Con Genaro Collantes desaparece un auténtico hombre del deporte, de esos que tal vez no brillaron en una vuelta olímpica, ni en un banderazo final, pero que dedicó gran parte de su rica existencia a trabajar en la organización y el desarrollo de las distintas actividades deportivas. Tanto, que a su genuina inspiración pertenece la creación de la Ley Provincial del Deporte, a la cual dedicó fatigosas horas y días de empeño, buscando consensos y generando acuerdos que fructificaran en una positiva legislación.
Aquella tarea la inició como diputado provincial y la culminó siendo ya subsecretario de Deportes de la Provincia, organismo que fuera, precisamente, jerarquizado para ponerlo a la altura de la impronta que emanaba la personalidad de Collantes. Incluso participó ya siendo diputado nacional- de las decisiones oficiales que permitieron elevar el área de Deportes al rango de Secretaría de Estado, que, como una herencia de compromiso con el sector, hoy es conducida por su compañera de tantos años, Juanita (así la llamaba, cariñosamente, Genaro) Fernández.
Por sus múltiples contactos logró que Catamarca compartiera la sede de los Juegos Evita, con La Rioja y San Juan en 2005; y durante su gestión las representaciones de nuestra provincia accedieran al 3er. lugar de los JUDEJUT, en dos ocasiones.
A su impulso se debió también el auge dado a los deportes para atletas especiales, que terminó de encumbrar su esposa y sucesora.
Había establecido un fuerte vínculo con la AFA, por el que se canalizó la llegada del programa Apertura Interior y trabajaba activamente para que alguna categoría de las selecciones nacionales llegue a Catamarca, el 25 de mayo de 2010, a inaugurar el estadio de fútbol, actualmente en construcción.
Aunque nunca nada le fue fácil, era capaz de asumir con indudable coraje todas las remontadas, o los más duros repechos; siempre exhibiendo su proverbial bonhomía, de hombre sencillo y campechano.
Conocí sus tiempos de bonanzas y de necesidades, pero jamás se permitió las ostentaciones ni las flaquezas; era un optimista puro y, tal vez, por eso Dios quiso llevárselo a su lado.
Para su familia y sus amigos, nuestro respetuoso acompañamiento con el sincero ruego por una cristiana resignación.