Radiografía de un derrumbe histórico

A nivel del 2001 y la pandemia: la economía de Milei sufre una de las peores caídas en 30 años

Un informe del Banco Provincia advierte que la actividad económica acumula un fuerte retroceso y ubica el desplome actual a la par de las mayores crisis de la historia argentina.

29 de octubre de 2026 - 09:01

La economía de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados y los números empiezan a recordar a las grandes crisis argentinas. Un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia reveló que la actividad acumuló una caída del 3,9% entre diciembre de 2025 y agosto de 2026, una de las cuatro peores evoluciones para los primeros ocho meses del año desde 1993. El deterioro solamente encuentra antecedentes más profundos en 1995, durante la crisis del Tequila; en 2001, antes del colapso de la convertibilidad; y en 2020, cuando la pandemia paralizó buena parte de la producción.

La comparación histórica resulta particularmente incómoda para el Gobierno porque, a diferencia de aquellos episodios, la economía argentina no enfrenta actualmente una crisis bancaria generalizada, una ruptura del régimen monetario ni restricciones sanitarias extraordinarias. Sin embargo, la combinación de consumo deprimido, pérdida de dinamismo industrial, crédito restringido y debilidad de la inversión terminó configurando un escenario de contracción que coloca a 2026 entre los peores registros de las últimas tres décadas.

El informe muestra que la caída de julio, cuando la actividad retrocedió 2,8% mensual, prácticamente no encontró compensación en agosto, que apenas registró una mejora del 0,1%. El resultado dejó a la economía 3,9% por debajo del nivel de diciembre pasado. La comparación con las grandes crisis es contundente: en los primeros ocho meses de 1995 la actividad había caído 6,9%; en 2001, 7,4%; y durante la pandemia de 2020, 8%.

Pero el problema no se limita a la magnitud del retroceso. El Banco Provincia advierte que tampoco existen señales claras de una recuperación inmediata. En las crisis anteriores, con excepción de 2001, la actividad consiguió recuperar parte del terreno perdido durante los últimos meses del año. En 1995, por ejemplo, la economía avanzó 1,6% entre agosto y diciembre, mientras que en 2020 rebotó 6,4% durante ese período. Para 2026, ese comportamiento está lejos de estar asegurado.

El dato más preocupante aparece cuando se observa el desempeño sectorial. De las 16 ramas que componen la actividad económica, solamente tres consiguieron ubicarse por encima de los niveles de diciembre de 2025: minería y canteras, con un crecimiento del 7,6%; hoteles y restaurantes, con una mejora del 1,7%; y servicios sociales y de salud, que avanzaron apenas 0,7%. En conjunto, estos sectores representan menos del 10% de la economía.

El resto del aparato productivo, equivalente al 90% de la actividad y al 88% del empleo asalariado privado registrado, continúa por debajo del cierre del año pasado. La industria manufacturera acumula una contracción del 3,2%, la construcción retrocede 4% y el comercio pierde 4,8%. No se trata de actividades marginales: entre las tres explican el 35% del producto y concentran el 45% del empleo privado formal. Su deterioro afecta directamente la capacidad de recuperación del consumo y limita las posibilidades de generar nuevos puestos de trabajo.

La contracara es el crecimiento de las actividades extractivas. La minería avanzó 6% durante el año, impulsada por una producción petrolera que aumentó más de 15% interanual. Sin embargo, la expansión de Vaca Muerta no alcanza para compensar la caída de las actividades que generan mayor cantidad de empleos y tienen una relación más estrecha con el mercado interno. El resultado es una economía cada vez más desigual entre sectores dinámicos orientados a la exportación y actividades tradicionales que continúan perdiendo terreno.

El panorama se vuelve todavía más complejo al analizar las proyecciones para el cierre de 2026. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central redujo sus estimaciones de crecimiento del 3% en junio al 1,5% en septiembre. Pero el Banco Provincia sostiene que incluso esa previsión resulta difícil de alcanzar: para cumplirla, la actividad debería expandirse 2% mensual entre septiembre y diciembre, lo que implicaría un salto acumulado del 8,2% en apenas cuatro meses.

Por eso, los economistas de la entidad no descartan que el año termine directamente con una caída del producto. Para evitar una contracción en el promedio anual, la economía necesitaría crecer al menos 0,2% mensual durante el último cuatrimestre. Es una exigencia bastante menor que la necesaria para alcanzar las proyecciones privadas, pero tampoco está garantizada frente a la debilidad que muestran los principales indicadores.

Los primeros datos de septiembre tampoco ofrecen demasiado alivio. Las ventas minoristas relevadas por CAME retrocedieron 1,2% y acumularon cuatro meses consecutivos de caídas, con una pérdida superior al 7% desde junio. La producción automotriz disminuyó 3,6%, la de acero crudo bajó 4% y el Índice Construya retrocedió 0,6%. Aunque la producción metalúrgica mejoró 2,6% y el consumo de cemento registró un incremento cercano al 10%, el balance general no permite identificar todavía un rebote sostenido.

A esto se suma el deterioro del financiamiento. Entre julio y septiembre, el crédito en pesos cayó 0,5% en términos reales, arrastrado principalmente por los préstamos a las familias, que se contrajeron 2%. El financiamiento a las empresas permaneció estancado, mientras que los créditos hipotecarios avanzaron 2%. La combinación de tasas elevadas, dificultades para acceder al crédito y una demanda interna debilitada restringe las posibilidades de que el consumo vuelva a funcionar como motor de la actividad.

Las expectativas empresariales tampoco ayudan. Según la Encuesta de Tendencias de Negocios del INDEC, uno de cada cinco industriales espera reducir su producción durante el último trimestre. Además, el 20% considera que mantiene existencias superiores a las necesarias, una señal de las dificultades para colocar mercadería en un mercado interno que no consigue recuperarse.

El deterioro económico comienza a cruzarse con el calendario político. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella apenas mejoró 0,9% en octubre, después de haber sufrido una caída del 5,9% en septiembre. El indicador acumula un retroceso del 20,7% durante 2026 y se encuentra 7% por debajo del nivel registrado un año atrás. La recuperación económica aparece así como uno de los principales desafíos para Milei de cara a las elecciones presidenciales de 2027.

El diagnóstico del Banco Provincia expone una contradicción central del programa económico: mientras el Gobierno presenta la expansión energética y minera como prueba del éxito de su estrategia, las actividades que sostienen buena parte del empleo y del consumo permanecen en retroceso. Con el 90% de la economía por debajo de diciembre, el riesgo ya no es solamente que la recuperación tarde más de lo esperado, sino que 2026 termine sin crecimiento y que Milei ingrese al año electoral con una economía estancada.

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