domingo 19 de julio de 2026

De La Plata al Poncho, con Catamarca en el corazón

Aunque vive en La Plata desde hace años, Sol Margueliche nunca dejó de mirar hacia Catamarca. Egresada del ISAC y con una carrera consolidada en la escena independiente del reggae, este año cumplirá un anhelo especial: presentarse por primera vez en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho.

Aunque su documento diga que nació en La Plata, Sol Margueliche sostiene que su historia comenzó mucho antes en Catamarca. Hija de una familia con raíces en la capital y en Balcozna, departamento Paclín, creció entre ambas provincias, atravesada por esa migración silenciosa que marcó a tantas familias del interior. "Nunca sentí que me hubiera ido de Catamarca, porque, de alguna manera, nunca me fui", resume.

Compositora, cantante y docente, se formó como profesora de Música en el ISAC, donde consolidó buena parte de su identidad artística. También trabajó en escuelas del interior provincial y comenzó a desarrollar un camino musical que hoy la encuentra consolidada dentro de la escena independiente del reggae argentino, con colaboraciones junto a artistas de Argentina y Latinoamérica y una propuesta que combina el reggae roots con letras atravesadas por la naturaleza, la comunidad y la búsqueda interior.

Este año, su historia suma un capítulo especial. Debutará en uno de los escenarios oficiales de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, un regreso cargado de significado para quien asegura que Catamarca nunca dejó de ser parte de su vida. "No volví porque nunca me fui", dice, sintetizando un vínculo que trasciende la distancia y que vuelve a expresarse, esta vez, a través de la música.

Te vas a presentar por primera vez en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. ¿Cómo recibiste la noticia y qué significa para vos formar parte de uno de los escenarios más importantes de Catamarca?

Sí, es la primera vez que voy a presentarme en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Desde hace un par de años, amigos músicos de Catamarca me insistían en que postulara mi proyecto para formar parte de este hermoso encuentro. Durante mucho tiempo tuve la idea de que era un espacio exclusivamente para el folclore y, por eso, nunca me había animado a presentarme. (Nota, estará el jueves 23 de julio en el Mercado Cultural).

Cuando recibí la invitación me puse muy contenta. Para mí es una alegría enorme poder compartir mis canciones en uno de los escenarios culturales más importantes de Catamarca y acercar una propuesta de reggae a un público tan diverso.

¿Qué significa hoy la provincia en tu vida y en tu música?

Catamarca es la provincia de toda mi familia. Por trabajo y por amor, distintas generaciones tuvimos que migrar, pero siempre con la certeza de que íbamos a volver. Es parte de mis raíces y de mi identidad.

En mi música aparece esa búsqueda de volver a lo esencial: la naturaleza, la memoria y la comunidad. Además, soy egresada del ISAC, donde me formé como profesora de música, y esa institución fue fundamental en mi camino artístico y profesional.

¿Recordás el momento en que decidiste que la música iba a ser mucho más que un hobby?

No hubo un momento puntual. Fue un camino. Empecé a cantar muy joven y, con el tiempo, entendí que la música era mucho más que un hobby: era mi forma de expresar lo que sentía, de hacer preguntas, compartir ideas y conectar con otras personas.

Con los años comprendí que quería construir un proyecto propio, escribir mis canciones y sostenerlo con trabajo, constancia y mucho amor. Hoy sigo eligiendo ese camino, convencida de que la música tiene la capacidad de acompañar, generar reflexión y transformar realidades, aunque sea de a poco.

¿Alguna vez pensaste en abandonar la música? ¿Qué te hizo seguir?

Lo que me hizo seguir fue recordar por qué empecé: la necesidad de crear, de cantar y de compartir canciones que tengan algo para decir.

¿Cómo describirías tu propuesta musical a alguien que nunca te escuchó?

Diría que mi propuesta es un reggae con identidad propia. Tomo la esencia del género como un lenguaje para compartir canciones que invitan a la reflexión, al encuentro, al amor propio y a fortalecer el vínculo con la naturaleza y con nuestra comunidad.

Mis letras nacen de experiencias personales, de las historias que me rodean y de las preguntas que me hago sobre el mundo que habitamos. Musicalmente conviven el reggae roots y otras influencias que enriquecen mi búsqueda, siempre desde una mirada colectiva.

Aspiro a que cada canción deje una huella, aunque sea pequeña, en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza. Me gusta pensar que quienes me escuchan no sólo se llevan una melodía, sino también una emoción, una pregunta o una semilla para seguir creciendo.

El reggae suele asociarse con la resistencia y el compromiso. ¿Qué representa para vos en la actualidad?

Para mí, el reggae sigue siendo una forma de resistencia. Es una música que invita a detenerse, reflexionar y cuestionar aquello que muchas veces hacemos sin pensar. En un mundo que nos empuja al apuro y a la desconexión, propone otro ritmo y otra manera de vivir.

También representa el compromiso con la comunidad, el respeto por la naturaleza y la búsqueda de una sociedad más justa. Desde ese lugar escribo mis canciones: para abrir preguntas y generar encuentros.

Creo que hacer reggae de manera independiente también es una forma de resistencia. Es sostener un proyecto artístico con convicción y seguir creyendo que la música puede transformar y acompañar.

¿Qué artistas, incluso fuera del reggae, influyen hoy en tu forma de componer?

Escucho música muy diversa y creo que eso también se refleja en mis canciones. Siempre elegí escuchar a los grandes referentes del reggae jamaiquino, quienes marcaron una época y construyeron la identidad de un género que sigue inspirando a generaciones de músicos en todo el mundo. Ese legado, basado en la espiritualidad, la conciencia social y el amor por la vida, continúa siendo una referencia en mi manera de componer.

También me inspiran artistas contemporáneos como Clinton Fearon, Mike Love y Lila Iké, quienes mantienen vivo el género desde distintas perspectivas y siguen expandiendo su mensaje.

Escucho mucho reggae en español y sigo de cerca la escena argentina, que cuenta con una enorme diversidad de bandas y proyectos. A lo largo de mi recorrido tuve la oportunidad de colaborar con artistas como Gaspar Om, Los Jugos Locos y Maximus Roots. También trabajé junto al productor Bruno Huart, de FreedomSounds (Brasil), y con Mari Vi, de Costa Rica. Esos intercambios me enriquecen muchísimo y amplían mi manera de entender la música.

Fuera del reggae disfruto del folclore, la música latinoamericana y de artistas que escriben desde la identidad y la sensibilidad. Me inspiran las canciones que logran emocionar, hacer pensar y generar un vínculo genuino con quienes las escuchan, más allá del género al que pertenezcan.

Y, por supuesto, también encuentro inspiración fuera de la música: en la naturaleza, las conversaciones cotidianas, los viajes y las personas que se animan a transformar su realidad.

¿Qué papel juegan las redes sociales en la carrera de un músico?

Para mí, las redes son un puente. La música cobra su verdadero sentido cuando una canción encuentra un corazón dispuesto a escucharla.

Las redes sociales son una herramienta fundamental para quienes hacemos música. Nos permiten compartir nuestro trabajo, llegar a nuevos públicos y generar comunidad. Sin embargo, también sabemos que no siempre son espacios completamente democráticos: muchas veces la visibilidad depende de la inversión en publicidad o de cómo funcionan los algoritmos.

Por eso creo que el público tiene un papel muy importante. Me gusta pensar que cada persona puede elegir conscientemente qué música escuchar, qué artistas apoyar y qué proyectos hacer crecer con su escucha, más allá de lo que una plataforma le sugiera.

Vivimos una época en la que la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están transformando la manera de crear y difundir música. Me parece valioso que existan estas herramientas, aunque también es importante reconocer que no todas las personas pueden acceder a ellas en igualdad de condiciones. Aun así, confío en que las personas seguirán eligiendo aquellas canciones que nacen de una experiencia humana, porque son las que logran emocionarnos y generar una conexión real.

¿Qué proyectos tenés para lo que queda de 2026?

Este 2026 viene siendo un año de mucho movimiento. Mi objetivo es seguir llevando mis canciones a nuevos escenarios junto a mi banda, continuar componiendo y compartiendo nueva música.

Si el huayra nos acompaña, en octubre realizaremos la segunda edición de Latido: Reggae Bajo las Estrellas, un encuentro que impulsamos junto a Mar Selecta y artistas invitados. La primera edición, realizada el año pasado, fue una experiencia muy hermosa y nos dejó con muchas ganas de volver a reunir a la comunidad reggae para compartir música, naturaleza y buena energía.

Mi deseo es que las canciones y estos encuentros sigan creciendo y encontrando nuevos públicos. Y, por supuesto, disfrutar de esta primera presentación en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, que representa un momento muy especial en mi camino como artista.

¿Con qué sensación te gustaría que el público se vaya después de un show tuyo?

Si al terminar el show alguien se lleva una sonrisa, una reflexión o el impulso de abrazar a otra persona, siento que la música cumplió su propósito. Para mí, cada concierto es una oportunidad para encontrarnos, compartir y recordar que no estamos solos.

Texto: Pablo Vera

Fotos: Gentileza Sol Margueliche

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