Según el último Informe de Coyuntura Económica y Social del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), en Córdoba durante septiembre y octubre se relevaron 263 cierres de establecimientos comerciales en los principales conglomerados urbanos y corredores turísticos de la provincia, lo que equivale a un promedio de cuatro locales por día. El dato se conoció en paralelo a la difusión de la inflación de octubre, que se ubicó en el 1,83%, por debajo del 2,08% de septiembre, pero que convive con un deterioro persistente en la actividad económica real.
Córdoba: cerraron 263 comercios en dos meses y el promedio ya llega a cuatro locales por día
Las ventas minoristas de alimentos acumulan once meses de caída interanual y el 18% de los comerciantes admite que no podrá sostener su negocio más de seis meses.
El impacto sobre el consumo es contundente. El volumen de ventas del comercio minorista de alimentos registró una caída del 8,7% interanual en octubre y acumula once meses consecutivos de contracción. Las ventas minoristas generales cayeron un 19% interanual según la Cámara de Comercio de Córdoba, mientras que la rentabilidad retrocedió un 21%. Los comerciantes describen un círculo vicioso: menos ventas, menores ingresos reales, dificultades para reponer mercadería y márgenes cada vez más ajustados, un efecto que golpea con especial dureza al comercio de proximidad.
Las perspectivas para el sector son igualmente sombrías. El informe del IETSE revela que el 6,5% de los comerciantes considera que podrá sostener su actividad por menos de tres meses, mientras que el 11,5% estima que tendrá margen para continuar entre tres y seis meses más. En el mismo sentido, el Centro de Almaceneros de Córdoba confirmó el cierre de 82 pequeños comercios barriales en septiembre ante un desplome de ventas del 11,3%. La situación afecta incluso a negocios con décadas de trayectoria, que se ven obligados a bajar sus persianas ante la imposibilidad de afrontar los costos fijos.
El trasfondo de esta crisis es la fragilidad financiera de los hogares cordobeses. El 88,5% de las familias recurrió a alguna forma de financiación para comprar alimentos en los últimos 30 días, el 38,2% lo hizo al fiado, el 36,3% con tarjeta de crédito y el 14% con dinero prestado, y el 61,7% no podría sostener sus gastos más de una semana si perdiera sus ingresos. Como advierte el IETSE, «una parte sustancial de las familias ya no puede resolver sus necesidades alimentarias con los ingresos mensuales», lo que se traduce en una contracción del consumo que ahoga a los comercios y retroalimenta la crisis.
La paradoja es evidente: la inflación se desacelera y se instala en torno al 2% mensual, pero el problema de fondo persiste. El propio informe advierte que «aumentos cercanos al 2% todos los meses implican una pérdida persistente de capacidad adquisitiva, sobre todo para los ingresos que no se actualizan con la misma intensidad». Para los 263 comerciantes que cerraron sus puertas en apenas dos meses, la estabilidad de precios no alcanzó para compensar la caída de las ventas. El cierre de locales no es un dato aislado, sino la expresión de un modelo que, mientras celebra la desaceleración inflacionaria, deja un tendal de persianas bajas y familias endeudadas en el corazón productivo de Córdoba.
