debían amar Defensores del Norte. Y cuando alguno se portaba mal, él se ponía de cuclillas y le hablaba al oído, con el manual de consejos de un padre.
Después emigró del barrio, pero siempre que se lo veía, le fluía la pregunta obligada: ¿Cómo anda el Club?.
El 1 de junio de 2010 se nos fue para siempre este luchador del trabajo anónimo, ya que nunca tuvo ni necesitó de las planas periodísticas para estar al servicio del Defensores del Norte de sus amores.
Gracias por tu sacrificio, amigo; seguramente seguirás permanentemente en las mentes de aquellos niños -hoy hombres- que formaste. Con que algunos de ellos hayan asimilado tus enseñanzas, habrás cumplido tu tarea durante tu paso entre nosotros.
Antes de despedirte, dejame verte, en una tarde cualquiera, rodeado por un montón de chiquilines vestidos de blanco, con una franja verde que cruza el corazón, dando las hurras por el viejo y querido Defensores del Norte. Gracias, Polo Cuello.