Historia

Los funerales de Sarmiento en Catamarca

24 de octubre de 2026 - 02:05

A fines del siglo XIX, Catamarca continuaba como una sociedad de fuerte impronta tradicionalista y conservadora, regida por estrictas normas sociales y religiosas. Ante los vientos de modernización y las corrientes de pensamiento libre que recorrían el país, la provincia tendía a resguardarse en un cerco inmovilista, reaccionó a las transformaciones institucionales y culturales de la época.

En este contexto socio-histórico, la figura de Domingo Faustino Sarmiento emergía como una de las más trascendentales y, a la vez, controvertidas de la historia argentina. Su perfil filosófico y político estaba profundamente influenciado por su adscripción a la masonería, dimensión que moldeó su visión universalista y reforzó su compromiso con principios como el progreso, la tolerancia y la secularización. Para el sanjuanino, tales metas sólo eran alcanzables mediante la educación pública y el ejercicio de la soberanía popular. Su célebre consigna “Educar al soberano” fortalece el propósito fundamental de erradicar la ignorancia como única vía para neutralizar los despotismos.

Sarmiento fue iniciado masón en la Logia Unión Fraternal de Valparaíso, Chile, el 31 de julio de 1854. En Argentina fue uno de los fundadores de la Logia Unión del Plata Nº 1. El 18 de abril de 1882 se afilió a la Respetable Logia Obediencia a la ley Nº 13. En 1860 recibió el Grado 33. El 12 de mayo de 1882 asumió como Gran Maestre de la Masonería Argentina, en fórmula electoral con Leandro N. Alem.

Tras el deceso del exmandatario el 11 de septiembre de 1888, el Poder Ejecutivo Nacional, encabezado por el presidente Miguel Juárez Celman, promulgó un decreto que exhortaba a las provincias a rendir honores oficiales al “Maestro de América”. Sin embargo, la instrumentación de estas exequias en suelo catamarqueño desencadenó un tenso conflicto institucional entre el gobierno provincial y las autoridades eclesiásticas locales, un episodio detalladamente rescatado por la historiadora Elsa Ahumada del Pino en su obra Un siglo de educación pública en Catamarca.

El gobernador de Catamarca, José Dulce, dictó el Decreto N.º 300 el 24 de septiembre de 1888. En él se disponía que el Intendente Municipal, la comisión popular y el Presidente del Consejo de Educación organizaran solemnes honores fúnebres con la participación de las fuerzas de seguridad y el acompañamiento militar.

“De conformidad al decreto de fecha 17 se septiembre y habiéndose practicado la inhumación de los restos del Gral. Sarmiento el viernes 21 en Capital Federal.

El Poder ejecutivo Decreta:

Art.1 El Intendente Municipal se pondrá de acuerdo con la comisión popular y presidente del Consejo de Educación para que los honores fúnebres que se celebren revistan la mayor solemnidad posible a cuyo fin concurriera el jefe general de la Policía.

José Dulce

José R. Ibañez (1)

Se especulaba que asistirían al homenaje todos los Capellanes acompañados por el Vicario General. En la plaza principal se tendría que levantar una tarima para los oradores, luego estaría prevista la procesión cívica dispuesta. Los militares realizarían los honores correspondientes y la artillería estar dispuesta para el primer aviso y disparar las salvas.

El día 20 de septiembre de 1888 el Ministro Julio Herrera le envía una nota oficial al Vicario José F. Segura, manifestándole:

"Con esta fecha me dirijo al Pbro. Cura Párroco de esta capital pidiéndole se sirva para preparar el templo de la mejor manera posible, para el solemne funeral que se celebrará por cuenta del gobierno de la provincia, por el alma del finado Ex Presidente y General de la Nación Don Domingo Faustino Sarmiento, en el día que oportunamente se designará.”

Herrera argumentó que ceremonias análogas ya se habían llevado a cabo en templos de Corrientes y Buenos Aires sin contratiempo alguno.

La respuesta eclesiástica no tardó en evidenciar la fisura. Al día siguiente, el padre Segura contestó de manera evasiva, señalando que las “dificultades” para acceder al petitorio escapaban a su potestad inmediata y que había elevado la consulta de forma telegrafía al Arzobispo y al Vicario Capitular. Pese a reconocer diplomáticamente los méritos públicos del extinto prócer, el clero secular respaldó unánimemente la postura de diferir cualquier decisión a las máximas autoridades prelaticias.

El padre Segura le responde al día siguiente:

“Al Sr. Ministro de Hacienda Dr. Julio Herrera: He recibido su nota de fecha 20 del corriente en que se me avisa que con esta fecha se dirige al Pbro. Don Francisco Brizuela, Cura de esta Matriz, pidiéndole se sirva preparar el templo de la mejor manera posible, para el solemne funeral que se celebrará por cuenta del gobierno de la Pvcia. por el alma del finado Gral. Don Faustino Sarmiento. En la conferencia tenida con S.S. y el señor Intendente Municipal he manifestado las dificultades que no estaban para la realización de los deseos de ese gobierno, dificultades que no estando en mis manos obviarlas, he consultado telegráficamente al Arzobispo y al Vicario Capitular, creyendo andar con más actividad.

Aún más reconociendo los méritos que el ilustre finado tiene para la República y como demorase la respuesta a la consulta hecha, he sometido el caso al clero secular; su opinión unánime ha sido que debe esperar respuesta de los prelados. Como a S.S., he manifestado ya las dificultades que habría no creo necesario repetirlos y así sólo agregaré que tan luego como llegue la respuesta le comunicaré a ese gobierno. José F. Segura". De alguna manera estiraba el tiempo para tomar una decisión ante este tipo de circunstancia.

Ante el aplazamiento, el ministro Herrera insistió directamente ante el cura párroco de la Catedral, el Pbro. Francisco Brizuela. La réplica del párroco Brizuela expuso sin ambages los motivos teológico-normativos del rechazo:

"Habiendo dictado por el Excelentísimo Gobierno de la Nación, un decreto por el cual se ordena la celebración de funerales por el alma del finado ex Presidente de la República y General de la Nación Don Domingo Faustino Sarmiento, y deseando este Gobierno asociarse a este duelo nacional de la misma manera que lo ha hecho aquel, ha dictado un decreto con fecha 17 del corriente ordenando también entre otros honores, la celebración en el templo de la Matriz de un solemne funeral. Este Gobierno espera que Ud. no tendrá inconveniente alguno en impartir las órdenes necesarias para que se prepare el templo de la mejor manera posible para la celebración de aquél, en el día que oportunamente se le designará."

Seguida de este intercambio no se dejó esperar una respuesta por parte del padre Francisco Brizuela, que en definitiva eran los motivos reales de la esquiva confirmación.

Brizuela condicionó cualquier servicio religioso a la presentación de “documentos fehacientes” que acreditaran que Sarmiento había abjurado de la masonería y muerto en el seno de la fe católica, una exigencia de imposible cumplimiento.

"Sr. Ministro de Hacienda, Culto e I. Pública:

En la fecha he recibido la respetable nota emanada de ese Ministerio a su cargo, e impuesto de su contenido debo decir a S.S. que siendo bien conocidas las ideas anti-católicas que como principios ha profesado las logias masónicas y por haberlo él mismo, no menos que sus admiradores, manifestado pública y solemnemente en diversas ocasiones, tanto en sus discursos como en sus escritos, me es doloroso no acceder a los deseos del Exmo. Sr. Gobernador, por cuanto nos está terminantemente prohibido y bajo severas penas, por las leyes de la Iglesia, que tengo que respetar, el celebrar los oficios y sufragios públicos de la Iglesia en honor de los que no han muerto en su comunión, mientras no conste la abjuración de sus errores. Pero en todo caso, si ésta ha tenido lugar y el Sr. Gral. ha muerto como católico, espero que S.S. tendrá la amabilidad de hacérmelo saber por documentos fehacientes y en este caso no habrá inconveniente alguno para celebrar los funerales que se me piden. Sin embargo, si S.S. cree injusta mi negativa, puede ocurrir al Sr. Vicario Foráneo que es mi Prelado inmediato, cuyas órdenes yo acataré inmediatamente."

Con esta repuesta se manifestaban los verdaderos motivos de los desplantes ante la petición del ministro, el motivo radicaba que Sarmiento era masón y por lo tanto había muerto con esa condición y de tal manera la Iglesia no podía hacer parte de una ceremonia donde se homenajeaba a un supuesto hombre con ideas anticlericales, pero los honores serían posibles si el difunto había dejado constancia de la abjuración de sus errores, lo cual era imposible.

Al día siguiente el Ministro Herrera telegráficamente se dirige al Vicario Foráneo Pbro. D. José F. Segura en estos términos: "Siendo urgente reconocer la resolución que haya tomado esa Vicaría acerca de la nota de este Ministerio de fecha de ayer, relativa a la celebración de los funerales del finado Gral. Sarmiento, pido a V.S. que se sirva comunicarla a la brevedad posible."

Ante la negativa de realizar los honores en la catedral, los actos se cumplieron como estaba previsto, los militares y el cuerpo de gendarmes, formaron en la plaza a primeras horas del día, la banda de música tocó el Himno Nacional y la marcha fúnebre. La artillería terminó tirando cinco cañonazos consecutivos, continuando con un cañonazo cada media hora. Tocando la marcha fúnebre volvieron las fuerzas a sus cuarteles.

A las tres y media se hizo una llamada general y se volvió a formar en la plaza la que se llenó de gente y donde se presentaron en completo orden las escuelas públicas. La gran marcha de la ciudadanía quedó establecida de esta manera: Los alumnos del Colegio Nacional. En seguida el Gobernador José Dulce, sus ministros y el público en general, la banda de música, las fuerzas de la escolta militar y el cuerpo de gendarmes. Las escuelas nacionales y provinciales Normal de Niñas, Normal de Varones, Municipal de Niñas, Municipal de varones, escuela de San Francisco, escuela de Villa Cubas y los establecimientos educativos de la Chacarita y San Isidro de Valle Viejo. La columna marchó hacia el Colegio Nacional, donde se erigió una capilla ardiente, para luego culminar en la Plaza 25 de Mayo. Allí, las autoridades presidieron el acto desde un palco ornamentado con los colores patrios, rodeados por una ciudadanía respetuosa que escuchó las estrofas del Himno Nacional.

El clima de polarización tuvo inmediatas repercusiones en las instituciones educativas. El 22 de setiembre el Consejo de Educación comunica que han sido destituidas las profesoras Srtas. Etelvina Barros y Raquel Páez, por haber declarado que no estaban dispuestas a concurrir a la manifestación que había decretado el Consejo de Educación en uso de un derecho que le es privativo, en honor a Domingo Faustino Sarmiento. La Resolución fue sancionada por unanimidad con las firmas del Presidente: Abel Delgado, Vocales: Juan B. Retamal, Juan José Ibáñez, Alejandro Ruzo y Francisco Romay. Luego el Consejo se constituyó desde las once en sesión extraordinaria.

El conflicto resonó con fuerza en la prensa local. El diario El Montañez, principal órgano de difusión política del oficialismo provincial y afín al gobernador Dulce, cuestionó severamente la intransigencia del clero y de los sectores que apoyaron el boicot en su edición del 22 de septiembre de 1888.

Comentó estos sucesos en Catamarca, del día sábado 22 de setiembre de 1888: "¿Saben la misma en su actitud... ¿No pueden ir a la plaza en homenaje al gran educacionista porque era masón? ¿Y por qué entonces leen y aprenden con los libros de Horacio Mann que era protestante? ¿Por qué se educaron bajo la dirección de Clara J. Armstrong aquí en Catamarca, que pertenecía a la misma religión? ¿No han estudiado acaso la religión en los libros de Sarmiento? ... Y al comentar la actitud del clero catamarqueño afirma: "El clero ha dado en esta ocasión una nota falsa que sin motivo alguno ha venido a producir y ha provocado un incidente que felizmente no tendrá consecuencia por el solo hecho de que nos alumbra un sol hermoso de libertad y nos gobiernan en la nación Miguel Juárez Celman y en la provincia José Dulce."

La muerte de Sarmiento expuso en la agenda pública de Catamarca la existencia de un enfrentamiento o disputa subyacente entre los sectores del poder local donde los masones y sus acciones eran un eje del enfrentamiento. En términos generales, los testimonios plasmados en periódicos locales, permiten observar la marcada efervescencia de los debates, las ideas y la existencia de masones en instituciones de la comunidad catamarqueña como escuelas y en el gobierno provincial que pugnaban con el poder eclesiástico.

Asimismo, la figura del gobernador José Dulce contiene una profunda carga simbólica. Era hijo de Gregorio Dulce, ministro de Gobierno de José Cubas, quien había sido ejecutado violentamente en 1841 durante la invasión de las fuerzas rosistas a Catamarca. El periódico El Montañez fue propiedad del periodista Antonio Argerich, el mismo es reconocido como uno de los precursores de la masonería en Catamarca, fundador de la Logia Masónica General Mitre N°118 junto a otras personalidades de la sociedad catamarqueña. Este medio de comunicación siguió de cerca los acontecimientos entre el Poder ejecutivo y la Iglesia al respecto sobre los funerales de Sarmiento en la ciudad de Catamarca.

El fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento trascendió las honras fúnebres para transformarse en un catalizador de las disputas latentes entre el poder civil y el eclesiástico en la Catamarca de fines del siglo XIX. Los episodios de septiembre de 1888 visibilizaron la pugna entre un proyecto de Estado laico y modernizador impulsado por sectores liberales y masones incrustados en la administración y en el sistema educativo y una sociedad tradicional alineada con la dogmática clerical. La muerte del prócer no sólo enlutó a la nación, sino que expuso las profundas fracturas ideológicas sobre las que se moldeaba la identidad institucional de la provincia.

Texto y Foto: colaboración de Carlos Carabajal

Del Libro: Masones y Masonería en Catamarca de Carlos Carabajal y Daniel Nieva

1- Decreto N° 300 Leyes y autógrafos - tomo 25 septiembre 1888 Archivo Histórico de la Provincia de Catamarca

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