Hay hechos, circunstancias y acontecimientos que van quedando como hitos sagrados en el devenir de una comunidad y hacen a su cultura y a la idiosincrasia de su gente.
El Génesis de la plaza andalgalense
En cada sitio, en cada localidad, en cada provincia, en los rincones más inhóspitos del mundo y del continente existe un punto de concentración, una referencia que caracteriza, por su ubicación y su paisaje, el nodo confluente de una vida prospera que se mueve y constituye en torno a ella. Es el lugar en el que “ cobran significado los encuentros, las charlas, las reuniones de amigos, los espacios recreativos, la concentración para asistir a misa, las ferias y sus artesanos, los guitarreros, los cantores, los copleros, bailarines, escultores, etc.”, la definen. Este lugar “de todos”, venció todo tiempo, depositando a los transeúntes la calidez de sus arboledas, sus monumentos, los caminos que nos conducen al centro de la misma o nos permiten transitarla en todo su esplendor; recorrerla nos permite viajar en el tiempo, recordar a nuestros antepasados y el legado que nos fueron dejando, lo que a su vez nos posibilita contemplar el presente, pero sobre todo, nos permite avizorar un futuro próspero y pujante que conserva todo aquello que huele a tradición, a historia y a cultura.
En este medular trabajo, “Libro de Actas Comisión de la Plaza 1878 – 1895”, los autores rescatan documentos que evidencian los orígenes del uso y la distribución del agua con la transcripción de algunas actas fundacionales, inéditas copias de ellas donde pueden verse el accionar, los nombres y las firmas de nuestros antepasados, los que pusieron las primeras semillas de organización vecinal y los cimientos de la comunidad andalgalense.
La Comisión de la Plaza fue la primera experiencia de organización municipal. Nació en las postrimerías del siglo XIX, cuando los vecinos del antigua Plaza ensayaron una participación ciudadana, en tiempos anteriores a la implementación del sufragio universal, fruto de la ley Sáenz Peña de 1912. “El azar ha permitido que llegara a nuestras manos una copia del Libro de Acta que, por cierto, tiene 143 años. Estamos persuadidos sin temor a equivocarnos que, a falta de Libros Capitulares, Andalgalá tiene en éstas Actas, un testimonio de sus génesis institucional”, resaltan los investigadores.
Todo comenzó cuando los vecinos propietarios solicitaron al Juez Partidario Manuel Malbrán que gestione ante el gobierno de la provincia una “Naranja de Agua”, para ser distribuida, ordenadamente, entre las 8 manzanas y la Plaza. Concedida la expropiación por el Poder Ejecutivo se iniciaron las obras de canalización desde la toma ubicada en cercanías del actual Club Tiro Federal Y Gimnasia. En el primer año de gestión (1878) se concretó la obra de los canales para llevar el agua de riego a la Plaza.
Ya que San Fernando del Valle, desde 1879, poseía aguas filtradas, Andalgalá siguió ese ejemplo. Los vecinos estaban fastidiados de consumir agua insalubre de los canales, agua que por entonces era depositada en los aljibes o bien en grandes tinajas enterradas. Esto les causaba enfermedades y problemas digestivos, y muy pocos tenían un filtro de piedra porosa en sus hogares para purificarla.
El 15 de diciembre de 1891 la señorita Mercedes Figueroa donó un terreno para construir los primeros filtros y las piletas, que todavía se pueden apreciar algunos vestigios en la actual propiedad de la familia Casas-Giordani por Avenida 2 de Abril (ver foto). Estos filtros se inauguraron el 12 de octubre del año siguiente con una magna celebración popular.
La manzana que hacía de Plaza fue mejorada, nivelada, trazada por sus diagonales y alumbrada con farolas; se colocaron los postes y alambrado, se plantaron naranjos, ubicaron asientos y tornos para el ingreso de los vecinos. Por primera vez, contaban con un paseo público ordenado y adecuado para esparcimiento familiar.
Valor histórico
“Estos documentos públicos además de su innegable valor histórico, son un testimonio fiel de cómo sentían y construían el bien común nuestros predecesores, quienes dotados de una firme convicción republicana trabajaron sin percibir sueldo alguno, convencidos de que atender las cuestiones de la ciudad, era de vital importancia, muchas veces descuidando sus ocupaciones privadas, cuando eran llamados a representar al vecindario”, apuntan Sánchez y Balsá Saracho.
Figuras como el Pbro. Rafael D´Amico, Samuel Lafone Quevedo, Cristino Figueroa, Manuel Malbrán, Federico Schickendantz, Antonio Móller Hilario Molina, Augusto Liedelich, Amalio Sánchez, Juan Jorba fueron, entre otros, los pioneros y algunos llegaron al cargo de “Presidentes de la Comisión de la Plaza”. La distintiva institución finalizó con un cierre de actas, el 14 de marzo de 1895 después de diecisiete años de funcionamiento. Fue la única comisión no gubernamental que trabajó para el bien común en aquellos tiempos. Todos sus bienes muebles e inventarios pasaron a la naciente “Comisión Municipal” creada por Decreto del Gobernador Dr. Julio Herrera un 5 de diciembre de 1894.
Colaboración: Claudio Balsá Saracho