Un nutrido grupo de simpatizantes de Boca se acercó ayer al predio de Casa
Amarilla, donde antes de comenzar el entrenamiento llegó con una torta y saludaron afectuosamente al goleador, uno de los ídolos del club. El cariño con la gente es recíproco. Realmente me puso muy feliz llegar a la práctica y encontrarme con todo esto, confió el atacante, que cumplió 36 años.