martes 2 de julio de 2024
Peligra la unidad

Diversos conflictos alteran la interna del peronismo

El espacio opositor lidia constantemente con enfrentamientos y divisiones en diferentes sectores del armado político.

El portal de noticias Infobae enumeró diversos conflictos que vienen surgiendo con poder dentro de la interna peronista, lo cuales hacen peligrar la unidad de cara al 2025. Es que durante su intervención en el debate por la Ley Bases, Máximo Kirchner, dejó un fuerte mensaje para sus compañeros partidarios y que reveló algunas fisuras: "Esta ley contiene cercenamiento de derechos laborales. La oposición deberá pensar cómo construye un 2027 para recuperar estos derechos. Los plazos y los tiempos de la democracia son claros”.

Según el artículo firmado por Joaquín Mujica Díaz, el líder de La Cámpora marcó dos líneas argumentales claras en su discurso. La primera es que la oposición en su conjunto "tiene que empezar a construir los cimientos de un nuevo armado político que sea una alternativa". La segunda tiene que ver con sacarle al kirchnerismo el sello del “club del helicóptero”, el cual fue instalado por legisladores del PRO y La Libertad Avanza.

La sanción de la ley Bases significó en la oposición el comienzo de un ciclo donde los diferentes sectores proyectarán alianzas y nuevos posicionamientos frente a Javier Milei. Con la mirada en las elecciones del 2025, la construcción de estos consensos y alianzas de Unión por la Patria y la oposición dialoguista se convertirán en bocetos preelectorales.

Pero, en este camino el peronismo tiene una tarea enorme, la de no dividirse. De que los bloques de las dos cámaras del Congreso no se partan y que el bloque de ocho gobernadores peronistas no termine desintegrado y sin fuerza. Para que esto suceda, el desafío es manejar con cierta sutileza las diferencias internas ya no solo respecto a la construcción política nueva, sino también de frente a las medidas y decisiones del gobierno nacional.

El tratamiento de la ley Bases y los acuerdos que hubo a su alrededor despertaron viejas diferencias que atormentan al peronismo desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, es que por esos años un sector importante del peronismo empezó a discutir la conducción política del kirchnerismo y el rol de la ex presidenta.

Aquello fue el punto de partida de una convivencia compleja, cargada de reproches a escondidas y abrazos a la luz del sol. La feroz interna durante el gobierno de Alberto Fernández profundizó más las diferentes miradas de la fuerza política sobre cómo construir poder, cómo gestionarlo y cómo discutir los posicionamientos estratégicos frente a la definición de leyes y políticas públicas.

La horizontalidad de la discusión y la falta de un liderazgo firme que abarque a la mayoría, generaron un espacio considerable para que emerjan pequeñas rebeliones internas. Posicionamientos distintos que el kirchnerismo no pudo alinear porque la influencia sobre el conjunto no es la misma de antes.

De esto hubo dos ejemplos concretos en cuanto a la votación en la ley Bases. En el Senado los legisladores Sandra Mendoza (Tucumán), Guillermo Andrada (Catamarca) y Carolina Moises (Jujuy) votaron a favor del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Lo mismo hicieron en la Cámara baja los diputados sanjuaninos y catamarqueños. Todos del bloque de Unión por la Patria. A los primeros algunos dirigentes K los acusaron de traidores. A los segundos los respetaron con más silencio.

“Si me critica y mi insulta La Cámpora, algo debo estar haciendo bien”, dijo Moisés, pues la jujeña es de las dirigentes que están más distantes del núcleo K en la Cámara alta. Es también de las que se plegaría a la construcción de una vertiente interna que crezca en los pasillos de Unión por la Patria, pero que se mantenga distante del kirchnerismo.

Ese es uno de los focos de tensión que tiene la vida interna del peronismo. Son cada vez más los legisladores del interior del país que se quieren desmarcar del kirchnerismo y discutir una estrategia propia. Aseguran que para adelante el peronismo debe proponer una alternativa nueva y de centro, algo "que ningún kirchnerista puede ofrecer".

Por su parte, el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, es el que hace más equilibrio en el peronismo por estos tiempos. Si no patea la puerta y rompe el bloque con la salida de sus diputados es porque aún se siente parte del proyecto político que plantea su partido. Pero desde que empezó el año recibe pases de facturas explícitos e implícitos sobre su postura colaborativa frente al gobierno de Milei.

Mantiene su postura de que hay que darle gobernabilidad al Presidente porque si le va mal a él, le va mal a todos. Pero tampoco le gustan que lo presionen o lo traten de traidor en las sombras.

Jalil se mostró en coincidencia con el senador Edgardo Kueider, uno de los que pegó el portazo el año pasado y se atrevió a romper el entonces bloque oficialista en el Senado. Cree que el peronismo no puede quedar enfrascado en la posición de oponerse, sistemáticamente, a todo. Que no es lo que quiere la gran mayoría de la sociedad y que, a la larga, terminará siendo contraproducente para la fuerza política.

Lo cual contrasta de lleno con el pensamiento que lleva adelante Axel Kicillof, que lidia con la asfixia financiera que le propicia el gobierno nacional y una interna sin final a la vista, donde sus dirigentes más cercanos le discuten poder a La Cámpora. Pues la pelea pública entre los intendentes Mayra Mendoza (Quilmes) y Jorge Ferraresi (Avellaneda), hizo retroceder varios casilleros la convivencia entre Kicillof y Máximo Kirchner. Quienes hasta ese momento solo mantenían simple tregua.

La Cámpora le apunta al mandatario bonaerense sin titubeos. Lo acusan de no frenar a los dirigentes que le responden. Entienden que es responsable de la multiplicación de los conflictos internos por acción o por omisión. Lo seguro para ellos es que no está libre de toda culpa y cargo.

Mientras la discusión interna de la provincia de Buenos Aires amenaza todo el tiempo la estabilidad política del peronismo, Kicillof se mueve sin pedir permiso construyendo un nuevo perfil. El cual tiene un puerto de llegada en el 2027.

En simultaneo, la CGT tiene su propia interna, lo que demuestra que los focos de conflictos no están solo en el Congreso y la gobernación bonaerense. Después de seis meses de gestión libertaria está más que claro que el sector de los gordos y los independientes tienen la voluntad de sentarse a negociar con el Gobierno. Un comportamiento similar al que tuvieron durante la gestión de Mauricio Macri.

Por un lado, el ala moyanista y kirchnerista hace tiempo tomó la decisión de mantener vivo una serie de reclamos al Gobierno durante todas las semanas. Son los duros y los que aparecen al frente de cada marcha.

Durante la última marcha al Senado, mientras se votaba la ley Bases, el sector dialoguista opto por no plegarse. Una muestra clara de que no hay unidad de criterio, ni de acción. Lo que demuestra que el tridente que conduce la CGT perdió representación y poder de fuego como bloque político sindical.

Lo cierto y claro es que ambos sectores quieren influir en el armado de las listas del año que viene. Los dialoguistas a través del PJ Nacional y el vínculo con los gobernadores. Los moyanistas en la vía que lleva a la lapicera de Cristina y Máximo Kirchner.

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