Por Nehuen Vázquez
La travesía del HMS Medway: geopolítica, fútbol y la sombra inexorable de Malvinas
El paso del buque británico por aguas argentinas, reacciones (y silencios) en ambos lados del Atlántico.
El paso del buque británico HMS Medway por aguas argentinas a principios de mes reavivó el debate por la soberanía de las Islas Malvinas y alcanzó escenarios inesperados como la histórica semifinal del Mundial, que enfrentó a la Selección nacional contra Inglaterra. Lo que en principio Gran Bretaña calificó como una (presuntamente inocente) maniobra naval desencadenó una serie de reacciones en ambos lados del Atlántico.
El HMS Medway zarpó desde Puerto Argentino con destino a la costa del Pacífico y en su trayecto, navegó por aguas de jurisdicción nacional frente a Tierra del Fuego y Santa Cruz. Ingresó a Mar Argentino rumbo al Estrecho de Magallanes sin aviso a las autoridades nacionales.
La maniobra británica incumplió el protocolo anexo al Acuerdo Madrid II de 1990, diseñado para evitar incidentes entre ambas naciones, que las obliga a comunicar con antelación el desplazamiento de unidades militares en la región. En esta oportunidad, el mando británico no dio ningún tipo de aviso. Fue el Comando de Aviación Naval el que debió detectar y fotografiar la trayectoria del buque mediante un Beechcraft B-200M "Cormorán" desplegado por el Área Naval Austral, antes de que el patrullero inglés amarrara en el puerto chileno de Punta Arenas para reaprovisionarse.
“Votar con los pies”
Dicho puerto, en este escenario, reabre un nuevo panorama estratégico con respecto a la causa Malvinas. Durante su mandato, el expresidente chileno Gabriel Boric negó el acceso del buque al puerto, lo que en aquel momento se interpretó como una señal de apoyo al reclamo. Sin embargo, en la actual presidencia de Antonio Kast, la situación parece ser distinta: Cercano al Gobierno de Javier Milei, en reiteradas oportunidades deslizó mensajes amenazantes sobre la pertenencia de la Patagonia a la República Argentina.
Mientras tanto, desde el gobierno fueguino, el secretario de Malvinas y Atlántico Sur, Andrés Dachary, calificó el hecho como una "provocación flagrante" que busca naturalizar la consolidación de una infraestructura militar extrarregional en una zona clave para el acceso a la Antártida. Hasta aquel entonces, en el plano nacional, la respuesta del oficialismo todavía no había llegado. Diputados de la oposición, por su parte, presentaron un pedido de informes parlamentario para exigir explicaciones urgentes a la Cancillería y Defensa. Ante esto, Casa Rosada optó por un hermetismo y el silencio fue interpretado a través del acercamiento de la gestión de Javier Milei a potencias internacionales como Estados Unidos, y un aparente cambio de postura en el reclamo por Malvinas, evitando la confrontación diplomática.
En algunas oportunidades, incluso el propio presidente habló de la soberanía territorial apelando a la autodeterminación del pueblo kelper (los colonos ingleses de las islas), sobre quienes dijo: “Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”. Y sostuvo que la recuperación del territorio isleño estaría ligado a un eventual crecimiento económico de nuestro país.
Disputa e interés mundial
Ante el silencio del oficialismo, se dio un nuevo episodio del conflicto en un escenario tan ferviente como impensado: el fútbol. El cruce entre Argentina e Inglaterra por las semifinales de la Copa del Mundo cargó el ambiente de una tensión inevitable y despertó múltiples reacciones del otro lado del Atlántico.
El triunfo argentino funcionó como un catalizador del reclamo. Los jugadores desplegaron una bandera con la consigna “las Malvinas son argentinas”, que despertó feroces críticas (tanto internas como externas), pero también el interés mundial, alimentado por el recuerdo de la gesta que encabezó décadas atrás Diego Maradona.
Esto se vio reflejado en el aumento histórico de las búsquedas sobre “Islas Malvinas” a nivel mundial. Según un relevamiento de Adhoc, en los cinco días previos al encuentro, la conversación sobre Malvinas superó las dos millones de menciones. El día del partido, las menciones a las islas duplicaron a las registradas el 2 de abril, la fecha “oficial” del reclamo. El foco de estas búsquedas estuvo marcadamente del lado argentino: “Malvinas” se mencionó diez veces más que “Falklands”. Y hubo un dato que apunta directamente contra el oficialismo: las menciones que cruzaron a Milei con Malvinas acumularon un 66,7% de negatividad.
Malvinas no solo fue tendencia en Argentina. También lo fue en el mundo, empujada por la carga simbólica del cruce futbolístico y por la disputa territorial. Miles de usuarios que nunca habían escuchado hablar del tema decidieron buscar de qué se trataba ese “Islas Malvinas” escrito en una sábana de hotel.
Reacciones
Apenas horas después del final del partido, la Cancillería se vio obligada a romper el hermetismo y presentó una nota formal de protesta ante la Embajada del Reino Unido en Buenos Aires, denunciando el incumplimiento de la Resolución 31/49 de la ONU y de los tratados bilaterales de información recíproca. El canciller Pablo Quirno apeló al clima mundialista para justificar la estrategia, al señalar que en la diplomacia el trabajo no se grita como un gol, pero se ejecuta con la misma convicción.
Por otro lado, el gobierno de las islas (que solicitó una insólita sanción ante la FIFA) disparó un predecible rechazo ante la postura Argentina por la soberanía y provocó una respuesta formal desde Londres, la cual desestimó la queja argentina por el paso del buque y argumentó que el patrullero realizaba un tránsito protegido por el principio internacional de “paso inocente”. Este derecho permite que los barcos de cualquier país naveguen por el mar territorial (aguas cercanas a la costa) de otro Estado, siempre que el tránsito sea rápido, continuo y no represente una amenaza para la paz o la seguridad.
El impacto del episodio también dejó al descubierto grietas internas dentro de la propia opinión pública británica. En un análisis publicado por el medio The Guardian, el columnista Simon Jenkins sostuvo que mantener una postura de intransigencia en el Atlántico Sur desafía el "sentido común geográfico" y llamó al Reino Unido a reanudar las negociaciones de soberanía. Jenkins recordó los costos económicos que significa para los contribuyentes británicos sostener el dispositivo militar en Malvinas y citó como precedente el reciente acuerdo sobre Gibraltar para señalar que estos territorios coloniales no pueden permanecer al margen de sus continentes de forma indefinida.
Lo que comenzó como una maniobra sigilosa de un buque de guerra en el sur austral demostró que, a más de cuatro décadas del conflicto armado, cualquier movimiento en el Atlántico Sur reactiva de inmediato un reclamo histórico, en el que la diplomacia, la política y el fervor popular siguen jugando su propio partido.