"Necesitábamos estar juntos, necesitamos compartir esto". A 50 años de sus secuestros y tras décadas de búsqueda a ciegas, familiares de cuatro desaparecidos recibieron los restos identificados en el centro clandestino más grande del interior, La Perla, en Córdoba. Con pequeñas cajas de madera en mano y un pedido intacto de justicia, encabezaron una conmovedora procesión hasta la Catedral Metropolitana y la Plaza de Mayo.
Emotiva entrega de los restos de cuatro desaparecidos en La Perla
Sus familiares marcharon en una conmovedora procesión hasta la Catedral Metropolitana y, posteriormente, hacia Plaza de Mayo.
Durante medio siglo sus familiares los buscaron sin certezas, hasta que en marzo pasado fue detectado en ese lugar ADN compatible con ellos. Y este viernes, familiares de Nélida Noemí Moreno, José Luis Goyochea, Rosa Cristina Godoy y Carlos Cayetano Cruspeire recibieron los huesos hallados y realizaron una emotiva misa y procesión junto a cientos de personas.
En marzo de este año, cuando se cumplía medio siglo del golpe de 1976, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó a 12 personas con nombre y apellido. Dos meses después, a otras 17. Todas en zonas linderas de La Perla, a apenas 20 kilómetros de Córdoba capital, por donde se estima que pasaron entre 2200 y 2500 secuestrados y de donde solo unos pocos sobrevivieron.
"Necesitábamos compartir esto con la comunidad, hacerlo en un lugar donde todos pudieran acercarse, necesitamos estar juntos, necesitamos compartir esto", dijo Águeda Goyochea, hija de José Luis Goyochea y Nélida Noemí Moreno, dos de los 35 restos identificados en los últimos meses.
Águeda caminaba esta tarde emocionada por Avenida de Mayo y Perú con una pequeña caja de madera en su palma, donde lleva adentro apenas "un huesito de la mano" de su madre y otro "huesito muy pequeño del pie" de su padre. No estaba sola, iba acompañada por los familiares de Rosa Cristina Godoy y Carlos Cayetano Cruspeire, que llevaban otra caja similar. Detrás, cientos de personas que levantaban carteles con rostros y nombres de otros muchos desaparecidos.
"Es un sentimiento compartido y enlazado con otros familiares, que seguramente estén haciendo su propio trabajo sobre esto. Ir por la Plaza de Mayo, que es el lugar donde todos nos juntamos para pedir, marchar. Nosotros queríamos llevarlos por ahí. Entrar todos caminando, sentirnos juntos en ese andar", agregó. Para Águeda, el hallazgo de estos restos "viene a confirmar el plan de exterminio" y a ratificar que sus padres "fueron fusilados" en aquellos años. "Si bien lo sabíamos, esto confirma aquello que reconstruimos con testimonios", sostuvo.
Visita a San Martín, una conmovedora misa y un reclamo que sigue vigente
La procesión, que marchaba con carteles con nombres de Estela Inés Oesterheld, Hugo Silvio Macchi, Rodolfo Ortega Peña, Norma Regalia, Jorge Benítez, entre muchos otros, se frenó unos segundos frente a la Catedral Metropolitana para desplegar una bandera grande que preguntaba: "¿El resto dónde está?". Adentro de la iglesia, los familiares dejaron unas flores y exhibieron los restos frente al mausoleo donde yace el general José de San Martín. "30.000 detenidos desaparecidos, presentes, ahora y siempre", gritaron.
Luego, el cortejo siguió unas cuadras hasta la parroquia Nuestra Señora de la Merced, donde los curas Alejandro Llorente y Paco Olveira recibieron a los familiares. "Sus padres, Águeda, querían una sociedad más justa y fraterna, lo que todos anhelamos. Es ese deseo el que hoy quiero recoger al altar, la intención que movió a esos jóvenes a luchar por aquello que lucharon", dijo el padre Llorente durante la conmovedora misa.
La despedida de Nélida y José Luis culminará el 1 de agosto en su Rioja natal, en un homenaje que entrelazará su historia con la de Monseñor Angelelli a medio siglo de su martirio. Sin embargo, el eco de la bandera desplegada minutos antes frente a la Catedral seguirá flotando en el aire del centro porteño y de todo el país. Esas cajas de madera devolvieron un nombre, un abrazo y una tumba a cuatro familias, pero la pregunta colectiva sigue abierta en cada paso de la marcha: ¿El resto dónde está?