La Municipalidad de Fray Mamerto Esquiú inauguró hace algunas semanas la obra de puesta en valor y refuncionalización del ex zoológico de San Antonio, convertido en un Parque Botánico destinado al encuentro, el aprendizaje y la conexión con la naturaleza. La obra llevó varios años de trabajo y ahora encuentra un nuevo sentido: recupera la memoria colectiva no sólo de la comunidad de Fray Mamerto Esquiú sino de toda Catamarca, haciendo foco en la educación ambiental y el cuidado de los animales.
Un espacio para conectar con la naturaleza
El predio que albergó un zoológico en los noventa y luego permaneció abandonado casi tres décadas se transformó en el Parque Botánico. Un recorrido por su estanque, sus estaciones de compostaje bokashi y sus senderos construidos con materiales recuperados, son parte del nuevo escenario que invita a conversar sobre la revalorización comunitaria y economía circular.
Sobre el histórico Camino Real, el predio de una hectárea y media recuerda aquel zoológico que funcionó desde 1986 hasta 1994, pero el recuerdo más cercano es el de un basural a cielo abierto: el paisaje estaba lleno de electrodomésticos en desuso, neumáticos y escombros.
Hoy, ese mismo suelo atraviesa una profunda restauración ecológica. La iniciativa se integró a un circuito de gestión ambiental local que abarca el uso de aguas grises en el Paseo de las Moras, la clasificación de residuos en la Planta GIRSU de La Tercena y la Plaza Sustentable de Campana del Rosario.
En una charla mano a mano con Revista Express, el secretario de Producción y Ambiente de la Municipalidad de Fray Mamerto Esquiú, Lucas Perelló, explicó el proceso de recuperación y la proyección de un espacio pensado para la educación y el esparcimiento familiar.
El rescate del predio
El terreno no nació como espacio público estatal. En sus orígenes, una vecina cedió la propiedad al municipio para el desarrollo del parque zoológico, acompañada por la donación de animales de un mini zoológico particular. Aquella cesión establecía que el predio volvería a sus propietarios una vez finalizada la actividad. Tras el cierre definitivo entre 1994 y 1995, motivado en parte por cambios de gestión y por la transformación cultural respecto a los animales en cautiverio, el lugar retornó a los herederos, pero cayó en un desuso prolongado.
Durante cerca de tres décadas, el cercado perimetral desapareció, las jaulas y boleterías fueron vandalizadas y la vegetación avanzó sobre toneladas de residuos domiciliarios y voluminosos. La inquietud de los vecinos, molestos por los focos de contaminación y la inseguridad del sector, impulsó las primeras acciones de rescate a partir de 2020, bajo la gestión del entonces intendente y actual senador Guillermo Ferreyra, iniciativa continuada por la intendenta Alejandra Benavidez.
La primera etapa demandó más de 20 operativos de limpieza profunda. "Eran tres camiones, dos máquinas y más de 30 operarios, los días sábado principalmente, donde empezaron a hacer toda esta limpieza primaria de chatarra y de materiales voluminosos", detalló Perelló. Una vez despejado el terreno y restituido el cerco para evitar nuevos arrojamientos, se inició el trabajo de acondicionamiento de senderos y análisis de la flora autóctona.
Una de las características centrales del Parque Botánico es la mínima intervención con materiales artificiales. En lugar de utilizar veredas de asfalto o cemento masivo, la caminería se delimitó con tierra, flejes metálicos recuperados y madera del propio terreno. Los ejemplares arbóreos retirados por problemas fitosanitarios o caídas naturales fueron transformados en bancos, canteros, peldaños de escaleras y mobiliario para el anfiteatro a cielo abierto.
Incluso los "hoteles de insectos" (unos dispositivos didácticos diseñados para ofrecer albergue a polinizadores como abejas, anfibios o aves) fueron ensamblados con tarimas y sobrantes de obra. "Los techitos son de chapa que nos quedaron de los flejes que hicimos la caminería... la lógica es poder reutilizar los recursos que tenemos e intervenir de manera lo menos nociva en el territorio posible", destacó el funcionario.
El predio cuenta además con réplicas de fauna prehistórica realizadas en las primeras etapas de restauración. Aunque sufrieron episodios de vandalismo que obligaron a retirar algunas piezas para su reparación en los talleres municipales, las esculturas restantes se conservan como recurso pedagógico para abordar la extinción de especies por causas naturales en contraste con la acción humana actual.
Un ecosistema vivo
El corazón del parque está marcado por su estanque de riego. Antiguamente utilizado como reservorio comunero por los productores agrícolas de la zona, hoy funciona como un ecosistema acuático que alberga garzas, charatas, gallaretas, pájaros carpinteros y diversas especies de anfibios. El agua que nutre el estanque ingresa a través de la acequia principal de la red de riego, un sistema cuyo cuidado el equipo busca poner en valor para visibilizar el impacto de la basura domiciliaria en los cauces de producción.
En el área donde antiguamente se erigían las jaulas del zoológico, el suelo degradado por escombros atraviesa un proceso de enmienda orgánica para la instalación de una huerta demostrativa. Para acelerar la recuperación de la tierra, el equipo implementó la técnica de compostaje japonés denominada bokashi. Este método combina restos de poda y hojarasca con estiércol de caballo aportado por vecinos, melaza de caña de azúcar, carbón orgánico y cáscaras de huevo o restos de frutas recolectados en carros gastronómicos locales. La mezcla acorta los tiempos de fermentación sin generar malos olores mediante un proceso de aireación y volteo constante.
Propuestas para la comunidad y visitas
El parque se encuentra abierto al público de miércoles a domingo, en los horarios de 9 a 13 y de 14 a 18. El ingreso general tiene un valor de $2.000 para mayores de 10 años, mientras que los menores de esa edad acceden de forma gratuita. El recorrido incluye el acompañamiento de guías capacitados para explicar los procesos biológicos, el valor histórico del itinerario y la identificación de especies mediante códigos QR.
A la par de la recepción de contingentes escolares y turísticos, la gestión planifica dictar talleres culturales y ambientales orientados al público en general, tales como reproducción de suculentas, técnicas de huerta familiar, paisajismo y bordado. Con una superficie reducida, pero un plan de desarrollo por etapas, el espacio busca consolidarse como un punto de encuentro que une la memoria de San Antonio con la educación ambiental práctica.
Texto: Peze Soria
Fotos: Ariel Pacheco