Los argentinos, a su manera, dijeron presente en el encuentro ante los alemanes. Como de costumbre alentaron en casi todo el partido y cuando el resultado se hizo insostenible el llanto se hizo presente.
La decepción y la tristeza de miles de simpatizantes que llegaron hasta Sudáfrica cayó con el pitazo final del árbitro. Una vez más el pueblo argentino deberá esperar para soñar con romper el maleficio de conquistar un Mundial, algo que se le viene negando desde el 86 .