A Edith Pérez le bastó una noche frente al espejo de los camarines para dejar atrás toda una vida de timidez. Jamás se había acomodado el cabello de esa forma y asegura que, hasta ese momento de su vida, sentía que los complejos la dominaban por completo. Pero cuando el equipo de maquillaje y peinado terminó con su trabajo y las luces del Teatro Urbano Girardi se encendieron, Edith desapareció. En su lugar, emergió Margarita, un personaje desopilante que le permitió habitar el escenario con una libertad inédita. Ese es, precisamente, el poder de "El Casamiento del Año", la obra que marcó el exitoso debut del Taller Municipal de Teatro para Adultos Mayores.
El cuerpo, el alma y la carcajada
A través de la comedia "El Casamiento del Año", un grupo de mujeres venció complejos y prejuicios para transformar el escenario en un refugio vital de compañerismo, resiliencia y libertad.
La noche del 18 de septiembre, a las 21 la sala se colmó de un público expectante conformado por familiares, amigos y vecinos que aportaron un alimento no perecedero como entrada.
La semilla de esto se plantó en el mes de abril, dentro de las instalaciones del Consejo Municipal de Adultos Mayores, un espacio que pertenece al Consejo Multisectorial. Allí llegó Vida Ignes, la directora general de la puesta en escena, impulsada por el deseo ferviente de trabajar con esta franja etaria tras haber sumado experiencia previa dirigiendo a infancias y juventudes. "Es la primera vez que trabajo con adultos mayores, por eso cada clase y la obra de teatro también lo sentí como una primera vez; fue divino, fue hermosísimo", confiesa la directora, visiblemente conmovida por el proceso.
La decisión de abordar el proyecto desde el género de la comedia no fue en absoluto casual, sino producto de una visión artística muy clara. Vida sostiene que la comedia es uno de los géneros más complejos y exigentes del teatro, porque requiere comprometer múltiples partes del cuerpo y demanda una construcción de personaje sumamente meticulosa. Para la mayoría de las personas, explica la directora, resulta mucho más fácil conectarse con la angustia o el llanto frente al público. Sin embargo, el desafío de provocar la risa genuina trae consigo una recompensa inigualable: "No hay nada más lindo que escuchar al público que se ríe, es mucho mejor ver a un público disfrutando", reflexiona.
Ese compromiso físico y emocional se forjó de manera paulatina, los jueves de 17 a 18.30 horas. Los primeros encuentros consistieron en derribar barreras corporales históricas y enfrentar inseguridades profundamente arraigadas. Las actrices rememoran aquellos ejercicios iniciales y fundacionales donde debían pararse frente a frente con compañeros a los que apenas conocían. El mandato era simple pero aterrador: mirarse fijamente a los ojos, observar la nariz del otro, detallar la boca y animarse a hacer "caras feas" para desarmar los nervios, el miedo al ridículo y los prejuicios estéticos. Fue en esa incomodidad lúdica donde el taller se convirtió en un refugio. "Nunca pensé que a esta altura de mi vida iba a hacer teatro y es algo maravilloso", relata con asombro Silvia Espinoza, quien en la obra le dio vida a la refinada y estructurada Martirio, una mujer de la alta sociedad. Silvia llegó al taller por recomendación de su amiga Amalia, y describe este espacio de encuentro creativo como un verdadero "pilar de vida", un salvavidas anímico que encontró luego de atravesar un duro y prolongado problema de salud.
Para otras integrantes del elenco, como Vilma Ferreyra, el teatro no fue un descubrimiento repentino, sino una vieja cuenta pendiente que finalmente pudo saldar tras haberse jubilado hace cinco años. Su historia de amor con las tablas se remonta a su primera infancia. A los cinco años participó en una obra escolar con tal nivel de entrega que su propia madre se sorprendió desde la platea al ver cómo recitaba y actuaba sin titubear. Esa destreza natural la llevó a formarse en declamación, a trabajar en escuelas artísticas, y a desarrollarse como profesora de danza folclórica y de artes plásticas. "Yo de chiquita le digo a mi hermana que soy sinvergüenza, nunca tuve vergüenza del público", bromea Vilma con una sonrisa contagiosa, aportando al grupo todo su histrionismo, su experiencia frente a los alumnos y su capacidad innata para salir de la zona de confort.
El elenco, completado por las talentosas Berta Elsa Olmos, Edith Ferreyra, Emilce Salman, Elena Pérez, Norma Ríos, Alicia Cruz y Rik Rimaro, junto a la destacada actuación especial de César Aybar, formó una red de contención, compañerismo y solidaridad inquebrantable que trascendió rápidamente las paredes del Consejo.
La motivación por el estreno inminente era tan grande que los ensayos oficiales dejaron de ser suficientes. Por iniciativa propia, el grupo comenzó a reunirse en la casa de una de las compañeras para seguir puliendo los diálogos y marcando los movimientos escénicos. Esos encuentros extracurriculares se transformaron en rituales de amistad, acompañados de interminables rondas de mate y comida. "Tenemos dos kilos de más todas", confiesan entre risas, recordando cómo Vida Ignes las contagió con una energía desbordante que las mantenía en constante movimiento.
El contraste entre el trabajo genuino, hecho a pulmón, y las producciones comerciales vacías de contenido se hizo evidente para el grupo durante el proceso. Una de las actrices relata una experiencia reveladora: haber pagado una entrada en la plaza teatral de Villa Carlos Paz para ver una obra protagonizada por dos mujeres sentadas a una mesa, apoyada en recursos vulgares y diálogos vacíos, lo que la motivó a levantarse y abandonar la sala en plena función.
Ellas mismas reconocen el inmenso valor de contar con estos espacios creativos, subrayando que en el Consejo tienen acceso a talleres de narrativa, folklore y bienestar, todos de carácter libre y gratuito.
Semejante despliegue escénico y emocional no hubiera sido posible sin una red institucional y técnica que sostuvo el proyecto desde sus cimientos. Detrás de escena, hubo un esfuerzo colectivo enfocado en hacer brillar a las protagonistas: cada pincelada de maquillaje, cada diseño de luces y cada silla acomodada fue parte de un acto de amor que las actrices y la dirección agradecen profundamente, sabiendo que el teatro es, ante todo, un trabajo de equipo.
La noche del estreno, toda esa tensión acumulada y ese trabajo silencioso estallaron en aplausos. La sala devolvió carcajadas constantes que retroalimentaron la energía de las actrices. Desde el escenario, a pesar del encandilamiento de los focos, podían percibir la alegría de la gente.
"Había alguien que desde que entramos no paró con la carcajada, yo la quería ver y con las luces ahí no se le veía, pero todo el tiempo se reía", recuerdan fascinadas, guardando en su memoria coral las voces de hombres y mujeres que disfrutaban de la velada. Al finalizar, los amigos de las protagonistas reclamaban que la obra se les había hecho corta, un síntoma inequívoco del éxito rotundo del relato.
Hoy, la vida cotidiana de estas mujeres ha cambiado para siempre. La atmósfera en los pasillos del Consejo de Adultos Mayores tiene un aire de camaradería y reconocimiento distinto. El lunes siguiente a la función, cuando algunas de ellas ingresaron al edificio para asistir a sus clases de armonía y bienestar, fueron recibidas por sus pares con aplausos espontáneos y una frase que resume su nueva identidad: "¡Ay, llegó la actriz!". Mientras Ignes confiesa sentirse plenamente realizada al ver a su elenco apropiarse del escenario con tanta solidez, el grupo ya piensa en el futuro. Ante la abrumadora demanda del público en redes sociales, la directora y el elenco se preparan para armar la agenda de los próximos meses, evaluando las adaptaciones técnicas necesarias para llevar "El Casamiento del Año" a diferentes localidades del interior de la provincia.
El teatro, entendido como una práctica que compromete el cuerpo y el alma dentro y fuera de escena, demostró una vez más su capacidad sanadora. Sentirlo como la primera vez, dejarse atravesar por emociones intensas, y permitirse jugar sin importar la edad, es la gran victoria de este elenco. Como ellas mismas proclaman, celebrando la existencia de este taller municipal que les devolvió la capacidad de soñar despiertas.
Texto: Pablo Vera
Fotos: Ariel Pacheco
Ficha Técnica y Agradecimientos
Elenco: Vilma Ferreyra, Berta Elsa Olmos, Edith Ferreyra, Emilce Salman, Elena Pérez, Silvia Espinoza, Norma Ríos, Alicia Cruz y Rik Rimaro.
Actuación especial: César Aybar.
Dirección General y puesta en escena: Vida Ignes.
Iluminación y operación técnica: Maximiliano Reynoso.
Agradecimientos: Al equipo del Consejo (Tami, Angi, Vane, Majo, Gaby, Zoe, César), a la Administradora de los Consejos Multisectoriales Sol Roldán, al Director de Cultura Alejandro Farfan y su personal, al personal de sala del Teatro Urbano Girardi y @cosmiceye.ph, al equipo de la Dirección de Políticas Sociales y Educativas por el maquillaje y peinado, y a todos los seres queridos y público general que colmó la sala.