Decir Santa Rosa es pensar en esas calles asimétricas, serpenteantes con árboles por todo su recorrido. Por esos callejones distintivos supo pedalear Nacho Andrada cuando iba a visitar a sus primos en Pozo El Mistol. En todo ese trayecto iba creando melodías, tarareando, silbando, y tratando de memorizarlas; no sólo era folklore, escuchaba mucha música, llegaba a su casa y trataba de darles forma con la guitarra que toca desde los 13 años.
Nacho Andrada y la voz propia del paisaje
Instalado en Santa Rosa y a paso firme con su camino solista, el músico chacarero recorre los paisajes de Catamarca a través de canciones propias.
Enamorado de esa tierra santarroseña, Nacho nos abrió la puerta de su casa, mate en mano para charlar con Revista Express. En un rincón hay una biblioteca y los instrumentos; él lo reconoce como su espacio. Una síntesis de sus pasiones. El cantautor “de Valle Viejo, de Las Chacras”, como se presenta, cumplió cinco años desde que se lanzó como solista tras integrar diversos grupos.
“Venía craneando un poco la idea, pero fue el impulso de mis afectos, mi pareja, mis amigos”, confiesa sobre aquel despegue. “Escuchaban mis temas en asados, juntadas o por audios de WhatsApp y me decían que me anime a cantar. La verdad es que siempre me consideré más guitarrista que cantor; tengo un respeto muy grande por los que cantan y es una etapa en la que me sigo descubriendo”.
El origen de esa chispa musical lo conecta directo con lo que Lalo Mir definía como la banda sinfónica de la infancia: “En mi casa mi viejo compraba casetes de Horacio Banegas, Los Carabajal, Atahualpa Yupanqui. Siendo chico me llamaba la atención la musicalidad de las palabras, la rima, el amor con el que los santiagueños le cantaban a su tierra. Por parte de mi madre, los Moya son todos músicos, así que mamé melodías desde la cuna. Cuando crecí y vi la belleza de Catamarca, de La Puerta donde pasé mi infancia, sentí la necesidad de crear melodías que describieran nuestros lugares”.
La primera guitarra apareció a los 13 años, cuando su padre le regaló un instrumento a su hermana mayor por sus 15. “Ella iba a la secundaria de tarde y yo a la primaria de mañana. Apenas se iba, yo me metía a su pieza y le sacaba la viola con un cancionero del Poncho 98 que traía los acordes dibujados”, evoca entre risas. En los recreos escolares, un compañero mayor que ya descollaba en los actos, el “Ruludo” (Luis) Bazán (luego integrante de Carafea), le dio la clave técnica: “Yo le decía que tenía los dedos duros para cambiar de acorde y él me tiró un tip: ‘No pongas todos los dedos juntos, andá pisando a medida que bajan las cuerdas que vas a tocar’. Desde ese día no paré más”.
Aunque luego sumó lecturas teóricas -toca el saxofón en la Banda Municipal y estudia la carrera de Letras-, reivindica el misterio intuitivo de las seis cuerdas: “Tengo 38 años, toco desde los 13 y la guitarra me sigue conmoviendo y sorprendiendo. Es un misterio”, define.
Nacho es autodidacta, pero reconoce que es importante la formación académica. “Yo considero que lo ideal sería que se sigan los dos caminos: el aporte del autodidacta y el estudio teórico; saber la parte teórica y desarrollar el oído, que es muy importante”.
Más del 90 por ciento de sus composiciones le cantan al terruño. Esa pulsión se agudizó cuando a los 23 años partió hacia Mendoza y luego a Buenos Aires. “En esos cuatro años lejos apareció fuerte la querencia y el desarraigo. Compuse muchísimo; de ese tiempo es la chacarera ‘De chacra y polvareda’, que grabó y canta el querido Darío Mercado”.
En la pospandemia plasmó sus primeros registros en el estudio de Ignacio Arréguez: la chaya “Por varios motivos”, la chacarera “Autigasta” -inspirada en los textos del historiador Rosa Olmos para rescatar antiguos nombres originarios de nuestros pueblos- y la zamba “La Huaycamera”. “El término huaycamero solía usarse a veces con un tono despectivo. Mi objetivo era hacer una zamba que revirtiera eso, que transmitiera orgullo de pertenencia”, destaca. Con el corazón repartido entre Santa Rosa, Paclín y La Puerta, sus versos rinden tributo a rincones específicos: “Para Ambato hice ‘Peregrino de tu sol’, pero me olvidé de nombrar a Isla Larga. Para saldar esa deuda les compuse un escondido exclusivo”.
Su andar sobre los escenarios incluye tres presentaciones consecutivas en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, además de pasos por festivales en El Rodeo, La Puerta, Andalgalá, Córdoba y Tucumán. En todos ellos sostiene una bandera innegociable: un repertorio 100% propio.
“Al principio algunos colegas me sugerían hacer 70% propio y 30% de covers para no arriesgar tanto, pero elegí ser fiel a mi búsqueda. Sé que puede ser el camino más difícil, pero la gente lo agradece. Cuando bajo del escenario y alguien se acerca a decirme que le gustó escuchar algo nuevo que hable de Catamarca, siento que el esfuerzo vale la pena”, asegura.
Lejos de anclarse en la nostalgia complaciente, Nacho proyecta composiciones que problematicen mandatos. “Nosotros tenemos canciones heredadas de nuestros mayores como Atahualpa, Manuel Acosta Villafañe, Polo Giménez, Atuto Mercau Soria, Margarita Palacios... son todos compositores catamarqueños que han vivido en una generación, y hay como un abismo grande hasta las generaciones de ahora, ¿me entendés? Entonces, la idea mía es mostrar en las canciones la visión de esta generación”.
Entre canciones que van subiendo a plataformas, libros universitarios y la fidelidad intacta a su tierra, Nacho Andrada sigue pedaleando por los senderos de Valle Viejo. Con los sentidos puestos en el paisaje y las manos en la guitarra, transformando el aire cotidiano en zambas de identidad pura.
Texto: Pablo Vera
Fotos: Ariel Pacheco
En plataformas y en banda
- Canciones disponibles: en Spotify y en el canal oficial de YouTube de Nacho Andrada.
- Músicos que participaron en sus grabaciones: Pablo Arch (flauta traversa), Jonathan Lisard (percusión), Norman Yacante (percusión), Mauricio "Chivita" Páez (guitarra y voz), Ale Rodríguez (percusión) e Iván Zaffe (bajo).
La paila (zamba)
Vieja paila de la abuela
Donde el dulce cocinaba
Como en su memoria
Los gajos son recuerdos
Cuelgan frutos de nostalgia.
Hollín y barro por su rostro
En la humareda lagrimeaba
Iba atardeciendo en su cuerpo
Hecho de higueras,
Si el fueguito la alumbraba.
Estribillo:
Se ha ido la abuela
Y quedó su paila
Resistiendo a los ventarrones
Cuando el sol toca su cobre
Ya se me aparece a los rezongones
Cuando el sol toca su cobre
Tiempo de la infancia y de los sabores.
Apilaba en un costado
Tanta leña que juntaba
Y de vez en cuando
En su paso de torcaza
Una zamba ella bailaba.
Vieja paila de la abuela
Tan azabache y desgastada
Piedra, barro y champa
En sus manos de tacuara
Mezclando penas olvidaba.
Letra y música: Nacho Andrada