En medio de la dramática escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán tras la muerte del poderoso general iraní Qassem Soleimani por un operativo norteamericano, tres proyectiles impactaron ayer a la tarde en dos ataques casi simultáneos en la protegida Zona Verde de Bagdad, un área ultraprotegida que alberga a las principales instituciones y sedes diplomáticas de la capital iraquí, y en una base aérea al norte del país, que aloja soldados estadounidenses.
“Varios cohetes explotaron en el centro de Bagdad, en la zona residencial de Al-Yadiriya y en la base militar de Balad, al norte de la capital. De momento no hay víctimas”, informaron las fuerzas de seguridad iraquíes en un comunicado.
Sin embargo, el comandante de la base de Balad, Sahi Abd al-Amri, informó de tres militares resultaron heridos en el ataque. Al-Amri explicó que tres proyectiles de mortero -de tipo Katiusha, un modelo de artillería construido por los soviéticos en la Segunda Guerra Mundial- cayeron en la zona, uno en la pista del aeródromo y dos fuera de la valla de protección: “Aeronaves militares sobrevolaron las inmediaciones de la base y nos ocuparemos de los lugares desde los que se lanzaron los proyectiles”, añadió. La base aérea de Balad es una de las más importantes de Irak y allí están desplegadas tropas y aviones de la coalición internacional antijihadista liderada por Washington.
Tras las detonaciones, sonaron las sirenas de emergencia y drones estadounidenses sobrevolaron la instalación militar para proteger el área.
El funeral
Al grito de “Muerte a Estados Unidos” y otras consignas contra Washington, miles de personas participaron ayer en Bagdad del cortejo fúnebre del general iraní Qasem Soleimani, muerto el viernes en esa ciudad en un ataque ordenado por Donald Trump. Poco antes, un nuevo ataque se había registrado en el norte de Bagdad contra un convoy de Hashd Al-Shaabi (Fuerzas de Movilización Popular), una coalición paramilitar proiraní que forma parte de las fuerzas de seguridad de Irak, indicó una fuente policial. “Hubo muertos y heridos”, dijo, acusando a Estados Unidos, que hasta el momento no había reaccionado.
El general Qasem Soleimani, jefe del grupo élite iraní Fuerza Quds y artífice de la estrategia de seguridad de la República Islámica en el extranjero y Abu Mehdi Al Muhandis, número dos de Hashd Al Shaabi y considerado el hombre de Irán en Bagdad, murió el viernes por la madrugada en un ataque con drone perpetrado en las inmediaciones del aeropuerto de la capital iraquí que ha elevado las tensiones en la región.
Los asistentes al funeral, en su mayoría hombres con uniforme militar negro, portaban banderas de Irak y de las milicias respaldadas por Teherán, que eran extremadamente leales a Soleimani.
La marcha comenzó en el templo del imán Kadhim en Bagdad, uno de los sitios más importantes del islamismo chiita. La multitudinaria comitiva recorrió las calles junto a los vehículos de la milicia en una solemne procesión.
Los participantes, muchos de ellos llorando, cantaron “No, no, Estados Unidos’” y “ ¡Muerte a Estados Unidos! ¡Muerte a Israel!’’. Dos helicópteros controlaban la procesión, a la que asistieron el primer ministro de Irak, Adel Abdul-Mahdi, así como Hadi Al Ameri, jefe de las fuerzas proiraníes en el parlamento iraquí, el ex primer ministro Nuri Al Maliki y varios jefes de facciones chiitas proiraníes.
Los cuerpos de las diez víctimas del operativo estadounidense serán trasladados desde Kazimiya a la llamada Zona Verde, un barrio bajo estrictas medidas de seguridad y sede de las instituciones del gobierno y de varias embajadas, entre ellas, la de Estados Unidos, que había sufrido un ataque de partidarios del Hashd.
Tras el funeral, los cuerpos serán trasladados a Kerbala y Nayaf, dos ciudades santas chiitas al sur de la capital. Al Mouhandis será enterrado en Irak y el cuerpo de Soleimani trasladado a Irán, donde recibirá sepultura el martes en su ciudad natal de Kerman (centro).
Los analistas temen ahora un conflicto entre Irán y Estados Unidos en suelo iraquí. El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró sin embargo haber eliminado a Soleimani para “detener” una guerra y no para empezar otra y aseguró que este planeaba un ataque “inminente” contra intereses estadounidenses, aunque no ofreció evidencias. Washington envió 3.000 soldados de refuerzo a la región.