martes 26 de mayo de 2026
Preocupación por el empleo industrial

Cerró una histórica fabricante de electrodomésticos en medio de la caída del consumo

Aires del Sur, fabricante de aires acondicionados bajo las marcas Electra y Fedders, había frenado su producción en Río Grande a comienzos de año.

Durante años, Aires del Sur fue uno de los casos que la industria electrónica de Tierra del Fuego mostraba como ejemplo de expansión local. Desde su planta de Río Grande fabricaba aires acondicionados, ventiladores y equipos de climatización que llegaban a cadenas de retail y distribuidores de todo el país bajo las marcas Electra y Fedders. Hoy, esa historia terminó en quiebra.

La caída de la compañía, oficializada tras la resolución del Juzgado Civil y Comercial N°1 del Distrito Judicial Norte de Tierra del Fuego, no aparece solamente como el fracaso aislado de una empresa. El expediente deja al descubierto los problemas que atraviesan a buena parte del entramado industrial fueguino: costos financieros imposibles de sostener, consumo deprimido, dependencia de insumos importados y un escenario de mayor apertura comercial que cambió las reglas de juego para el sector.

En febrero, la propia firma pidió su quiebra al admitir un cuadro de “cesación de pagos irreversible”. Para entonces, la planta ya estaba paralizada, había salarios adeudados y más de 140 trabajadores enfrentaban la pérdida de sus puestos. Detrás del colapso aparece también un dato que empieza a repetirse en distintos balances industriales: producir localmente dejó de cerrar económicamente para varias compañías del rubro.

Según detalló la administración que tomó el control de la empresa a fines de 2025, el esquema operativo de Aires del Sur dependía de una lógica financiera cada vez más difícil de sostener. La compañía vendía equipos anticipadamente, descontaba cheques para conseguir liquidez y utilizaba esos fondos para importar componentes necesarios para la producción.

El problema fue que el costo financiero empezó a devorar completamente el negocio. Mientras las tasas locales rondaban entre 25% y 30%, los márgenes operativos de la empresa quedaban muy por debajo. El resultado fue una estructura que acumuló pérdidas, endeudamiento y falta de capital de trabajo.

La situación refleja uno de los principales dilemas que enfrenta actualmente la industria argentina: muchas compañías quedaron atrapadas entre costos locales elevados y una competencia importada cada vez más agresiva.

De fabricar en la isla a competir con productos importados

El derrumbe de Aires del Sur coincide con una transformación más amplia dentro del sector de electrónica y línea blanca. Varias empresas comenzaron en los últimos meses a reducir producción local, reemplazar fabricación por ensamblado o directamente avanzar hacia esquemas de importación terminada. Peabody, es quizá uno de los casos más emblemáticos del último año, la empresa no solo solicitó la apertura del concurso de acreedores sino que también dejó de producir en el país para volverse 100% importador.

En ese contexto, el intento de rescate de ADS terminó chocando contra la urgencia financiera de la compañía. La firma negoció durante meses con el grupo chino Chigo, uno de los grandes fabricantes mundiales de aire acondicionado, para conseguir una capitalización cercana a u$s5 millones y ceder parte del paquete accionario.

La apuesta incluía reemplazar el financiamiento local por crédito de proveedores chinos y reactivar la planta fueguina mediante el envío de kits para ensamblaje. Pero las conversaciones se dilataron y nunca llegaron a concretarse.

Con la caja agotada, la empresa intentó una última salida: pidió autorización judicial para terminar de ensamblar unos 4.000 kits importados que ya habían ingresado al país. La intención era usar esos ingresos para cubrir salarios atrasados, indemnizaciones y parte de las deudas con proveedores. La Justicia rechazó el esquema y terminó cerrando la última alternativa de continuidad operativa.

El modelo fueguino vuelve al centro del debate

La quiebra de Aires del Sur reabre además la discusión sobre el futuro del régimen industrial fueguino, un esquema que desde hace décadas sostiene con beneficios fiscales la producción electrónica y de línea blanca en la isla.

En los últimos meses, distintos informes económicos comenzaron a cuestionar nuevamente el costo fiscal del sistema y su nivel de dependencia de la protección arancelaria. La presión se profundizó además luego de las medidas de flexibilización comercial impulsadas por el Gobierno nacional y la reducción de barreras para algunos productos importados.

Mientras tanto, en el expediente de ADS ya comenzó formalmente el proceso de liquidación. Entre los activos quedaron la planta industrial montada sobre un predio de 15.000 metros cuadrados en Río Grande y los kits de producción almacenados en Buenos Aires.

La historia de Aires del Sur termina así convertida en algo más que una quiebra empresarial. Para el sector, funciona también como señal de un cambio de época: una industria que durante años creció bajo protección estatal ahora enfrenta un escenario donde producir localmente vuelve a estar en discusión.

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