En las calles tucumanas aparecieron las clásicas cargadas. Un florista sorprendió a los transeúntes con una lápida gigante para Atlético.
El descenso no es la muerte. Duele, y mucho, pero la vida continúa.
Que lo digan sino los decanos más viscerales, que esta mañana se levantaron con un sabor amargo en los labios. Para peor, tuvieron que desayunar con el ingenio de sus rivales. Uno de esos humoristas fue este florista de Mendoza y Junín, que con una lápida y varias flores divirtió a los peatones.