24 de diciembre de 2010 - 00:00
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Aymar, emocionada con el Olimpia de Oro
La estrella del hockey mundial se mostró emocionada y eufórica. Además, destacó que 2010 es uno de sus mejores años.
Lucha manifestó que se tomará unos meses de descanso con el seleccionado albiceleste, aunque remarcó que jugará los Panamericanos de Guadalajara 2011, clasificatorios para los Juegos Olímpicos Londres 2012.
No voy a abandonar a Las Leonas. Retegui y mis amigas me convencieron para jugar, expresó la rosarina.
Aymar admitió como un gran desafío intentar conseguir la única medalla que le falta en una competencia olímpica: la dorada en los Juegos Londres 2012.
Éste es un deporte amateur que necesita de muchos sacrificios. Una deja de lado los estudios, el trabajo. A veces debe dedicarse totalmente a esta actividad para estar en plenitud y conseguir resultados, consideró.
Consultada respecto de si incursionará en el teatro o en algún programa de televisión, Aymar contestó: Ahora no es momento hablar de eso.
Solamente quiero disfrutar este premio que estará en lo hondo de mi corazón. No es fácil haber sido elegida la mejor deportista del país, habiendo tantos atletas que también hicieron méritos para lograrlo, dijo. La superación, su único secreto
No hay otro secreto en Luciana Aymar que su instinto de superación y perseverancia. Podrá fascinar su talento innato, su magia, pero en el esfuerzo de todos los días está la base de su centelleante trayectoria en el hockey. Cada vez que concluye un entrenamiento o un partido, lo primero que piensa es en qué cosas podría mejorar. Es un mecanismo natural que mantiene activado desde siempre y que la lleva a no tener límites, tanto en el aspecto técnico como en el táctico y el físico. Si no, no se explica que a los 33 años, en el supuesto declive de la carrera de cualquier deportista, haya mostrado en el Mundial de Rosario el mejor repertorio de su vida. Las personas que se fijan un techo o sienten que son las mejores del mundo, son las que en definitiva no terminan siendo perseverantes o mejorando cada año. Yo soy como una esponja, me gusta absorber cosas de los demás, soy muy observadora. Eso me permite superarme, dijo Lucha a principios de año, en una frase que descubre su filosofía en el deporte y en la vida.
Una feliz conjunción de entrenadores idóneos y un entorno familiar favorable construyeron en Lucha una atleta de convicciones insobornables. En su mente tiene grabado bajo fuego que ser Leona significa entrenarse cada jornada con el corazón, dejando todo en la cancha, haciendo prevalecer la solidaridad y el respeto para con sus compañeras del plantel. Entiende que se viste de celeste y blanco no sólo porque es la indumentaria que le tocó en suerte, sino porque representa a todos los argentinos. Sabe que esa camiseta transmite valores que trascienden su disciplina, y que ella representa.
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