miércoles 22 de julio de 2026
debido a la "pérdida de fuentes de trabajo"

La UCA estima más de 45% de pobreza

Por Redacción El Ancasti

Las medidas de aislamiento social dispuestas para frenar el avance del coronavirus (COVID-19) impactaron sobre los ingresos de los sectores de bajos recursos y eso hizo que el nivel de pobreza trepara hasta el 45% en los últimos meses. Esto lo dijo el director del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, quien explicó: “La caída de los ingresos laborales de los sectores informales de clase media baja duplicó el déficit de la canasta básica”.

“Teníamos 8% antes de la pandemia y hoy tenemos 16%” de hogares del área metropolitana de Buenos Aires “que no cubren la canasta básica”, detalló.

Más adelante, consideró de “gran impacto” la incidencia de la pandemia sobre la economía y dijo que esta situación “desnudó los problemas estructurales que tiene la sociedad argentina en cuanto a dificultades para generar una rápida recuperación”.

En lo que respecta al índice de pobreza, Salvia explicó que las últimas proyecciones que se realizaron en la segunda quincena de abril “dieron como resultado estimado un nivel de pobreza del 45%”.

En este contexto, explicó que hay dos tendencias para medir el deterioro económico. Una en el interior, en las localidades donde hubo reapertura económica. Y otra, como en el área metropolitana, donde no la hubo y en la que seguramente se ha incrementado la pobreza”, agregó.

“La crisis ha golpeado a los sectores informales pobres, los cuales han tenido un piso de protección social a través de los programas de transferencia de ingresos, pero están perdiendo sus fuentes de trabajo por la reducción de la demanda”, indicó.
“Estructuralmente es de esperar que de esta crisis se salga lentamente de aquellas actividades que el sector informal tenía como más habitual”, dijo.

Salvia remarcó que el trabajo informal en el mediano plazo será “escaso” y que, desde el punto de vista estructural, eso significará “una profundización de la pobreza, no solo por ingresos, sino en cuanto a capacidades de consumo e inversión en el propio desarrollo humano personal, familiar o comunitario”.

“La pobreza estructural no solo se visualiza en los asentamientos precarios, también va afectando a las áreas urbanas, porque se va perdiendo la fuente de trabajo y se empieza a desinvertir en la alimentación, en educación, en la vivienda, y esto fomenta un proceso de empobrecimiento estructural y de mayores desigualdades sociales”, concluyó.

Finalmente, destacó que "también se está golpeando a la pequeña y mediana empresa, al pequeño emprendedor, al autónomo, que no era pobre y aspiraba a progresar. Estas empresas están fuertemente golpeados. De ellos va a surgir una nueva capa de pobres", indicó.

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