ver más
El eventual apoyo tendría un valor más simbólico que concreto

Malvinas: la Argentina busca un gesto de respaldo de Estados Unidos en un escenario de tensiones globales

El Gobierno apuesta a obtener una señal política de Washington en medio de la histórica neutralidad estadounidense y las fricciones con el Reino Unido.

25 de abril de 2026 - 08:59

Para dimensionar la importancia de un eventual respaldo de Estados Unidos al reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas, primero hay que mirar el contexto histórico. Desde la guerra de 1982, Washington sostuvo una posición de neutralidad: no reconoce la existencia de un conflicto, y por lo tanto no avala el reclamo argentino, pero tampoco valida la administración británica, a la que considera de facto.

A lo largo de estas décadas hubo un intenso lobby de ambas partes. Sin embargo, por razones históricas y de peso estratégico, Londres logró imponerse en su relación con Washington. Aun así, en distintos momentos, funcionarios de alto nivel de Estados Unidos expresaron posturas más cercanas a la Argentina que al Reino Unido.

En paralelo, el gobierno británico insistió por diferentes canales para que Estados Unidos reconozca el resultado del referéndum de 2013 en las Islas, principal argumento británico para evitar discutir la soberanía. Ese planteo, sin embargo, no prosperó.

En este escenario, desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca creció la expectativa en la administración de Javier Milei de obtener algún tipo de respaldo de Washington. Se trata, de todos modos, de una aspiración más simbólica que concreta.

¿Qué busca la Argentina? Una expresión pública de respaldo, ya sea a través de una declaración de Trump, un comunicado conjunto en una reunión bilateral —ministerial o presidencial— o algún tipo de apoyo en organismos multilaterales, especialmente en la Organización de Estados Americanos (OEA).

En cuanto a Naciones Unidas, el margen es más acotado. Aunque la cuestión Malvinas se menciona con frecuencia en ese ámbito, no se vota en la Asamblea General de la ONU —donde participa Estados Unidos— sino en el Comité de Descolonización, del que Washington no forma parte. Por eso, por ahora se descarta un respaldo explícito en ese marco.

De ahí que el objetivo del Gobierno sea conseguir un pronunciamiento político: una declaración, una entrevista o, en el mejor de los casos, un documento formal. En paralelo, se apunta a sumar apoyos en espacios donde Estados Unidos sí tiene presencia, como la OEA.

La posibilidad de un giro en la postura norteamericana cobró relevancia en los últimos días a partir de una información de la agencia Reuters. Según esa agencia, el Pentágono evalúa distintas medidas para presionar a los países de la OTAN que no respaldaron la guerra contra Irán, entre ellas revisar el apoyo diplomático a “posesiones imperiales” europeas de larga data, como las Malvinas.

Un correo electrónico interno citado por Reuters menciona esa opción como parte de un paquete de sanciones destinadas a enviar “una señal contundente” a los aliados europeos. El secretario de prensa del Pentágono, Kingsley Wilson, lo planteó en esos términos: “Como ha dicho el presidente Trump, a pesar de todo lo que Estados Unidos ha hecho por nuestros aliados de la OTAN, ellos no han estado ahí para nosotros”.

En este contexto, también pesa la relación tensa entre Trump y el primer ministro británico, Keir Starmer. El presidente estadounidense lo calificó de “cobarde” por su reticencia a involucrarse en el conflicto con Irán y cuestionó el rol militar del Reino Unido. Esa fricción se da en un marco más amplio de creciente distancia entre Washington y los principales países de la OTAN, como Reino Unido, Francia y Alemania.

Sin embargo, hacia adentro del gobierno estadounidense persiste una línea histórica. El cuerpo diplomático mantiene una postura de no confrontación con Londres, basada en la relación estratégica entre ambos países. En ese sentido, funcionarios del Departamento de Estado consideran que lo más conveniente es sostener la neutralidad: no reconocer la soberanía argentina, pero tampoco convalidar la británica.

“La decisión que tome Trump, si es que la toma, dependerá de si escucha a su cuerpo diplomático o si avanza en una lógica más personalista”, señalan fuentes al tanto de las discusiones. En su segundo mandato, el presidente reforzó ese estilo en política exterior, con decisiones que en ocasiones se apartan de las recomendaciones técnicas.

En cualquier caso, incluso si se concretara un gesto a favor de la Argentina, no implicaría una ruptura con el Reino Unido. Sí tendría un peso simbólico relevante y podría influir en futuros planteos argentinos en organismos internacionales.

Por ahora, no está claro si la información difundida responde a una negociación en curso, a una señal de presión o a un plan concreto. Pero en la Casa Rosada siguen de cerca cada movimiento. El objetivo es claro: en un escenario de neutralidad persistente, cualquier documento o declaración de respaldo de Estados Unidos sería un activo político de alto impacto para la estrategia argentina sobre Malvinas.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar