En el marco de la conciliación obligatoria entre la cadena de supermercados Emilio Luque y sus empleados, el dueño de la empresa admitió que pensó que iba a poder superar la crisis. “Creíamos que era una crisis pasajera, que no iba a ser tan larga; nos quedó una infraestructura muy grande de 1.200 empleados; si hubiésemos evaluado una caída del consumo de más del 35%, tendríamos que haber despedido entonces a unos 300 empleados. No se despidió a ninguno y se pensó en abrir nuevas bocas comerciales y reubicarlos. Pero nos atrapó la crisis, como a todos”, señaló.
En el marco de la conciliación, le pidió a los empleados que dejen abrir los locales para poder vender la mercadería y así pueda ingresar dinero a la firma para pagar los salarios atrasados. “No tenemos más posibilidades de conseguir dinero si no se abren los locales y hay ventas”, recalcó el empresario a la prensa luego de terminar la audiencia.
“El mal será más grande si se cierran los locales y la gente se queda sin trabajo”, dijo.
“Entiendo la necesidad, la ansiedad y el derecho de los trabajadores que no tienen dinero, pero no se compra un negocio de un día para el otro sin conocer la situación en que está. Y con negocios cerrados se dificulta mucho más”, añadió.
Finalmente, reiteró que se encuentra en tratativas con empresas para vender los súper “priorizando la fuente laboral”.