Pese a la importancia del distanciamiento social y el aislamiento para obstaculizar la circulación del coronavirus, y a las insistentes recomendaciones oficiales para que la gente permanezca en sus hogares y salga solo lo indispensable, ayer la concurrencia al centro capitalino fue apenas levemente inferior a la habitual.
La gente todavía no asume la gravedad de la amenaza
En la Peatonal Rivadavia, la plaza principal y los locales adyacentes fue ostensible la presencia de personas paseando y aprovechando el receso administrativo decretado por el Gobierno con la advertencia de que no se trata de vacaciones.
La Policía, mientras tanto, tuvo que redoblar esfuerzos para despejar plazas y paseos, e incluso intimó a bares y restaurantes en los que la cantidad de gente superaba los límites de la prudencia para que cerraran.
Ante algunas quejas, se permitió que permanecieran abiertos con límites de clientela y solo hasta la medianoche.
Un hotel céntrico fue también clausurado luego de que se detectara una turista con neumonía, hasta que se le realicen los estudios necesarios para determinar si tiene el virus letal.
Las restricciones impuestas por el Gobierno local, en sintonía con las asumidas por la Casa Rosada, tendrán un fuerte impacto en las actividades turística, gastronómica y vinculadas al esparcimiento en general.
Más allá de la grave imprudencia que implica la violación de las vedas impuestas, y de los riesgos que suponen para la salud pública, los cuentapropistas comenzaron a hacer notar, sobre todo a través de las redes sociales, la inequidad respecto de los agentes de la administración pública, que tienen la integridad de sus salarios asegurada no obstante el receso administrativo.
Los ingresos de cuentapropistas, la gente que vive de changas y de ventas ambulantes, en cambio, están atados directamente con la actividad del día, y todavía no están claras las medidas que tomará el Gobierno para atenuar este impacto negativo. Los cuentapropistas advierten también que de sus actividades depende el pago de sueldos y que no podrán soportar indefinidamente la merma de actividades sin despidos, paso previo al cierre.
Sin embargo, la gente que circulaba ayer por el centro no está condicionada por estos factores. Más bien parecía aprovechar el tiempo libre que les deja el receso y la restricción de actividades en la administración pública, en lugar de permanecer en sus hogares para contribuir a la pelea contra la pandemia.
Ayer, el coronavirus sumó su tercer muerto en el país. n