La Fundación Mediterránea difundió un análisis sobre la estructura del mercado laboral argentino que expone las marcadas diferencias entre provincias. El estudio, elaborado por la economista Laura Caullo, precisó que el promedio nacional de empleo público provincial es de 50 trabajadores cada 1.000 habitantes, aunque la distribución es muy desigual.
El empleo estatal sigue siendo central en provincias del norte
Un informe del Ieral de Fundación Mediterránea reveló que Catamarca figura entre las jurisdicciones con mayor peso del empleo estatal, mientras que la Ciudad de Buenos Aires lidera en densidad de empleo privado formal.
En Catamarca, el indicador alcanza los 100 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes, duplicando el promedio nacional y ubicándose entre las jurisdicciones con mayor dependencia del Estado. La provincia integra el grupo de territorios donde el empleo público constituye un pilar central de la estructura ocupacional, junto con Tierra del Fuego (141), La Rioja (111), Neuquén (111) y Santa Cruz (109).
En contraste, las provincias con menor peso relativo del empleo estatal son Córdoba (33), Buenos Aires (38), Santa Fe (41) y Mendoza (45), todas por debajo del promedio nacional. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se ubica en un nivel intermedio, con 64 empleados públicos cada 1.000 habitantes.
Caullo explicó que “en buena parte del país, el empleo estatal continúa teniendo un peso central dentro de la estructura ocupacional provincial, especialmente en jurisdicciones con menor densidad de empleo privado formal”.
El informe se conoció en un contexto de reducción del Estado a nivel nacional. Desde la asunción del presidente Javier Milei, más de 66.000 personas dejaron de trabajar en la administración pública y en empresas estatales, incluyendo niveles municipales, provinciales y nacionales.
El contrapeso del empleo privado formal
El estudio también analizó el empleo asalariado privado registrado, donde el promedio nacional es de 144 trabajadores cada 1.000 habitantes. En este caso, las brechas provinciales resultan aún más pronunciadas.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires lidera con 519 empleados privados formales cada 1.000 habitantes, aunque el informe aclara que una parte significativa de esos trabajadores reside en el Gran Buenos Aires y se traslada diariamente a la capital, lo que infla el indicador.
Detrás se ubican Neuquén (219) y Tierra del Fuego (198), impulsadas por la actividad energética y el régimen de promoción industrial. En el extremo opuesto, Formosa registra apenas 37 empleados privados formales cada 1.000 habitantes, seguida por Santiago del Estero (52) y Chaco (64).
El informe subraya que las provincias con mayor dependencia del empleo público son, en general, las que exhiben menor densidad de empleo privado formal. “Mientras algunas provincias logran sostener altos niveles de empleo privado formal, otras dependen mucho más del empleo público”, señalaron desde Fundación Mediterránea.
Una recuperación desigual
Caullo advirtió que la recuperación económica que transita Argentina en 2026 no se traduce todavía en generación sostenida de empleo privado formal. Durante el último año, cerca de 100.000 trabajadores asalariados privados registrados perdieron su empleo, mientras crecieron modalidades laborales más frágiles, como los monotributistas (con más de 90.000 nuevos registros) y el empleo no registrado.
La reactivación, según el análisis, tiene un sesgo sectorial que limita su alcance en términos de empleo. Los sectores con mejor desempeño —energía, minería, agroindustria y exportaciones— representan apenas el 3% del empleo total y el 7% del empleo asalariado privado registrado. “Esos sectores, aunque dinámicos en inversión y exportaciones, no tienen capacidad suficiente para absorber empleo masivo”, advirtió la Fundación.
Caullo destacó que “el empleo privado formal concentra mayores niveles de productividad, estabilidad e ingresos, además de aportar al financiamiento previsional”. Sin embargo, alertó que cuando el empleo crece en segmentos de baja productividad, “la recuperación económica y social pierde solidez”.
Diferentes puntos de partida
El informe concluyó que las asimetrías provinciales reflejan distintos niveles de productividad, desarrollo empresarial, inserción exportadora y capacidad de generar empleo formal. Las jurisdicciones con estructuras productivas más diversificadas y mayor densidad de empleo privado formal “probablemente tengan mejores condiciones para captar inversiones, sostener salarios y adaptarse a una economía más competitiva y abierta”.
La estabilidad macroeconómica es señalada como condición necesaria pero no suficiente. El desafío, según Fundación Mediterránea, es que esa estabilidad “se traduzca en más empleo privado formal, mejores ingresos y un dinamismo productivo real”.